Lo que me enseñó Tim Keller

Después de la conferencia nos pasamos casi inmediatamente al aeropuerto. Teníamos hambre. Mi esposa y yo pedimos una hamburguesa y nos sentamos a devorárnosla antes del vuelo.

Hablamos un poco de la conferencia. Aunque por motivos de trabajo no habíamos escuchado todas las plenarias, pudimos escuchar la primera y la última.

La última, por Tim Keller. Sobre Gálatas 6. Sobre gloriarse en nada excepto en la cruz.

El mensaje había sido de profundo impacto. Justo lo que necesitaba.

Le di una mordida a mi hamburguesa. Entonces vi a Tim Keller, caminando en el aeropuerto.

“¿Es Tim Keller?”, le pregunté a mi esposa.

“¡Parece que sí!”.

En la mochila llevábamos dos libros de él, uno regalado y otro comprado. Inmediatamente pensé en pedirle una firma, pero me ganó la pena. Soy introvertido y no lo puedo evitar. Como siempre, fue mi ayuda idónea la que me convenció de ir, aunque ella fue primero.

No recuerdo exactamente qué le dije, pero mientras mi esposa corría a buscar una pluma, le pregunté si podía tomarme una foto con él.

La respuesta me sorprendió un poco. Digamos que no me lo esperaba.

Con mucha amabilidad me dijo: “Una foto… no. Déjame te digo por qué. Si nos tomamos una foto, pronto habrá una fila de personas que quieren tomarse fotos conmigo, y no soy una estrella de cine. Soy un pastor. Un ministro. ¿Qué te parece si en lugar de eso, platicamos?”.

Con las cejas arqueadas, balbuceé que sí, que claro, que me encantaría.

Y entonces platicamos un poco, mi esposa y yo, mientras nos firmaba los libros. No por mucho tiempo, porque de todas maneras se formó la fila. Así que le dimos las gracias por ser tan amable (¡muy amable!), y nos retiramos.

Y desde entonces no puedo olvidar su respuesta.

No soy una estrella de cine. Soy un pastor. Un ministro.

Este hombre es uno de mis predicadores favoritos. Sus libros me encantan. Ha sido de gran influencia a miles. Pero no tenía el más remoto interés de ser famoso.

¿Y nosotros?

¿Y yo?