Excusas

“Y Jehová le respondió [a Moisés]: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” Éxodo 4:11.

Somos expertos en encontrar excusas. Desde el niño que le dice a la maestra que su mascota se comió la tarea hasta el ejecutivo que le echa la culpa al tráfico por su tardanza, todos nosotros hemos inventado excusas para librarnos ya sea de una responsabilidad o una consecuencia.

En los primeros capítulos de Éxodo, Dios le pide a Moisés que regrese a Egipto—al lugar de donde salió huyendo debido a un asesinato que él había cometido—con el propósito de liberar al pueblo de Israel.

Moisés rápidamente se excusa de una manera muy franca. Por ejemplo, le dice a Dios, “He aquí no me creerán” (Éxodo 4:1), a lo cual Dios responde dándole milagros que probaban que Jehová se le había aparecido.

Pero Moisés se excusa de nuevo diciendo que era “tardo en el habla y torpe de lengua” (Éxodo 4:10). No sabemos con seguridad si esto se refiere a algún impedimento físico o más bien a una inseguridad y falta de elocuencia. La excusa que pone Moisés es absurda, y es por eso que Dios le responde de una manera tan fuerte en el próximo versículo.

El problema es que nosotros muchas veces olvidamos este principio: Dios siempre nos equipa para la labor que nos encarga. 

Dios nunca te va a encargar hacer algo sin que Él mismo te provea lo necesario para que lleves a cabo Su tarea. Dios pide ciertas cosas de ti. Por ejemplo, Él pide que lleves una vida santa, que compartas el Evangelio con otros, que asistas a la reunión de la iglesia, además de cosas que Él específicamente quiere de ti.

Olvida las excusas. Tómate de la gracia de Cristo, pide Su ayuda y fuerza, y haz lo que Dios te pide.

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