La Sal de la Tierra

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13.

La palabra “salario” viene del Latín salarium, y antiguamente estaba asociada con dinero pagado en sal, o dinero para comprar sal. Plinio el Viejo, un autor y filósofo Romano que murió en el 79 d.C., escribió que “En Roma […] el pago de un soldado era originalmente en sal y la palabra salario se deriva de ello”. Interesantemente, una de las calles más antiguas e importantes de Roma era la via salaria que corría por 242 km y se usaba para transportar sal a diferentes partes de Italia.

La sal era importantísima en los tiempos antiguos, y sin duda alguna hasta el día de hoy lo es. No hay casa que no tenga sal, y en muchos restaurantes uno encuentra saleros.

Jesús dice que nosotros—los que hemos creído en Él—somos la sal de la tierra. Nosotros, por así decirlo, traemos el sabor a la tierra a través de la comunicación del Evangelio. El problema es que hay Cristianos que han perdido el “sabor” que trae la vida en Cristo. “Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?” (Nueva Versión Internacional).

Es importante cuidarnos, ya que es fácil perder la sal que Dios quiere que tengamos. Cristo dijo, “Tened sal en vosotros mismos” (Marcos 9:50). Es sencillo perder la sal en nosotros mismos, sólo se necesita vivir una vida que escucha a nuestra naturaleza pecaminosa en lugar de escuchar al Espíritu.

El mundo, gracias al pecado y Satanás, es un mundo insípido. Es por eso que necesita la sal. Es por eso que nos necesita, ya que nosotros podemos transmitir el Evangelio de Jesucristo.

La Exaltación del Humilde

“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” Lucas 14:11.

En 1957 ocurrió una historia impactante. La Little League World Series—la liga para pequeños del beisbol estadounidense—incluyó por primera vez a un equipo que no fuera de los EUA o Canadá. El equipo extranjero fue el de Monterrey, México, apodados “Los Pequeños Gigantes”. Liderados por el Ángel Macías, un pitcher ambidiestro, el equipo ganó el campeonato en parte gracias a un juego perfecto pichado por Ángel, y es hasta hoy el único juego perfecto en la historia del Little League.

¿A quién no le gustan las historias en donde los ganadores son los menos favoritos? Estamos acostumbrados a escuchar que los grandes equipos ganan, pero cuando gana un equipo que nadie pensaba, todos se maravillan.

En el Reino de Dios las cosas no son como pensamos. Cristo no está interesado en tener en su Reino gente que piensa que merece estar allí. 

Igualmente, Pablo escribió en 1 Corintios 1:26-29 “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

En el Reino de Dios, los que creen merecer estar allí no lo estarán. Esos son los enaltecidos que serán humillados. ¿Quienes son los que se humillan? Son los que están dispuestos a humildemente reconocer su pecado delante de Dios, y rogar por su misericordia y perdón (mira la parábola del Fariseo y el Publicano en Lucas 18:10-14). Son aquellos que reconocen que la salvación está en alguien más, en Cristo, y no en ellos mismos. Los que se humillan son los que, al ser salvos por gracia, buscan demostrar gracia al ayudar a los pobres y necesitados (Lucas 14:11-14).

Que Dios nos de la gracia para ser humildes.

El Temor del Señor

“Y dijo [Dios] al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” Job 28:28.

Job capítulo 28 es hermoso. Te invito a que lo leas. En los primeros once versículos Job habla poéticamente de cómo el hombre tiene habilidades impresionantes para encontrar los tesoros y maravillas de la tierra, usando del ingenio para poder extraer el oro y las piedras preciosas de los lugares más profundos.

En los versículos 12 y 20 Job pregunta, “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?”. No se encuentra entre los vivos (v. 13); ni en el mar (v. 14); es más preciosa que las piedras más costosas o los tesoros más impresionantes (vv. 15-19); ni los humanos ni los animales la encuentran (v. 21); ni siquiera la destrucción (el Abadón) o la muerte la encuentran (v. 22).

Entonces, ¿dónde se halla? “Únicamente Dios entiende el camino de la sabiduría; él sabe dónde se puede encontrar” (v. 23, Nueva Traducción Viviente). Es Dios quien nos revela donde encontrarla.

Y la respuesta es: en el temor de Jehová, y en apartarse del mal (v. 28). Recuerdo aquella vez que un joven me dijo que él no podía aceptar el concepto de “temer a Dios”. Rápidamente lo llevé a un pasaje que habla de esto.

En la Biblia se nos habla en cinco ocasiones de cómo el principio de la sabiduría es el temor de Jehová (en Job 28:28; Sal 111:10; Prov 1:7; Prov 9:10; y Prov 15:33).

¿Por qué debemos temer a Jehová? Porque es un Dios santo, fuerte, poderoso, celoso, y glorioso. No es un temor como el de una persona que le teme a un ladrón, sino el de un hijo que teme desobedecer a su padre porque sabe que su padre lo ama y él a su padre.

Dios nos ama. Dios quiere que tengamos confianza delante de Él (Heb 4:16), pero que sepamos que Él sigue siendo un Dios santo a quien debemos obedecer. Ese temor reverente, y ese amor absoluto por Dios nos dará la capacidad de tomar decisiones con sabiduría.

Dice Proverbios 3:7, “No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.


Un Tesoro Escondido

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” Mateo 13:44.

En mi librero hay varios libros que quiero mucho porque tienen algún valor sentimental. Uno de ellos es La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. Es un libro de hojas amarillas que huele a viejo. Me encanta. La razón por la cual le tengo cariño a ese libro es porque fue la primera novela de aventura que leí de chico. Fue una de las novelas que me hizo querer convertirme en escritor.

La trama de la novela es fascinante: un niño que se embarca en la búsqueda de un tesoro en compañía de marineros y piratas en una isla perdida.

Las historias de aventuras, de piratas, de bucaneros y tesoros escondidos nos encantan. Quizá en los tiempos de Cristo había también leyendas de grandes tesoros, como aquellos escondidos por los Faraones y los grandes conquistadores.

La parábola del tesoro escondido es interesantísima. Hay varios elementos de suma importancia. Primero, el reino de los cielos es un tesoro. Segundo, el descubrimiento es causa de gozo. La razón del gozo es porque el tesoro es invaluable. Es por eso que, tercero, el tesoro lo vale todo. El hombre de la historia “vende todo lo que tiene” con tal de comprar el campo en donde está el tesoro.

Ahora apliquemos la parábola. El Reino de los Cielos es el dominio espiritual y físico de Dios, al cual se entra espiritualmente a través del arrepentimiento y fe en Cristo (Mar 1:15). Para heredar el Reino de Dios uno tiene que convertirse en Cristiano. Uno tiene que recibir y creer en Jesús (Juan 1:12). Si usted no ha hecho esto, no es parte del Reino.

El punto de Jesús es: tener el Reino (o en otras palabras, ser parte del Reino) es más valioso que cualquier cosa en el mundo. No hay nada mejor que ser Cristiano. No hay nada que siquiera se acerque.

Tener a Cristo lo es todo. ¡Qué gozo es ser parte del Reino de Dios!

Spurgeon y la Autoridad en la Iglesia

"El Espíritu Santo reveló mucha de su preciosa verdad y santos preceptos por los apóstoles, y a su enseñanza debemos obedecer; pero cuando los hombres citan la autoridad de los padres y concilios y obispos, ¿entonces obedecemos? No, ni por un momento. 

"Pueden citar a Iranio, Cipriano, Agustín o Crisóstomo; nos puedes recordar de los dogmas de Lutero o Calvino; pueden encontrar la autoridad en Simeón, Wesley, o Gill--oiremos la opinion de esos grandes hombres con el respeto que merecen como hombres; pero ya hecho eso, negamos que tengamos nada que ver con estos hombres como autoridades en la iglesia de Dios: pues nada tiene autoridad sino 'Así dice el Señor de los ejércitos'" -Charles Spurgeon, sermón, "Así dice el Señor".

Él lo Controla Todo

“Y a la verdad yo [Jehová] te he puesto para mostrar en ti [Faraón] mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” Éxodo 9:16.

A algunos les incomoda que Dios tenga el poder para directamente controlar personas. Típicamente nos gusta pensar que tenemos completa libertad de voluntad, y preferimos que nadie se meta con nuestras decisiones, y mucho menos con nuestra existencia.

En Éxodo 9 Dios está castigando a Faraón y su pueblo por no dejar a los Israelitas salir a adorar a Dios. Faraón una y otra vez hace burla de Dios al negarle la salida a los Israelitas. 
Entonces en el 9:16 Dios le revela a Faraón por completo una verdad que lo deja frío: el propósito de la existencia de Faraón era precisamente mostrar el poder de Dios, y anunciar el poder de Jehová en las naciones. 

La ironía de la situación es que cuando Faraón creía ser el poderoso, el que estaba en control, en realidad estaba completamente bajo el control soberano de Dios. 
Dios, ya que es Dios, tiene el derecho de hacer lo que Él quiera. El apóstol Pablo en Romanos 9 escribe precisamente de este episodio entre Dios y Faraón, y concluye, “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Romanos 9:18).

Esta es una verdad difícil de aceptar a menos que reconozcamos que Dios es un Dios bueno e infinitamente más sabio que nosotros.

Si aceptamos que Dios es amoroso y justo, y tiene el derecho de actuar de acuerdo a su voluntad, podemos entonces tener absoluta certeza de que todo lo que sucede está en sus manos, y que cuando Él actúa soberanamente sobre personas y situaciones, no solamente está en su derecho, sino que es lo mejor. Esto es importantísimo: es mejor que Dios esté en absoluto control. Yo no quiero vivir en un mundo en donde Dios tiene casi todo el control.

Como dijo el pastor y teólogo Jonathan Edwards, “Absoluta soberanía es lo que me gusta atribuirle a Dios”.

El Reino de Dios

“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” Lucas 13:18-19.

Uno de los árboles más grandes en el mundo es el “Titán del Norte”, un árbol sequoia en el norte de California que mide 7.2 m en diámetro y 94 m de altura. Es difícil imaginar que estos magníficos árboles—algunos tienen más de mil años de antigüedad—en algún tiempo fueron una pequeña semilla. 

La semilla de mostaza, aunque es pequeña, se convierte en un árbol que puede llegar a medir tres metros de altura. Cristo usa el ejemplo de la semilla de mostaza ya que era parte de los dichos proverbiales de los Judíos, y se consideraba una de las semillas más pequeñas con la que estaban familiarizados en esa cultura.

Jesús compara el Reino de Dios con el crecimiento impresionante de la semilla de mostaza. La comparación es esta: igual como la semilla de mostaza es pequeña, el Reino de Dios representado y predicado por Jesús parecía serlo también. Recordemos que Cristo sólo tuvo doce apóstoles, y uno le traicionó. Parecía ser un movimiento insignificante, popular entre los pobres y necesitados, pero rechazado por la sociedad en general.

Pero así como la semilla crece, Cristo profetizó que el Reino de Dios crecería. ¡Y vaya que se cumplió su profecía! Hoy, 2,000 años después, hemos no solamente escuchado de Cristo sino creído en Él. Hoy en día hay millones de Cristianos en el mundo, y eso sin contar los millones más que han creído y creerán en Él.

Somos parte de algo grande. El Reino de Dios, el cual se manifiesta en parte en la Iglesia, sigue creciendo. Está explotando en el llamado “Sur Global”, en China y en muchos otros países.

Los domingos cuando te reúnes con la iglesia, recuerda que somos parte de algo especial. Somos parte de un cuerpo que sigue creciendo. Un cuerpo amado por Dios. Eres parte de algo más grande de lo que te imaginas. Dale a Dios gracias por ello.

Cristo, Causa de División

Jesús dijo, “¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión” Lucas 12:52.

Todos anhelamos la paz. Es increíble pensar que en cien años se han combatido dos guerras mundiales e incontables guerras menores y civiles. Muchas familias han sido destrozadas por causa de la guerra, y hoy en día muchas personas están siendo desplazadas debido a guerras territoriales. 

Quizá nos extrañan las palabras de Cristo en Lucas 12:52 ya que recordamos que en otra ocasión dijo, “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27). Entonces, ¿de qué se trata? ¿Vino Cristo a traer paz, o no?

Para llegar a la solución, simplemente hay que leer bien. Cristo dijo, “Pensáis que he venido para traer paz en la tierra”. Esto es importante. El Señor desde su venida a la tierra hasta hoy ha sido causa de división. Mucha gente ha sido perseguida (y hoy también) por el nombre de Jesús. Hay personas que han sido expulsadas de su casa, ridiculizadas por amigos, o inclusive encarceladas y martirizadas por creer en Cristo. El mensaje de Jesús es divisorio. Es controversial. 

En parte Cristo causa división porque su mensaje es exclusivo. Cristo dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). ¿Pero qué de la religión o las buenas obras? No. Sólo a través de Cristo. En un mundo que festeja la pluralidad, ¡por supuesto que este mensaje causa división!

Pero entonces, ¿qué de la paz? Cristo, cuando habla de dar paz, habla de paz espiritual (Juan 16:33; Col. 3:15), y paz con Dios (Is. 53:5; Rom. 5:1).

En su primera venida, Jesús vino a traer división por su mensaje pero paz interna a los que creen en su mensaje. En su segunda venida, Él vendrá a establecer paz en la Tierra y reinar con aquellos que han creído en Él.

Así que si eres creyente, debes saber que el mensaje de Cristo trae dificultad, pero puedes estar tranquilo y saber que tienes la paz de Dios en tu corazón, la cual siempre triunfa.

Prioridades

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” Lucas 12:15.

Mi papá me contó la historia de un hombre que en una ocasión sacó su cartera de su bolsillo, la elevó, y dijo: “Este es mi dios”. 

Aunque no muchos expresan su amor al dinero de la manera tan gráfica que este hombre lo hizo, la avaricia es una realidad en la vida de muchas personas.

Muchos de los países Latinoamericanos tienen problemas horribles de corrupción. ¿Por qué? Por la avaricia. El diccionario de la Real Academia Española tiene una definición muy interesante para la palabra avaricia: “Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”.

Hoy en día el sueño mexicano es igual al llamado sueño americano: tener más cosas. Sin duda alguna no es pecado disfrutar del resultado del esfuerzo honesto (Ec 2:24), y por supuesto que Dios quiere que disfrutemos de lo que nos da (1 Tim 6:17), pero cuando el trabajo se convierte una obsesión con el objetivo de obtener más dinero, entonces la ruina espiritual y moral está a la esquina.

Amar al dinero tiene terribles consecuencias. La Biblia dice, “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). Es irónico que el amor al dinero traiga dolores, ya que mucha gente busca el dinero precisamente para evitarlos. El amor al dinero es tan fuerte que puede atrapar a quienes dicen conocer a Cristo. Por eso dice Pablo que algunos “se extraviaron de la fe”.

Nuestra actitud hacia el dinero debe ser como la de un administrador. Debemos saber que el dinero que tenemos le pertenece a Dios, y que somos responsables de usarlo bien. Así que debemos de primeramente separar nuestra ofrenda a Dios, y luego usar nuestro dinero debidamente, disfrutándolo y administrándolo para la gloria de Dios.

Pídele a Dios que te ayude a administrar tu dinero correctamente, y a verlo de una manera bíblica.

El Espíritu en Nosotros

“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” Romanos 8:9b.

Caminaba con un amigo por las calles de un pueblo en las montañas de San Luis Potosí invitando a las personas a un evento especial que se llevaría a cabo en una iglesia a la cual ayudábamos en ese tiempo. Un señor de ojos de color y tez blanca nos detuvo y nos preguntó si éramos Cristianos. Al decirle que sí, nos dijo que él también, y nos preguntó si teníamos la borrachera del espíritu. Al instante supe que algo andaba mal. Pronto el hombre comenzó a balbucear y a hablar incoherencias, así que nos retiramos de allí algo tristes, con el hombre gritando a nuestras espaldas.

Hoy en día hay mucha confusión en cuanto al Espíritu Santo. Mucho de lo que se hace en nombre del Espíritu es en realidad una blasfemia contra Él.

La Biblia enseña que aquellos que verdaderamente son Cristianos tienen al Espíritu Santo morando en ellos. Aquellos que se han arrepentido y han creído en Cristo de todo corazón han sido sellados por el Espíritu. Pablo lo dejó muy claro: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

El verdadero creyente sabe que no necesita de “segundas unciones”, extrañas manifestaciones o cualquier otra señal extra-bíblica para saber que tiene al Espíritu. 

El Espíritu Santo está bastante involucrado en la vida del Cristiano. Por ejemplo, es el Espíritu quien nos da la fortaleza para vivir una vida espiritual y no carnal (Rom 8:9a). Él nos ayuda a pedir cuando no sabemos cómo hacerlo (Rom 8:26). Y hay muchas otras funciones que Él hace en nuestras vidas.

Es una maravilla saber que tenemos a un Consolador junto a nosotros (Jn 14:16). No importa qué clase de día has tenido o estás por tener, hay algo que debes saber por seguro: si eres de Cristo, no estás solo.


Si hoy pasas por una dificultad, recuerda: no estás solo. Dios está contigo.  

La Mies es Mucha

“Las mies [cosecha] a la verdad es mucha, mas los obreros pocos” Mateo 9:37.

Hoy en la tarde, pasando por un crucero, me encontré con un joven vestido en una toga café. En la frente tenía pintado un punto de color también café. Me dijo que por una donación de cualquier cantidad podía obtener uno de los libros que ofrecía. Libros acerca de espiritualidad, reencarnación, y meditación trascendental.

Este muchacho estaba bastante seguro de lo que creía, o al menos así parecía, pues no le daba pena andar por las calles vestido de esa manera. Y sin embargo, la filosofía que creía estaba completamente errada.

Hoy vivimos en un mundo de tolerancia. Un mundo en donde todas las ideas son igualmente válidas, en donde todos los caminos llevan a Roma, y en este caso, Roma es el cielo o algo parecido. No hay absolutos. Todo es relativo. Todo es bueno dependiendo del punto de vista.

El mundo anda sediento, buscando algo que satisfaga su deseo interior de encontrar significado en la vida. El mundo encuentra su satisfacción en la religión, el dinero, la familia, la fama, las drogas, el entretenimiento, y en casi cualquier cosa.

Cristo decía hace dos mil años que la cosecha estaba lista para ser recogida, pero no había suficientes obreros. ¡El día de hoy es igual!

¿Dónde está la cosecha? La cosecha es tu primo, tu amigo de la facultad, tu compañero de trabajo, tu vecino, la gente a tu alrededor. ¿Y los obreros? Los obreros somos nosotros.
De alguna u otra manera puedes llegar a la cosecha. Quizá es invitando a tu amigo a un café, o dejando un folleto en el restaurante, o quizá escribiendo algo en tu página de Facebook. Pero de alguna u otra manera, debes de ser uno obrero listo y disponible para cosechar.

¿Qué vas a hacer hoy para ser un obrero de Dios?

El Pastor de las Naciones

“Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra” Salmo 67:4.

Leer las noticias internacionales no trae mucha alegría. Hoy en la mañana leí las noticias, y como siempre, es difícil encontrar una nota alegre. Mientras escribo esto, Siria se encuentra en guerra y se cree que ha utilizado armas prohibidas contra sus enemigos; las Naciones Unidas debaten la legalización de drogas; Turquía se ha disculpado por la violencia que usó contra manifestantes; y esos son sólo los titulares.

Muchos Cristianos padecen de pesimismo. Ven la decadencia moral en el mundo y no tienen nada bueno qué decir, mas que esperar la venida de Cristo y aguantar mientras que Él viene.

Hay que mantener un balance de perspectiva. Es verdad que el mundo está en pecado, y sin duda el mundo como lo conocemos será destruido y renovado…

¡Pero mira lo que dice el Salmista! Alégrense y gócense las naciones. Estas son palabras de júbilo y alegría. De hecho la palabra “gócense” es la palabra Hebrea ranan, que quiere decir “gritar de alegría”. Es un grito fuerte y claro, para que sea oído por otros. Inclusive esta palabra puede significar “cantar con fuerza”.

¿Y qué causa tanto júbilo? Dos cosas. Primero, que Dios va a juzgar con equidad, con rectitud, sin parcialidad. En un mundo de injusticia e impunidad, el saber que hay un Dios justo que todo lo ve nos debe causar tremenda alegría.

La segunda razón es que Dios pastoreará a las naciones. Pastorear quiere decir conducir o guiar. Sí, aunque en el mundo hay guerra, terrorismo, y maldad, Dios está guiando a las naciones de acuerdo a su plan soberano. Dios es el que “muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes” (Daniel 2:21).

Los Cristianos debemos de ver el futuro con suma alegría. Inclusive gritar de alegría, porque sabemos que tenemos un Dios que es el Juez y Pastor de las naciones. Qué gloriosa verdad.

¿Vale la Pena?

“Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas 9:25.

“Cuando Alexandro vio lo vasto de su imperio, lloró, pues no había más mundos qué conquistar”. Aunque esta frase quizá es espuria, se atribuye al gran conquistador Alejandro Magno. Hay pocos hombres en la historia de la humanidad que han gobernado la mayoría del mundo conocido, y a muchos de ellos los recordamos, pero ya no son más que eso: historia. Sus imperios han desaparecido, y sus tesoros han sido robados o están en exhibición en algún museo.

Una de las más grandes ambiciones del ser humano es tener más cosas. Hay una frase en inglés que dice, “El que tiene más juguetes gana”. Es decir, el que tiene más dinero, más carros, más tierras, más gente, más aparatos, gana. Pero… ¿qué gana?

El Señor Jesucristo dice, “El que me tiene a mí gana”. Porque al final, lo único que perdura es el alma, y los únicos tesoros que no se destruyen son los espirituales.

Por eso dijo Jesús, “Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín [óxido] corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:20).

¿Cómo podemos hacer tesoros en el cielo? Haciendo las cosas para la gloria de Dios. La Biblia dice, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24). 

Toma la Cruz

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9:23.

Cuando se trata de compartir el Evangelio con otros, Jesús nos deja perplejos. Hoy en día escuchamos muchos “Evangelistas” que presentan el Evangelio como una alternativa fácil y bonita a la vida. Una especie de garantía a la mejor vida, como si convertirse en Cristiano fuera como ganarse unas vacaciones de por vida.

Cuando Cristo comparte su Evangelio, casi parece que no quiere que la gente se convierta. A unos les pide que vendan todo lo que tienen (Mat. 19:21), a otros que aborrezcan a su familia (Lu. 14:26), y en Lu. 9:23, Él pide negarse a uno mismo y tomar la cruz.

¿Por qué? La respuesta es sencilla. Cristo busca verdaderos discípulos. A Él no le interesa cantidad sino calidad. No está interesado en aquellos que “dicen” querer seguirlo, sino en aquellos que de corazón lo buscan. Como dijo el Salmista, “Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan” (Salmo 119:2).

Negarse a uno mismo es vivir para la ventaja de Cristo. En otras palabras, es vivir por y para Cristo, en lugar de por y para mí. Es estar dispuesto a hacer lo que Jesús me manda sabiendo que es lo mejor, y reconociendo que es lo que verdaderamente trae gozo al alma.

Quizá para nosotros la expresión “llevar la cruz” no es tan impactante como para los que la escucharon de boca de Jesús. En aquellos tiempos los criminales caminaban por las calles llevando un madero a sus espaldas mientras eran humillados por los soldados y la gente. Una persona que llevaba su cruz sabía que sólo tenía un destino: la muerte. 

De igual manera, el que quiere seguir a Cristo debe estar dispuesto a sufrir humillación, desprecio, e inclusive la muerte misma, por causa de Jesucristo. El Cristiano que lleva la cruz tiene una mentalidad decidida y sabe que ya no hay marcha atrás.

Pídele hoy a Dios que te de la poderosa gracia de Jesús para vivir una vida así: en negación, y con la cruz en la espalda.


Muertos a la Ley

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” Romanos 7:4.

Imagina que un día abres tu correo electrónico y recibes una noticia que te deja aturdido. Un amigo te informa que la policía te está buscando, y que estás en la lista de los más buscados del país.

Al principio crees que es broma, así que buscas la lista de los más buscados, y para tu horror, allí está tu fotografía. Aún peor, te das cuenta de que la policía ya lleva cinco días buscándote… ¡y ni siquiera lo sabías!

Este ejemplo es ficticio, y quizá un poco exagerado. Pero escucha esto: sin Cristo todos están bajo condenación lo sepan o no. Pablo nos enseña que la ley se enseñorea de las personas mientras que estén vivas (Rom 7:1). La Ley de Dios nos juzga por nuestro pecado, nos maldice y nos condena.

Sólo hay una forma de estar libres de la condenación de la Ley. La muerte de Cristo. Por eso dice Pablo que lo que nos libró de la Ley fue “el cuerpo de Cristo”—una referencia a su muerte corporal en la Cruz.

Algunos Cristianos erróneamente creen que la libertad de la Ley es una libertad absoluta, pero más bien es una transferencia. Dios nos libra de la ley “para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos”. En lugar de estar bajo la condenación de la Ley, estamos ahora bajo el señorío de Cristo, en donde reina la gracia.

Pero la gracia reina para darnos el poder de llevar “fruto para Dios”. En otras palabras, la libertad de la Ley te ha hecho libre para obedecer a Dios y llevar fruto—es decir, llevar una vida santa y recta ante Él.

Un Libro Inspirado

“Toda la Escritura es inspirada por Dios” 2 Timoteo 3:16.

Hoy en día usamos la palabra “inspirar” de muchas maneras. Cuando vemos una película que nos insta a hacer algo noble, decimos que fue una película inspiradora. O cuando vemos a un jugador de futbol que juega excepcionalmente bien, decimos que está inspirado.

El apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16 usa la palabra inspirar, pero para entender qué verdaderamente significa, hay que investigar la palabra un poco. Esta es la palabra griega theopneustos, y solamente aparece una vez en toda la Biblia, en este versículo.

La palabra literalmente quiere decir, “exhalada (o soplada) por Dios”. Pablo está usando una palabra que aparentemente no era muy común para comunicarnos una importante verdad de la Biblia. La verdad es esta: el origen de la Biblia es Dios.

Si no creemos que la Biblia tiene su origen en Dios; si no creemos que Dios usó a humanos y los movió por medio del Espíritu Santo para comunicarnos su perfecta Palabra (2 Pe 1:21)… entonces obedecer la Biblia no tiene sentido.

Ponte a pensar. La Biblia terminó de escribirse hace dos mil años. A menos que la Biblia sea un libro sobrenatural, es absurdo que hoy en día la sigamos al pie de la letra, buscando en ella guía no solamente para nuestra vida espiritual, sino también para nuestra vida cotidiana.

Pero Dios es claro. Dios escribió la Biblia (usando a hombres) para transmitirnos su Palabra y voluntad por todas las edades.

Es por eso que Cristo dijo, “De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5:18). Y agregó: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24:35; Mar 13:31; Lu 21:33).

La Biblia es un libro sin fecha de caducidad. Dale gracias a Dios por su Palabra inspirada, y léela hoy con eso en mente.

Excusas

“Y Jehová le respondió [a Moisés]: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” Éxodo 4:11.

Somos expertos en encontrar excusas. Desde el niño que le dice a la maestra que su mascota se comió la tarea hasta el ejecutivo que le echa la culpa al tráfico por su tardanza, todos nosotros hemos inventado excusas para librarnos ya sea de una responsabilidad o una consecuencia.

En los primeros capítulos de Éxodo, Dios le pide a Moisés que regrese a Egipto—al lugar de donde salió huyendo debido a un asesinato que él había cometido—con el propósito de liberar al pueblo de Israel.

Moisés rápidamente se excusa de una manera muy franca. Por ejemplo, le dice a Dios, “He aquí no me creerán” (Éxodo 4:1), a lo cual Dios responde dándole milagros que probaban que Jehová se le había aparecido.

Pero Moisés se excusa de nuevo diciendo que era “tardo en el habla y torpe de lengua” (Éxodo 4:10). No sabemos con seguridad si esto se refiere a algún impedimento físico o más bien a una inseguridad y falta de elocuencia. La excusa que pone Moisés es absurda, y es por eso que Dios le responde de una manera tan fuerte en el próximo versículo.

El problema es que nosotros muchas veces olvidamos este principio: Dios siempre nos equipa para la labor que nos encarga. 

Dios nunca te va a encargar hacer algo sin que Él mismo te provea lo necesario para que lleves a cabo Su tarea. Dios pide ciertas cosas de ti. Por ejemplo, Él pide que lleves una vida santa, que compartas el Evangelio con otros, que asistas a la reunión de la iglesia, además de cosas que Él específicamente quiere de ti.

Olvida las excusas. Tómate de la gracia de Cristo, pide Su ayuda y fuerza, y haz lo que Dios te pide.

Reseña: Amazon Kindle

Compré mi primer Kindle hace varios años (Kindle Keyboard), y ahora tengo el Kindle sencillo. Lo he usado por más de un año y simplemente me encanta. También tengo un iPad mini, además de una computadora portátil, pero hay varias razones por las cuales no tengo pensado deshacerme de mi Kindle.

Una de las razones por las cuales me encanta mi Kindle es que lo puedo poner en mi regazo, usar una mano para cambiar de página mientras en la otra tengo mi taza de café. Con un libro normal siempre necesitas ambas manos, pero no con el Kindle. Es comodidad al máximo. Quizá pienses que esta razón es tonta, pero hey, todos tenemos nuestras excentricidades, ¿no?

Mi Kindle.

Primero que nada, tengo el Kindle WiFi sin ofertas especiales que cuesta $89 en Amazon. La verdad es que comprar el Kindle con ofertas y ahorrarse 20 dólares no es mala idea. Las ofertas nunca aparecen cuando estás leyendo un libro (sólo cuando lo apagas o cuando estás seleccionando algún libro), y por lo que he oído de otros amigos y familiares, las ofertas típicamente son buenas.

¿Valen la pena pagar esa cantidad de dinero? Los precios de los libros en Kindle son mucho más baratos, así que a la larga te ahorras bastante dinero.

Los libros se descargan por WiFi en un minuto o menos. Le caben más de mil libros, así que jamás tendrás que preocuparte por el espacio. Yo tengo casi 400 libros físicos en mi librero, y los he acumulado durante años, así que no creo jamás llegar a los 1,000 en mi Kindle. Ahora mismo tengo 95 libros en mi Kindle.

¿Batería? Puede durar hasta un mes. Yo, como lo uso a diario y con la luz en las noches (explicaré abajo el tipo de luz que uso), lo cargo cada dos semanas, aproximadamente. A veces cada tres.

Vendí mi Kindle Keyboard porque nunca usé el teclado. Yo simplemente quería el Kindle para leer, y quería un dispositivo que fuera lo más portátil y liviano posible. Este Kindle no es touch. No compré el touch porque soy Obsesivo-Compulsivo con mi pantalla, y no quería tener que estar limpiándola después de cada toque. El Kindle Paperwhite vino después y no he podido jugar con él. Tuve el Kindle Fire 7 Tablet por un mes, pero no me gustó mucho y ahora soy feliz con mi iPad.

Pero, ¿por qué un iPad y un Kindle, si uno puede tener el Kindle App en el iPad?

La Pantalla.

Todo depende de cuánto te gusta leer. Si eres un lector casual, quizá el iPad o Kindle Fire es para ti. Es como si fuera una pantalla de computadora, así que el reflejo será un problema (leer afuera con el sol es imposible), pero de nuevo si eres un lector casual no hay problema. Tengo una amiga que lee mucho y no le incomoda leer en una pantalla, así que ella adora su Kindle Fire. Como dicen, el gusto se rompe en géneros.

Yo no puedo leer por mucho tiempo en una pantalla de computadora. Así que lo hago en mi Kindle. La pantalla mide 11.4 cm de ancho por 15.5 cm de altura. La pantalla no es tan chica ni tan grande, es como del tamaño de un paperback. Se puede escoger entre ocho tamaños de letra, tres diferentes tipografías (regular, condensada, y sans serif), y tres diferentes tipos de espaciado.

Las letras son negras y la pantalla es gris-blanca (como no he usado el Kindle Paperwhite, no puedo comparar la pantalla), y nunca me ha molestado. He leído muchos libros de principio a fin sin pensar mucho en la pantalla. Lo que intento decir es que uno puede leer sin pensar que uno no tiene un libro en las manos sino un aparato electrónico.

Es importante decir que la pantalla no tiene iluminación propia. Es como un libro. Mi solución fue comprar la cubierta Kindle de piel con luz (Amazon Kindle Lighted Leather Cover), la cual cuesta... $60 USD. Sí. Es bastante costosa. ¿Vale la pena? Si tienes el dinero, sí. Abajo hablaré más al respecto, pero por ahora, la luz es perfecta y la uso todas las noches. Hay otras opciones en cuanto a la luz (ver abajo).

El Hardware.

Todos los botones funcionan bien. Cada lado tiene dos botones, para avanzar y regresar de página. En la parte inferior tiene cuatro botones y uno parecido a un joystick, todos facilitan la navegación. El botón de encendido/apagado y la conección están abajo. Nunca lo he accionado por error, así que no hay de qué preocuparse en cuanto a la posición.

Tengo más de un año con el Kindle y todos los botones están en perfectas condiciones. Si cuidas tu Kindle, no tienes de qué preocuparte. 

El Software.

Es muy simple. Cualquiera lo puede usar. Con internét se puede acceder la página de Amazon y comprar libros directamente del dispositivo. Si no, los puedes comprar desde tu computadora (ordenador) y se bajan automáticamente al Kindle.

Amazon es muy bueno con su software. Es simplemente escoger el libro, dar clic, y pagar. Y si tienes activado el 1-Click, ni siquiera te pide tu tarjeta, simplemente te hace el cargo automáticamente. Es una maravilla.

Algo que me encanta del Kindle es lo que se llama Whispersync. Funciona así. Tu puedes leer un libro en tu computadora, iPad, iPod, Android (con el Kindle App) o en tu dispositivo Kindle, y siempre y cuando estés conectado al internet, te guarda la página en la que estás leyendo.

Ejemplo: Te levantas por la mañana y vas al baño. Para no desperdiciar el tiempo, sacas tu iPhone y comienzas a leer tu libro (estoy seguro que naaadie hace esto), y terminas en la página 47. Llegas a la oficina, y en tu descanso decides leer en tu computadora (Kindle App o directamente desde el internet), así que cuando abres el libro, automáticamente te lleva a la página 47. Lees hasta la página 64. Esa noche, antes de dormir, tomas tu dispositivo Kindle, abres el libro, y sí, te lleva a la página 64. Así de sencillo.

Los Libros.

Más de un millón de libros a la venta. Para comparar precios fui a su listado de los bestsellers del New York Times. Típicamente un hardcover cuesta $25 USD, pero en Kindle  $13 o menos. Algunos mucho menos.

Pero... ¿qué de libros en español? Hay más de 50,000 títulos disponibles. Puedes encontrar éxitos de venta, como Infierno por Dan Brown a $13 dólares, o Cien Años de Soledad a $5.99, o La Sombra del Viento por $13.99. Así que los precios varían, pero típicamente (la gran mayoría de las veces) son más baratos que lo que encuentras en una librería).

La Cubierta.

El Kindle está hecho de plástico duro. Pero una fuerte caída lo puede dañar. Un amigo rompió el suyo al sentarse sobre él. Yo siempre he comprado fundas o cubiertas hechas por Amazon, aunque son un poco caras. Por mucho tiempo usé una funda y una luz con clip, pero ahora tengo la Amazon Kindle Lighted Leather Cover (Cubierta de Piel con Luz). Es excelente. Se ve bien, es duradera, y la tapa tiene un material "anti-resbalable" que facilita tener el Kindle en el regazo sin que se caiga.

La luz es muy buena, aunque no es perfecta. La parte de abajo de la pantalla no se ilumina por completo, pero no dificulta la lectura. Si eres obsesivo-compulsivo quizá te moleste. Yo pensé que me iba a molestar, pero no.

Lo Último.

Ya se que algunos piensan, ¿para qué un Kindle si uno puede tener un libro? Mi respuesta principal: no es lo uno o lo otro. Yo tengo casi 400 libros físicos, y sigo comprando de vez en cuando.

Mi respuesta secundaria: el Kindle te ahorra dinero, es más práctico, se ve bien (ser Geek está de moda, ¿no?), te ahorra el horror de tener que escoger un sólo libro cuando sales de viaje, es tener literalmente una biblioteca en el bolsillo, y bueno, al final, tienes que intentarlo. Si no te gusta, véndelo. Te aseguro que encontrarás comprador.

He llegado al fin de la reseña. Si tienes preguntas específicas, deja un comentario. Veredicto: Excelente. Altamente recomendable.