El día de los vivos.


“[El mexicano] contempla [a la muerte] cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: ‘si me han de matar mañana, que me maten de una vez’. La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. El mexicano no solamente postula la intrascendencia del morir, sino la de vivir” –Octavio Paz, El laberinto de la soledad.[i]

El humor distingue a los latinoamericanos—los mexicanos no somos la excepción. Tenemos un humor bastante distintivo, y algo que nos caracteriza es que nos burlamos de lo que nos da miedo. El día de los muertos es un ejemplo de ello. Se celebra con máscaras coloridas, bailes, dulces, y calaveras.[ii] La realidad es que—a diferencia de lo que opina el gran Octavio Paz—, a  los mexicanos, como a todos, nos da miedo morir. Algunas culturas celebran la muerte, otras la evaden, otras la reverencían. El mexicano la convierte en una fiesta. Es su forma de evadirla, porque ¿cómo tenerle miedo a algo que nos da risa?

Los cristianos más que nadie debemos tener una doctrina fuerte y bien fundamentada de lo que es la muerte. La Biblia está llena de muertes, y que no se nos olvide que nuestro mismo señor Jesucristo murió en una cruz (para vencer la muerte, por cierto).[iii]

Sin embargo, nuestra forma de ver la muerte (y por lo tanto, la vida) es radicalmente diferente al mundo en que vivimos. El cristiano no toma la muerte a la ligera. Sabe que es una realidad. Sabe que es el producto del pecado, y que aquellos que mueren sin Cristo pasarán toda la eternidad en el infierno. Eso no da risa. Así que no se ríe de ella, ni le da miedo. El cristiano dice, “para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

“Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”, declara Jesucristo. La muerte no es un ataud, es una puerta. La muerte queda derrotada en la Cruz de Jesucristo, de manera que estar ausente en el cuerpo es estar presente con el Señor (2Cor. 5:8).

Hace dos mil años la muerte intentó derrotar a Jesús. Pero así como hoy no vamos a las tumbas de nuestros ancestros a llevarles comida que no pueden saborear, tampoco vamos a visitar la tumba de Jesucristo para dejarle alguna ofrenda por su alma. La leyenda sobre la tumba de Jesús es la siguiente: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo”.

No celebramos la muerte por una simple razón: Para nosotros, la muerte no es morir.

La Muerte no es Morir.
La muerte no es morir,
Dejar lo terrenal,
Y con los santos yo vivir,
En vida celestial.
La muerte no es cerrar,
Los ojos que al llorar,
Han sido abiertos, al final,
En gozo celestial.

La muerte no es quitar,
El polvo que es mi ser,
Para con alas yo volar,
Y a los justos ver.
No es muerte el oír,
La llave que al girar,
Nos abre puerta, a salir,
A tu nombre a alabar.

Oh Cristo, tú puedes conquistar,
Tu sangre, nos puede salvar,
Yo quiero en ti confiar,
Y poder descubrir,
Que la muerte no es morir.

Letra original por Henri Malan (1787-1864), traducido al inglés por George Bethune (1847), música, coro, y palabras alternativas por Bob Kauflin, traducido al español por Emanuel Elizondo.







[i] Octavio Paz, El laberinto de la soledad (Penguin Books: 1997), p. 79.
[ii] Las “Calaveras” son una tradición mexicana en donde se cuenta la historia de la Muerte en forma de balada (rima), específicamente de cómo ella va matando a personas. Aunque suena un poco morboso, son bastante divertidas.
[iii] “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1Cor. 15:55.

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