Con los Ojos en Cristo

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:2.

De chico me encantaba competir en carreras de cien metros planos. En mi escuela había una competencia anual, y mi meta era siempre el primer lugar. Tomaba la carrera bastante en serio. Unos días antes, papá y yo salíamos a algún parque a practicar la carrera. Inclusive algunas veces papá trajo a alguien para que me diera recomendaciones de cómo correr mejor.

Cuando llegaba el día, papá me decía: “Voy a estar al final, en la meta. Hagas lo que hagas, no mires a los lados o atrás. Sólo mírame a mí”. Las carreras se ganan o pierden por segundos, así que mirar atrás es uno de los peores errores que un competidor puede hacer.

Cuando sonaba el silbatazo, el sonido de las porras y los gritos desaparecían, y lo único que veía era a papá en la meta, agitando las manos animándome a correr más fuerte.

En la carrera de la vida, uno no puede mirar atrás. Cristo dijo, “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). Es verdad que hay dificultades en la carrera de la vida, pero la clave es esta: fijar los ojos en Cristo.

En Él encontramos la fuerza para seguir avanzando. En su gracia encontramos las ganas para dar un paso más. En su victoria encontramos la nuestra, y en su muerte nuestra vida.

¡Mire a Cristo! El mundo le insta a mirar atrás, para que se desanime con los que han fracasado. O mirar a un lado, para distraerlo con lo que otros piensan o dicen. Pero Cristo está al final de la meta, animándole a seguir.

El que mira atrás pierde. Ponga sus ojos en Jesús.

No hay comentarios: