Cómo tratar a tu enemigo



Hace poco una persona que prácticamente no conozco me insultó. Me acusó de ser un reprobado mental, una persona con falta de iluminación, un mentiroso, engañador, y para coronarlo todo, un incrédulo. Todo porque no compartía una de sus opiniones.

¿Alguna vez has sido insultado? Probablemente sí. Muchas veces reaccionamos con enojo, incredulidad, o caemos en depresión. O una mezcla de las tres.

Éste episodio me hizo pensar: Siendo cristiano, ¿cómo debo responder a ésta situación? Aunque no considero un enemigo al hombre que me insultó, su feroz antagonizmo hacia mi persona me llevó a meditar en las palabras de Cristo narradas en Mateo 5:43-48.

(43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. (44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; (45) para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (46) Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? (47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Fuertes declaraciones, ¿no? En este pasaje, nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos enseña una sencilla lección, pero una bastante radical. Cristo nos dice: debes amar a tus enemigos.

La pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué debo amarlos? Bien, veamos tres razones.

Cristo lo Manda (versículos 43-44).
El mandamiento es bastante claro. Cristo dice, No debes aborrecer a tus enemigos, sino todo lo contrario. Por cierto, dice vuestros enemigos. No está hablando hipotéticamente de malas personas en el mundo, sino de personas que personalmente te odian.

Cristo entonces da cuatro acciones que debemos tener hacia nuestros enemigos. ¿Cuales son?

  • Amar. Este debe ser un amor real y no fingido. Nada de decir entre dientes, “¡Que te vaya bien!” y entre susurros, “Que te vaya mal que te pique un animal”. ¡No! Debe ser un amor verdadero que brote del corazón.
  • Bendecir. Debemos de bendecir a los que nos maldicen. Literalmente, “a los que [te] están maldiciendo”. En una ocasión me encontraba con un grupo de amigos de la iglesia en un pequeño pueblo al norte de México, compartiendo a Cristo en la calle. Un hombre en una bicicleta azul se me acercó y preguntó qué hacía. “Estamos compartiendo acerca de Jesús”, le respondí. Y así de la nada el hombre comenzó a maldecirme. Me tomó por sorpresa. No me lo esperaba para nada. Después de un rato, ya que el hombre se había desahogado, logré hablar con él un poco. Pero me maldijo de nuevo y se fue. Cristo dice, “¡Bendigan a los que los estén maldiciendo!”
  • Hacer bien. ¿A quienes? ¿A nuestros amigos, familiares y cuates? Bueno, ser bueno con ellos no es malo, pero aquí Cristo dice que debemos ser buenos con los que nos aborrecen. Ésa es una palabra bastante fuerte. Quiere decir, “Detestar; odiar”. Antiguamente, en el idioma Griego, había una expresión que se usaba con la idea de aborrecer. La expresión era, “Escupirle en el corazón a alguien”. ¡Qué imagen más horrible! Sin embargo, Jesús dice, Haz bien inclusive a los que te escupen en el corazón. Van tres y falta una más.
  • Orar. ¿Por quienes? Por los que nos abusan. Por los que nos tratan mal. Hoy en día miles de nuestros hermanos alrededor del mundo son perseguidos, torturados, y asesinados sin piedad por causa de Cristo. Oremos por nuestros hermanos, pero también por quienes los persiguen. Que Dios tenga misericordia de ellos y se conviertan.


Ya vimos que debemos amar a nuestros enemigos porque Cristo lo manda. Pero sabes, Dios no solamente manda, Él tambien pone el ejemplo. Ésa es la segunda razón por la cual debemos de amar a nuestros enemigos.

Dios lo Ejemplifica (v.45).
Dios demuestra su amor sobre buenos y malos. En la teología, hay una doctrina que llamamos la “gracia general”[1] de Dios. Se refiere a la benevolencia que Dios tiene para con todos: ricos, pobres, buenos y malos. Por ejemplo, Él hace llover sobre todos, Él da vida a todos (cuando podría fulminarnos por nuestro pecado), Él le da a todos la capacidad de amar, disfrutar, etc. Todas éstas cosas son regalos de Dios sobre todos, sin importar si la persona es un filántropo o un sicario.

No tratar a los malos con benevolencia es reflejar mal el carácter de nuestro Padre celestial. Ésto no quiere decir que Dios no sea justo y que los vaya a juzgar si no se arrepienten. Tampoco quiere decir que no debamos buscar justicia en la tierra. Sin embargo, aún así debemos de demostrar amor por aquellos que nos odian.

Hay una razón más por la cual debemos amar a nuestros enemigos.

No somos como el mundo (vv. 46-48).
En el v. 46 vemos que amar a aquellos que nos aman es lo normal. Hasta los pecadores hacen lo mismo. El versículo 47 tiene una idea similar. Ser amable con la gente que conoces es bueno... pero no tiene nada de especial. Éste comportamiento, por lo tanto, no tiene recompenza. Como dijo Cristo en otro pasaje, “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Luc. 17:10).

Jesús nos dice que no debemos de comportarnos como el mundo normalmente se comporta. El estándar del Cristiano es más alto, ya que no somos como el mundo. Jesús dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Quizá digas, "¡Eso es imposible! ¡Nadie es perfecto!" Tienes razón. Jesús aquí no está diciendo que debemos llegar a un punto de nuestra vida en la que ya no pequemos. Eso contradeciría otros pasajes de la Biblia.[2] Lo que Jesús está diciendo es que debemos de aspirar a ser perfectos ya que nuestro Padre lo es. Debemos de esforzarnos en hacer aquellas cosas que Dios nos manda.

Sin embargo, tratar de cumplir este mandamiento de ser perfectos sería completamente imposible de no ser por la gracia de Cristo. En cierto sentido, con éste mandato Cristo nos está apuntando hacia Él mismo. ¡Sin Cristo no podemos realmente amar a nuestros enemigos! Necesitas de Su gracia, de Su ayuda, del poder de Su Espíritu, de lo contrario te frustrarás mucho, o te convertirás en un legalista.

Así que, ¿cómo debes tratar a tus enemigos? Los debes de amar. ¿Por qué? Porque Cristo lo manda, Dios lo ejemplifica, y porque no somos como el mundo sino debemos ser como Cristo.

Te dejo con una pregunta. Si así debemos de tratar a nuestros enemigos... ¿qué del resto de las personas? ¿Qué de esa persona que te cae mal? ¿Qué de tu papá, mamá o hermano que te exaspera? ¿Qué de tu jefe que siempre se enoja por la nada? ¿Qué de tu hijo que no te obedece?

Pienso que la respuesta es obvia.



[1] Típicamente se le llama “Gracia común”, la cual es una referencia no a su inferioridad, sino al hecho de que es otorgada a todos por igual. No me gusta mucho el término “común” en español porque se presta para ser malentendido, es por eso que prefiero “general”.
[2] Esta forma de pensar, llamada "Perfeccionismo", contradice varios pasajes, por ejemplo, 1Jn. 1:10, “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Sermón: El Pecado Imperdonable

¿Cual es el pecado imperdonable? ¿Cómo se comete? ¿Quién lo puede cometer? En este pasaje Cristo explica lo que es, y quienes lo cometen.

 

PDF del sermón: click aquí.

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Sermón: El Llamado Radical de Cristo

El llamado al Reino de Dios es radical. En este pasaje, Mateo el publicano ejemplifica éste llamado. ¿Has tu respondido al llamado de Cristo?




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