"¡Que venga él a mí" (Parte A)


Serie: "Frases Míticas que los Cristianos Dicen". Parte 3a

Tú y yo hemos ofendido a otros muchas veces. Y probablemente hemos sido ofendidos un buen número de ocasiones también. La Biblia dice, “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Santiago 3:2).

¿Cual es tu reacción cuando alguien te ofende? Hace algunos años una persona me contó de un problema que tenía con un amigo. “Me dijo esto y aquello, así que estoy molesto con él”.

“¿Vas a ir a hacer la paces con él?”, le pregunté.

“No”, me contestó. “Él me ofendió a mí. ¿Por qué voy a ir yo a él? ¡Que venga él a mí!”.

Ése actitud es incorrecta a la luz de las Escrituras. Obviamente es lo que nos gusta, porque lo que queremos muchas veces no es reconciliación, sino humillación. Queremos que la otra persona se sienta mal y nos pida perdón para que podamos sonreír internamente y sentirnos superiores. Sentirnos que estábamos en lo correcto, y que la persona que nos ofendió recibió su merecido.

Vamos a contestar dos preguntas. Primero, ¿cuántas veces hay que perdonar? Segundo, ¿cual es el método a seguir?

Remontémonos al tiempo de Cristo y sus apóstoles. En Lucas 17, Cristo decide enseñarle a sus discípulos acerca del perdón. “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (vv. 3-4).

Trata de imaginar el escenario puesto por Cristo. Digamos que una persona que conoces--miembro de la iglesia--trabaja contigo. Por la mañana al llegar al estacionamiento te grita porque inadvertidamente te estacionaste en su puesto. Minutos después te pide perdón: “No debí haber reaccionado así, perdóname”. Así que lo perdonas. Una hora después te vuelve a gritar por algo, y esta vez en público. Media hora después te pide perdón. A la hora de la comida, ésta persona decide hacerse la graciosa y “sin querer” te golpea en la espalda cuando tomabas tu refresco, el cual se derrama en tu camisa. Todos se ríen. Pero después, sí, viene arrepentido y te pide perdón.

¡Y así siete veces! ¡En un mismo día! Cristo no dice, “A la cuarta, ya se la puedes regresar”. “A la quinta, te puedes enojar”. “A la sexta, dile que ya le queda solamente una”. Jesús no dice que le puedes poner condiciones. "Si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti diciendo: Me arrepiento; perdónale".

Los discípulos no lo podían creer. ¡Lo que Cristo pedía era demasiado radical! Su respuesta fue: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). En los siguientes versículos (6-10) Cristo deja en claro que no se trata de cantidad de fe, sino de obediencia.

Ahora bien, el propósito de Jesús no era limitar el perdón a sólo siete veces. Esto es claro en Mateo 18, en donde Pedro le pregunta a Jesucristo, “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” (18:21). 

Para Pedro, perdonar siete veces era el límite. Tal vez pensaba que eso era lo que Cristo quería. Además, los Rabinos de aquel entonces pensaban que perdonar más de tres veces era innecesario, ya que según ellos Dios había solamente perdonado tres veces a los enemigos de Israel.

Cristo le responde en hipérbole: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (18:22). El punto de Cristo no es que solamente se deba perdonar 490 veces, o siete a la setenta potencia, el punto es que hay que perdonar siempre.

“¿Cómo siempre?” te preguntarás. Así como se oye: siempre.

“¡Pero eso es imposible!” Déjame preguntarte: ¿cuántas veces te ha perdonado Dios? ¿Siete? ¿Cuatrocientos noventa? ¿Miles? Pero Dios no se cansa. Te perdona, te perdona, y te vuelve a perdonar.

Si Dios nos ha perdonado tanto (todos nuestros pecados), ¿cómo no podemos nosotros perdonar?

Sí, la enseñanza acerca del perdón que Cristo enseña es radical, pero su amor también lo es. Te aseguro que jamás perdonarás a nadie en el mundo más veces de las que Cristo te ha perdonado a ti.
Así que hay que perdonar siempre.


En el próximo post examinaremos el patrón específico que Cristo nos da a seguir cuando alguien ha pecado contra nosotros.

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Parte 2: "¡Así soy yo!"


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