Sólo en Jesús


“Cuando vemos la salvación completa, cada una de sus partes se encuentra en Cristo, así que debemos tener cuidado de no derivar la gota más pequeña de ningún otro lado.

Porque si buscamos la salvación, el mismo nombre de Jesús nos enseña que Él la posee.

Si se buscan otros dones del Espíritu, en su un ungimiento se encuentran; fuerza, en su reino; y pureza, en su concepción; y ternura, expresada en su natividad, de la cual de todas las maneras Él fue hecho como nosotros, para que Él pudiera aprender a sentir nuestro dolor.

Cuando buscamos redención, es en su pasión que la encontramos; la absolución, yace en su condenación; y la libertad de la maldición, en su misma cruz es dada.

Si buscamos el perdón de nuestros pecados, lo encontraremos en su sacrificio; limpieza en su sangre. Si reconciliación ahora necesitamos, para esto Él entró en Hades. Para vencer nuestros pecados debemos saber que en su tumba fueron puestos. Entonces vida nueva nos trae su resurrección y también inmortalidad viene con ese mismo regalo.

Y si también buscamos encontrar una herencia en el reino del cielo, su entrada ahí nos la asegura para nuestra protección, seguridad también, y bendiciones que abundan, todas fluyendo de su trono real.

La suma de todo es esto: para aquellos que buscan este cofre de todo tipo de bendiciones, en nadie más se pueden encontrar más que en Él, pues todas son dadas en Cristo solamente.”

-Juan Calvino. Institutes of the Christian Religion, John T. McNeill, Ed. Library of Christian Classics (Nashville: Westminster John Knox, 1960), Vol. I, Book 2, Chapter XVI, Section 19, p. 527. Mi traducción.



La Divina Transacción.

Lutero en la "Dieta de Worms".


“Al que no conoció pecado, [Dios] por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él [en Cristo]” 2 Corintios 5:21.

El Reformador Martín Lutero, cuando entendió que la justicia de Dios se refería a la justicia que Dios imparte para salvación, la justicia que es puesta sobre el creyente por la fe, escribió: “Entonces me sentí renacer y sentí que pasé por las puertas abiertas al paraíso. La Escritura entera cobró nuevo significado, y cuando antes la ‘justicia de Dios’ me llenaba de odio, ahora me parecía inexpresablemente dulce en gran amor”.

2 Corintios 5:21 es uno de los pasajes clave en la doctrina fundamental llamada, “La Justicia Imputada”. Esta doctrina es muy importante. Quiere decir que Dios mandó a su Hijo, quien nunca cometió pecado, para que muriera por nuestro pecado. De esa manera nosotros podemos tener la justicia de Cristo en nosotros.

La transacción es esta: al creer en Cristo, mis pecados son puestos sobre Él, y la justicia de Cristo es puesta sobre mí. A eso se refiere la frase, “Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 

Martín Lutero dijo de la doctrina de la Justificación: “Si este artículo está de pie, la Iglesia está de pie; si este artículo se colapsa, la Iglesia se colapsa”. ¡Así de importante es la justificación! Si yo no tengo la justicia de Dios puesta sobre mí, no puedo presentarme delante de Dios. Y si mi presento delante de Dios con mi propia justicia, ¡estoy muerto!

¿Cómo queremos presentarnos delante del trono de Dios? ¿Vestidos de nuestra justicia, o la de Cristo?

Uno de mis himnos favoritos es, “Maravilloso es el Gran Amor”, escrito por John Wesley. Termino con la cuarta estrofa, mi favorita: “Hoy ya no temo la condenación; Jesús es mi Señor, y yo suyo soy. Vivo en Él que es mi salvación, vestido en Su justicia voy. Libre acceso al Padre gozo ya, y entrada al trono celestial. ¡Oh, maravilla de su amor! ¡Por mí murió el Salvador!”. ¡Amén!

Nueva Criatura

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17.

La primera definición que la Real Academia Española da a la palabra metamorfosis es sencilla: “Transformación de algo en otra cosa”. Esta interesante palabra proviene del Griego que quiere decir, “Transformación”. La mariposa no es el único insecto que pasa por metamorfosis. Hay varios insectos y anfibios que pasan por este proceso. Pero la mariposa es el ejemplo más impactante porque pasa de ser una oruga—un insecto que muchos encuentran algo repugnante—a una mariposa, uno de los insectos más bellos en nuestro planeta.

2 Cor. 5:17 nos dice que el Cristiano, al creer en Cristo, pasa por un proceso de metamorfosis, por así decirlo. Este cambio no es natural, sino todo lo contrario. Para experimentar este cambio radical, hay una condición absoluta: estar en Cristo. La única manera de estar en Cristo es a través de la fe. Es la única manera de reconciliarnos con Dios (2 Cor. 5:19). Y es la única manera de ser transformado.

Dice este verso que somos transformados en una nueva criatura. ¿A qué se refiere? Sin duda alguna no indica que dejamos ser de alguna manera humanos. No; es un cambio espiritual e interno. El Creyente adquiere un corazón limpio, un espíritu nuevo y renovado (Sal. 51:10), y una nueva naturaleza (Col. 3:10; Ef. 4:24).

Al adquirir esta nueva naturaleza, es como un “borrón y cuenta nueva”. Dios ya no nos toma en cuenta nuestros pecados gracias a Cristo. Lo pasado queda en el pasado, y todo es ahora nuevo.

Un maestro de consejería nos decía, “Cuando te sientas triste, afligido, o en medio de una prueba, di en voz alta: ‘Podré estar triste, ¡pero tengo a Cristo!’”.

Esta transformación es causa de gozo, independientemente de lo que estemos pasando.

Por Fe, no por Vista

“Porque por fe andamos, no por vista” 2 Corintios 5:7.

Está de moda ser radical, ir contra la corriente, ser “hipster”, diferente, nuevo, de mente abierta. La gente celebra la individualidad colectiva.

El Cristianismo bíblico verdaderamente va contra la cultura con esta frase de Pablo: “Porque por fe andamos, no por vista”. Hay un himno que dice, “Ando por fe, por vista no, y creo en lo que prometió”. El mundo se rige por lo que ve, mientras que el Cristiano se rige por la fe.

El Cristianismo no es una “fe ciega” en el sentido de que seguimos algo sin base alguna. No, tenemos bases firmes: históricas, filosóficas, teológicas, morales, etc. No hay una sola fe en el mundo que haya sido más atacada, examinada y defendida como el Cristianismo. Ha sobrevivido el escrutinio de los hombres y mujeres más inteligentes y escépticos, y sin embargo sigue en pie.

Pero el Cristiano tiene su fe en Cristo. Sí, hay bases históricas para creer en la Biblia, pero eso es circunstancial. Lo principal es Cristo. Creer en Él. Dejar que su Espíritu actúe en nosotros y nos convenza de la certeza de lo que creemos.

Para algunos, sin duda, esto es locura. Pero para nosotros los que hemos creído, es una certeza. Anselmo de Canterbury dijo, “Creo para poder entender”. Es decir, la fe viene primero, el conocimiento después.

Si lo que quieres es ver para creer, el Cristianismo no es para ti. Más bien, el Cristiano cree para entonces ver. Y es a través de Cristo que el Cristiano lo llega a ver todo.

Como dijo C.S. Lewis, escritor y profesor en Oxford, “Creo en el Cristianismo como creo en el sol; no sólo porque lo veo, sino porque a través de él veo todo lo demás”.


Con los Ojos en Cristo

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:2.

De chico me encantaba competir en carreras de cien metros planos. En mi escuela había una competencia anual, y mi meta era siempre el primer lugar. Tomaba la carrera bastante en serio. Unos días antes, papá y yo salíamos a algún parque a practicar la carrera. Inclusive algunas veces papá trajo a alguien para que me diera recomendaciones de cómo correr mejor.

Cuando llegaba el día, papá me decía: “Voy a estar al final, en la meta. Hagas lo que hagas, no mires a los lados o atrás. Sólo mírame a mí”. Las carreras se ganan o pierden por segundos, así que mirar atrás es uno de los peores errores que un competidor puede hacer.

Cuando sonaba el silbatazo, el sonido de las porras y los gritos desaparecían, y lo único que veía era a papá en la meta, agitando las manos animándome a correr más fuerte.

En la carrera de la vida, uno no puede mirar atrás. Cristo dijo, “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). Es verdad que hay dificultades en la carrera de la vida, pero la clave es esta: fijar los ojos en Cristo.

En Él encontramos la fuerza para seguir avanzando. En su gracia encontramos las ganas para dar un paso más. En su victoria encontramos la nuestra, y en su muerte nuestra vida.

¡Mire a Cristo! El mundo le insta a mirar atrás, para que se desanime con los que han fracasado. O mirar a un lado, para distraerlo con lo que otros piensan o dicen. Pero Cristo está al final de la meta, animándole a seguir.

El que mira atrás pierde. Ponga sus ojos en Jesús.

La Sal de la Tierra

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” Mateo 5:13.

La palabra “salario” viene del Latín salarium, y antiguamente estaba asociada con dinero pagado en sal, o dinero para comprar sal. Plinio el Viejo, un autor y filósofo Romano que murió en el 79 d.C., escribió que “En Roma […] el pago de un soldado era originalmente en sal y la palabra salario se deriva de ello”. Interesantemente, una de las calles más antiguas e importantes de Roma era la via salaria que corría por 242 km y se usaba para transportar sal a diferentes partes de Italia.

La sal era importantísima en los tiempos antiguos, y sin duda alguna hasta el día de hoy lo es. No hay casa que no tenga sal, y en muchos restaurantes uno encuentra saleros.

Jesús dice que nosotros—los que hemos creído en Él—somos la sal de la tierra. Nosotros, por así decirlo, traemos el sabor a la tierra a través de la comunicación del Evangelio. El problema es que hay Cristianos que han perdido el “sabor” que trae la vida en Cristo. “Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?” (Nueva Versión Internacional).

Es importante cuidarnos, ya que es fácil perder la sal que Dios quiere que tengamos. Cristo dijo, “Tened sal en vosotros mismos” (Marcos 9:50). Es sencillo perder la sal en nosotros mismos, sólo se necesita vivir una vida que escucha a nuestra naturaleza pecaminosa en lugar de escuchar al Espíritu.

El mundo, gracias al pecado y Satanás, es un mundo insípido. Es por eso que necesita la sal. Es por eso que nos necesita, ya que nosotros podemos transmitir el Evangelio de Jesucristo.

La Exaltación del Humilde

“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” Lucas 14:11.

En 1957 ocurrió una historia impactante. La Little League World Series—la liga para pequeños del beisbol estadounidense—incluyó por primera vez a un equipo que no fuera de los EUA o Canadá. El equipo extranjero fue el de Monterrey, México, apodados “Los Pequeños Gigantes”. Liderados por el Ángel Macías, un pitcher ambidiestro, el equipo ganó el campeonato en parte gracias a un juego perfecto pichado por Ángel, y es hasta hoy el único juego perfecto en la historia del Little League.

¿A quién no le gustan las historias en donde los ganadores son los menos favoritos? Estamos acostumbrados a escuchar que los grandes equipos ganan, pero cuando gana un equipo que nadie pensaba, todos se maravillan.

En el Reino de Dios las cosas no son como pensamos. Cristo no está interesado en tener en su Reino gente que piensa que merece estar allí. 

Igualmente, Pablo escribió en 1 Corintios 1:26-29 “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

En el Reino de Dios, los que creen merecer estar allí no lo estarán. Esos son los enaltecidos que serán humillados. ¿Quienes son los que se humillan? Son los que están dispuestos a humildemente reconocer su pecado delante de Dios, y rogar por su misericordia y perdón (mira la parábola del Fariseo y el Publicano en Lucas 18:10-14). Son aquellos que reconocen que la salvación está en alguien más, en Cristo, y no en ellos mismos. Los que se humillan son los que, al ser salvos por gracia, buscan demostrar gracia al ayudar a los pobres y necesitados (Lucas 14:11-14).

Que Dios nos de la gracia para ser humildes.

El Temor del Señor

“Y dijo [Dios] al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” Job 28:28.

Job capítulo 28 es hermoso. Te invito a que lo leas. En los primeros once versículos Job habla poéticamente de cómo el hombre tiene habilidades impresionantes para encontrar los tesoros y maravillas de la tierra, usando del ingenio para poder extraer el oro y las piedras preciosas de los lugares más profundos.

En los versículos 12 y 20 Job pregunta, “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?”. No se encuentra entre los vivos (v. 13); ni en el mar (v. 14); es más preciosa que las piedras más costosas o los tesoros más impresionantes (vv. 15-19); ni los humanos ni los animales la encuentran (v. 21); ni siquiera la destrucción (el Abadón) o la muerte la encuentran (v. 22).

Entonces, ¿dónde se halla? “Únicamente Dios entiende el camino de la sabiduría; él sabe dónde se puede encontrar” (v. 23, Nueva Traducción Viviente). Es Dios quien nos revela donde encontrarla.

Y la respuesta es: en el temor de Jehová, y en apartarse del mal (v. 28). Recuerdo aquella vez que un joven me dijo que él no podía aceptar el concepto de “temer a Dios”. Rápidamente lo llevé a un pasaje que habla de esto.

En la Biblia se nos habla en cinco ocasiones de cómo el principio de la sabiduría es el temor de Jehová (en Job 28:28; Sal 111:10; Prov 1:7; Prov 9:10; y Prov 15:33).

¿Por qué debemos temer a Jehová? Porque es un Dios santo, fuerte, poderoso, celoso, y glorioso. No es un temor como el de una persona que le teme a un ladrón, sino el de un hijo que teme desobedecer a su padre porque sabe que su padre lo ama y él a su padre.

Dios nos ama. Dios quiere que tengamos confianza delante de Él (Heb 4:16), pero que sepamos que Él sigue siendo un Dios santo a quien debemos obedecer. Ese temor reverente, y ese amor absoluto por Dios nos dará la capacidad de tomar decisiones con sabiduría.

Dice Proverbios 3:7, “No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.


Un Tesoro Escondido

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” Mateo 13:44.

En mi librero hay varios libros que quiero mucho porque tienen algún valor sentimental. Uno de ellos es La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. Es un libro de hojas amarillas que huele a viejo. Me encanta. La razón por la cual le tengo cariño a ese libro es porque fue la primera novela de aventura que leí de chico. Fue una de las novelas que me hizo querer convertirme en escritor.

La trama de la novela es fascinante: un niño que se embarca en la búsqueda de un tesoro en compañía de marineros y piratas en una isla perdida.

Las historias de aventuras, de piratas, de bucaneros y tesoros escondidos nos encantan. Quizá en los tiempos de Cristo había también leyendas de grandes tesoros, como aquellos escondidos por los Faraones y los grandes conquistadores.

La parábola del tesoro escondido es interesantísima. Hay varios elementos de suma importancia. Primero, el reino de los cielos es un tesoro. Segundo, el descubrimiento es causa de gozo. La razón del gozo es porque el tesoro es invaluable. Es por eso que, tercero, el tesoro lo vale todo. El hombre de la historia “vende todo lo que tiene” con tal de comprar el campo en donde está el tesoro.

Ahora apliquemos la parábola. El Reino de los Cielos es el dominio espiritual y físico de Dios, al cual se entra espiritualmente a través del arrepentimiento y fe en Cristo (Mar 1:15). Para heredar el Reino de Dios uno tiene que convertirse en Cristiano. Uno tiene que recibir y creer en Jesús (Juan 1:12). Si usted no ha hecho esto, no es parte del Reino.

El punto de Jesús es: tener el Reino (o en otras palabras, ser parte del Reino) es más valioso que cualquier cosa en el mundo. No hay nada mejor que ser Cristiano. No hay nada que siquiera se acerque.

Tener a Cristo lo es todo. ¡Qué gozo es ser parte del Reino de Dios!

Spurgeon y la Autoridad en la Iglesia

"El Espíritu Santo reveló mucha de su preciosa verdad y santos preceptos por los apóstoles, y a su enseñanza debemos obedecer; pero cuando los hombres citan la autoridad de los padres y concilios y obispos, ¿entonces obedecemos? No, ni por un momento. 

"Pueden citar a Iranio, Cipriano, Agustín o Crisóstomo; nos puedes recordar de los dogmas de Lutero o Calvino; pueden encontrar la autoridad en Simeón, Wesley, o Gill--oiremos la opinion de esos grandes hombres con el respeto que merecen como hombres; pero ya hecho eso, negamos que tengamos nada que ver con estos hombres como autoridades en la iglesia de Dios: pues nada tiene autoridad sino 'Así dice el Señor de los ejércitos'" -Charles Spurgeon, sermón, "Así dice el Señor".

Él lo Controla Todo

“Y a la verdad yo [Jehová] te he puesto para mostrar en ti [Faraón] mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” Éxodo 9:16.

A algunos les incomoda que Dios tenga el poder para directamente controlar personas. Típicamente nos gusta pensar que tenemos completa libertad de voluntad, y preferimos que nadie se meta con nuestras decisiones, y mucho menos con nuestra existencia.

En Éxodo 9 Dios está castigando a Faraón y su pueblo por no dejar a los Israelitas salir a adorar a Dios. Faraón una y otra vez hace burla de Dios al negarle la salida a los Israelitas. 
Entonces en el 9:16 Dios le revela a Faraón por completo una verdad que lo deja frío: el propósito de la existencia de Faraón era precisamente mostrar el poder de Dios, y anunciar el poder de Jehová en las naciones. 

La ironía de la situación es que cuando Faraón creía ser el poderoso, el que estaba en control, en realidad estaba completamente bajo el control soberano de Dios. 
Dios, ya que es Dios, tiene el derecho de hacer lo que Él quiera. El apóstol Pablo en Romanos 9 escribe precisamente de este episodio entre Dios y Faraón, y concluye, “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Romanos 9:18).

Esta es una verdad difícil de aceptar a menos que reconozcamos que Dios es un Dios bueno e infinitamente más sabio que nosotros.

Si aceptamos que Dios es amoroso y justo, y tiene el derecho de actuar de acuerdo a su voluntad, podemos entonces tener absoluta certeza de que todo lo que sucede está en sus manos, y que cuando Él actúa soberanamente sobre personas y situaciones, no solamente está en su derecho, sino que es lo mejor. Esto es importantísimo: es mejor que Dios esté en absoluto control. Yo no quiero vivir en un mundo en donde Dios tiene casi todo el control.

Como dijo el pastor y teólogo Jonathan Edwards, “Absoluta soberanía es lo que me gusta atribuirle a Dios”.

El Reino de Dios

“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” Lucas 13:18-19.

Uno de los árboles más grandes en el mundo es el “Titán del Norte”, un árbol sequoia en el norte de California que mide 7.2 m en diámetro y 94 m de altura. Es difícil imaginar que estos magníficos árboles—algunos tienen más de mil años de antigüedad—en algún tiempo fueron una pequeña semilla. 

La semilla de mostaza, aunque es pequeña, se convierte en un árbol que puede llegar a medir tres metros de altura. Cristo usa el ejemplo de la semilla de mostaza ya que era parte de los dichos proverbiales de los Judíos, y se consideraba una de las semillas más pequeñas con la que estaban familiarizados en esa cultura.

Jesús compara el Reino de Dios con el crecimiento impresionante de la semilla de mostaza. La comparación es esta: igual como la semilla de mostaza es pequeña, el Reino de Dios representado y predicado por Jesús parecía serlo también. Recordemos que Cristo sólo tuvo doce apóstoles, y uno le traicionó. Parecía ser un movimiento insignificante, popular entre los pobres y necesitados, pero rechazado por la sociedad en general.

Pero así como la semilla crece, Cristo profetizó que el Reino de Dios crecería. ¡Y vaya que se cumplió su profecía! Hoy, 2,000 años después, hemos no solamente escuchado de Cristo sino creído en Él. Hoy en día hay millones de Cristianos en el mundo, y eso sin contar los millones más que han creído y creerán en Él.

Somos parte de algo grande. El Reino de Dios, el cual se manifiesta en parte en la Iglesia, sigue creciendo. Está explotando en el llamado “Sur Global”, en China y en muchos otros países.

Los domingos cuando te reúnes con la iglesia, recuerda que somos parte de algo especial. Somos parte de un cuerpo que sigue creciendo. Un cuerpo amado por Dios. Eres parte de algo más grande de lo que te imaginas. Dale a Dios gracias por ello.

Cristo, Causa de División

Jesús dijo, “¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión” Lucas 12:52.

Todos anhelamos la paz. Es increíble pensar que en cien años se han combatido dos guerras mundiales e incontables guerras menores y civiles. Muchas familias han sido destrozadas por causa de la guerra, y hoy en día muchas personas están siendo desplazadas debido a guerras territoriales. 

Quizá nos extrañan las palabras de Cristo en Lucas 12:52 ya que recordamos que en otra ocasión dijo, “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27). Entonces, ¿de qué se trata? ¿Vino Cristo a traer paz, o no?

Para llegar a la solución, simplemente hay que leer bien. Cristo dijo, “Pensáis que he venido para traer paz en la tierra”. Esto es importante. El Señor desde su venida a la tierra hasta hoy ha sido causa de división. Mucha gente ha sido perseguida (y hoy también) por el nombre de Jesús. Hay personas que han sido expulsadas de su casa, ridiculizadas por amigos, o inclusive encarceladas y martirizadas por creer en Cristo. El mensaje de Jesús es divisorio. Es controversial. 

En parte Cristo causa división porque su mensaje es exclusivo. Cristo dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). ¿Pero qué de la religión o las buenas obras? No. Sólo a través de Cristo. En un mundo que festeja la pluralidad, ¡por supuesto que este mensaje causa división!

Pero entonces, ¿qué de la paz? Cristo, cuando habla de dar paz, habla de paz espiritual (Juan 16:33; Col. 3:15), y paz con Dios (Is. 53:5; Rom. 5:1).

En su primera venida, Jesús vino a traer división por su mensaje pero paz interna a los que creen en su mensaje. En su segunda venida, Él vendrá a establecer paz en la Tierra y reinar con aquellos que han creído en Él.

Así que si eres creyente, debes saber que el mensaje de Cristo trae dificultad, pero puedes estar tranquilo y saber que tienes la paz de Dios en tu corazón, la cual siempre triunfa.

Prioridades

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” Lucas 12:15.

Mi papá me contó la historia de un hombre que en una ocasión sacó su cartera de su bolsillo, la elevó, y dijo: “Este es mi dios”. 

Aunque no muchos expresan su amor al dinero de la manera tan gráfica que este hombre lo hizo, la avaricia es una realidad en la vida de muchas personas.

Muchos de los países Latinoamericanos tienen problemas horribles de corrupción. ¿Por qué? Por la avaricia. El diccionario de la Real Academia Española tiene una definición muy interesante para la palabra avaricia: “Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”.

Hoy en día el sueño mexicano es igual al llamado sueño americano: tener más cosas. Sin duda alguna no es pecado disfrutar del resultado del esfuerzo honesto (Ec 2:24), y por supuesto que Dios quiere que disfrutemos de lo que nos da (1 Tim 6:17), pero cuando el trabajo se convierte una obsesión con el objetivo de obtener más dinero, entonces la ruina espiritual y moral está a la esquina.

Amar al dinero tiene terribles consecuencias. La Biblia dice, “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). Es irónico que el amor al dinero traiga dolores, ya que mucha gente busca el dinero precisamente para evitarlos. El amor al dinero es tan fuerte que puede atrapar a quienes dicen conocer a Cristo. Por eso dice Pablo que algunos “se extraviaron de la fe”.

Nuestra actitud hacia el dinero debe ser como la de un administrador. Debemos saber que el dinero que tenemos le pertenece a Dios, y que somos responsables de usarlo bien. Así que debemos de primeramente separar nuestra ofrenda a Dios, y luego usar nuestro dinero debidamente, disfrutándolo y administrándolo para la gloria de Dios.

Pídele a Dios que te ayude a administrar tu dinero correctamente, y a verlo de una manera bíblica.

El Espíritu en Nosotros

“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” Romanos 8:9b.

Caminaba con un amigo por las calles de un pueblo en las montañas de San Luis Potosí invitando a las personas a un evento especial que se llevaría a cabo en una iglesia a la cual ayudábamos en ese tiempo. Un señor de ojos de color y tez blanca nos detuvo y nos preguntó si éramos Cristianos. Al decirle que sí, nos dijo que él también, y nos preguntó si teníamos la borrachera del espíritu. Al instante supe que algo andaba mal. Pronto el hombre comenzó a balbucear y a hablar incoherencias, así que nos retiramos de allí algo tristes, con el hombre gritando a nuestras espaldas.

Hoy en día hay mucha confusión en cuanto al Espíritu Santo. Mucho de lo que se hace en nombre del Espíritu es en realidad una blasfemia contra Él.

La Biblia enseña que aquellos que verdaderamente son Cristianos tienen al Espíritu Santo morando en ellos. Aquellos que se han arrepentido y han creído en Cristo de todo corazón han sido sellados por el Espíritu. Pablo lo dejó muy claro: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

El verdadero creyente sabe que no necesita de “segundas unciones”, extrañas manifestaciones o cualquier otra señal extra-bíblica para saber que tiene al Espíritu. 

El Espíritu Santo está bastante involucrado en la vida del Cristiano. Por ejemplo, es el Espíritu quien nos da la fortaleza para vivir una vida espiritual y no carnal (Rom 8:9a). Él nos ayuda a pedir cuando no sabemos cómo hacerlo (Rom 8:26). Y hay muchas otras funciones que Él hace en nuestras vidas.

Es una maravilla saber que tenemos a un Consolador junto a nosotros (Jn 14:16). No importa qué clase de día has tenido o estás por tener, hay algo que debes saber por seguro: si eres de Cristo, no estás solo.


Si hoy pasas por una dificultad, recuerda: no estás solo. Dios está contigo.  

La Mies es Mucha

“Las mies [cosecha] a la verdad es mucha, mas los obreros pocos” Mateo 9:37.

Hoy en la tarde, pasando por un crucero, me encontré con un joven vestido en una toga café. En la frente tenía pintado un punto de color también café. Me dijo que por una donación de cualquier cantidad podía obtener uno de los libros que ofrecía. Libros acerca de espiritualidad, reencarnación, y meditación trascendental.

Este muchacho estaba bastante seguro de lo que creía, o al menos así parecía, pues no le daba pena andar por las calles vestido de esa manera. Y sin embargo, la filosofía que creía estaba completamente errada.

Hoy vivimos en un mundo de tolerancia. Un mundo en donde todas las ideas son igualmente válidas, en donde todos los caminos llevan a Roma, y en este caso, Roma es el cielo o algo parecido. No hay absolutos. Todo es relativo. Todo es bueno dependiendo del punto de vista.

El mundo anda sediento, buscando algo que satisfaga su deseo interior de encontrar significado en la vida. El mundo encuentra su satisfacción en la religión, el dinero, la familia, la fama, las drogas, el entretenimiento, y en casi cualquier cosa.

Cristo decía hace dos mil años que la cosecha estaba lista para ser recogida, pero no había suficientes obreros. ¡El día de hoy es igual!

¿Dónde está la cosecha? La cosecha es tu primo, tu amigo de la facultad, tu compañero de trabajo, tu vecino, la gente a tu alrededor. ¿Y los obreros? Los obreros somos nosotros.
De alguna u otra manera puedes llegar a la cosecha. Quizá es invitando a tu amigo a un café, o dejando un folleto en el restaurante, o quizá escribiendo algo en tu página de Facebook. Pero de alguna u otra manera, debes de ser uno obrero listo y disponible para cosechar.

¿Qué vas a hacer hoy para ser un obrero de Dios?

El Pastor de las Naciones

“Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra” Salmo 67:4.

Leer las noticias internacionales no trae mucha alegría. Hoy en la mañana leí las noticias, y como siempre, es difícil encontrar una nota alegre. Mientras escribo esto, Siria se encuentra en guerra y se cree que ha utilizado armas prohibidas contra sus enemigos; las Naciones Unidas debaten la legalización de drogas; Turquía se ha disculpado por la violencia que usó contra manifestantes; y esos son sólo los titulares.

Muchos Cristianos padecen de pesimismo. Ven la decadencia moral en el mundo y no tienen nada bueno qué decir, mas que esperar la venida de Cristo y aguantar mientras que Él viene.

Hay que mantener un balance de perspectiva. Es verdad que el mundo está en pecado, y sin duda el mundo como lo conocemos será destruido y renovado…

¡Pero mira lo que dice el Salmista! Alégrense y gócense las naciones. Estas son palabras de júbilo y alegría. De hecho la palabra “gócense” es la palabra Hebrea ranan, que quiere decir “gritar de alegría”. Es un grito fuerte y claro, para que sea oído por otros. Inclusive esta palabra puede significar “cantar con fuerza”.

¿Y qué causa tanto júbilo? Dos cosas. Primero, que Dios va a juzgar con equidad, con rectitud, sin parcialidad. En un mundo de injusticia e impunidad, el saber que hay un Dios justo que todo lo ve nos debe causar tremenda alegría.

La segunda razón es que Dios pastoreará a las naciones. Pastorear quiere decir conducir o guiar. Sí, aunque en el mundo hay guerra, terrorismo, y maldad, Dios está guiando a las naciones de acuerdo a su plan soberano. Dios es el que “muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes” (Daniel 2:21).

Los Cristianos debemos de ver el futuro con suma alegría. Inclusive gritar de alegría, porque sabemos que tenemos un Dios que es el Juez y Pastor de las naciones. Qué gloriosa verdad.

¿Vale la Pena?

“Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas 9:25.

“Cuando Alexandro vio lo vasto de su imperio, lloró, pues no había más mundos qué conquistar”. Aunque esta frase quizá es espuria, se atribuye al gran conquistador Alejandro Magno. Hay pocos hombres en la historia de la humanidad que han gobernado la mayoría del mundo conocido, y a muchos de ellos los recordamos, pero ya no son más que eso: historia. Sus imperios han desaparecido, y sus tesoros han sido robados o están en exhibición en algún museo.

Una de las más grandes ambiciones del ser humano es tener más cosas. Hay una frase en inglés que dice, “El que tiene más juguetes gana”. Es decir, el que tiene más dinero, más carros, más tierras, más gente, más aparatos, gana. Pero… ¿qué gana?

El Señor Jesucristo dice, “El que me tiene a mí gana”. Porque al final, lo único que perdura es el alma, y los únicos tesoros que no se destruyen son los espirituales.

Por eso dijo Jesús, “Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín [óxido] corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:20).

¿Cómo podemos hacer tesoros en el cielo? Haciendo las cosas para la gloria de Dios. La Biblia dice, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24). 

Toma la Cruz

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9:23.

Cuando se trata de compartir el Evangelio con otros, Jesús nos deja perplejos. Hoy en día escuchamos muchos “Evangelistas” que presentan el Evangelio como una alternativa fácil y bonita a la vida. Una especie de garantía a la mejor vida, como si convertirse en Cristiano fuera como ganarse unas vacaciones de por vida.

Cuando Cristo comparte su Evangelio, casi parece que no quiere que la gente se convierta. A unos les pide que vendan todo lo que tienen (Mat. 19:21), a otros que aborrezcan a su familia (Lu. 14:26), y en Lu. 9:23, Él pide negarse a uno mismo y tomar la cruz.

¿Por qué? La respuesta es sencilla. Cristo busca verdaderos discípulos. A Él no le interesa cantidad sino calidad. No está interesado en aquellos que “dicen” querer seguirlo, sino en aquellos que de corazón lo buscan. Como dijo el Salmista, “Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan” (Salmo 119:2).

Negarse a uno mismo es vivir para la ventaja de Cristo. En otras palabras, es vivir por y para Cristo, en lugar de por y para mí. Es estar dispuesto a hacer lo que Jesús me manda sabiendo que es lo mejor, y reconociendo que es lo que verdaderamente trae gozo al alma.

Quizá para nosotros la expresión “llevar la cruz” no es tan impactante como para los que la escucharon de boca de Jesús. En aquellos tiempos los criminales caminaban por las calles llevando un madero a sus espaldas mientras eran humillados por los soldados y la gente. Una persona que llevaba su cruz sabía que sólo tenía un destino: la muerte. 

De igual manera, el que quiere seguir a Cristo debe estar dispuesto a sufrir humillación, desprecio, e inclusive la muerte misma, por causa de Jesucristo. El Cristiano que lleva la cruz tiene una mentalidad decidida y sabe que ya no hay marcha atrás.

Pídele hoy a Dios que te de la poderosa gracia de Jesús para vivir una vida así: en negación, y con la cruz en la espalda.