Porque somos como somos


Ayer comí con un amigo que se dedicaba a transportar carga en México. Me contó cómo con el paso del tiempo se hizo amigo de varios federales de caminos. —No recuerdo un solo federal que no fuera corrupto—me dijo.

—Y los federales, ¿cómo eran? ¿Gente mala, buena…?—le pregunté.

—Pues, gente normal—me respondió.

No sé por qué a veces pienso que la gente corrupta debe ser de lo peor, no sé, personas machistas que golpean a su “vieja” y que lo único que saben hacer bien es tomar alcohol. Y aunque es verdad que una persona corrupta es una persona que no tiene honor, sino sólo precio, muchos (no todos) de ellos son gente normal.

Disfrutan ver juegos de futbol en familia, con una carnita asada. Se ríen de chistes. Le dan un beso a su hijo antes de mandarlo a la escuela.

Y eso es una tragedia. Es una tragedia cuando una sociedad ha aceptado la corrupción como una norma de vida. Es una tragedia cuando ser honesto es la excepción, algo que se ve como una tontería, un chiste.

Puede que yo sea un idealista, pero uno de los personajes de mi novela corta, “El Artista de la Muerte”, es un policía honesto. Creo que existen, y que hay varios. Y espero que los números sigan creciendo hasta hacer de la corrupción lo que debe ser: una anomalía.

Bien dice el dicho, “Estamos como estamos porque somos como somos”. Para que nuestros países se queden estancados, sólo se necesita que la sociedad se quede sin hacer nada.


No hay comentarios: