Lo que el universo anuncia.



El cielo lo proclama
En la luna, en las estrellas,
En planetas que adornan
Las galaxias tan inmensas.

Es un grito en el relámpago,
Un murmullo en el riachuelo,
Inaudible es en la hoja
Que flotando cae al suelo.

La hormiga lo anuncia
De manera silenciosa,
Ateniéndose a su fila
En su marcha rigurosa.

Su heraldo es la araña,
Que desciende cual princesa
Sobre finos cordoncillos
Que atraparon a su presa.

Es el león que lo divulga
Con bostezo majestuoso,
Descansando en la sabana,
Observando sigiloso.

Se distingue en la escultura
Del artista apasionado,
Que tras dos mil martillazos
Finalmente ha terminado.

Es la música que brota
Del razguear de la guitarra,
Que se entona, aquella noche,
Acompañada de chicharras.

Está en el clak desordenado
Que produce el escritor
En su máquina; entregado
Por completo a su labor.

Se encuentra en todas partes,
Es visible—es palpable—
Imposible es de evadir,
Es audible—es gustable.

Lo que el universo anuncia,
Lo que grita en su esplendor,
Lo que no puede callar...
¡Es la gloria del SEÑOR!

Una gloria tan inmensa,
En el mundo incontenible.
Y por más que se ha intentado,
Sigue siendo indescriptible.

Oh, Señor, ahora te pido
Que me ayudes a dejar,
Todo aquello que esa gloria
No me deje reflejar.



Emanuel Elizondo. 
Derechos reservados 2016.

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