Satisfaccion en Cristo

Cuando caemos en pecado (lo cual sucede a diario), es una tontería no confesarlo delante de Dios. Es verdad que uno se siente culpable por haber violado la Ley de Dios, pero hay que reconocer que ése sentido de culpa es la obra del Espíritu redarguyéndonos. Así que lo mejor es actuar rápidamente y ponernos a cuentas con Dios (recuerda lo que dice Prov 28:13).

Cuando sabes que Dios es un Dios que se deleita en perdonar, el sentimiento de paz que proviene del perdón es inigualable. Sin duda que todo pecado tiene sus consecuencias, pero cuando Dios perdona, Él ya no castiga, ya que si castigara querría decir que no nos ha perdonado (Ps 103:12; Ps 32:1; Is 53:6; Rom 8:1).

Para mí, una de las bendiciones más grandes del perdón es el darme cuenta que solamente Cristo satisface verdaderamente. Aunque el pecado me seduce y me promete placer o felicidad, al final sólo me trae un sentido vacío.

Pero con Cristo no es así. El tener una relación íntima y sin obstrucciones con Él trae felicidad y gozo.

Así que odio pecar. Pero cuando lo hago y vengo a Él en busca de perdón, y al hallarlo inmediatamente, una vez más recuerdo que en Cristo encuentro no solamente salvación, sino también satisfacción.

El Valle de la Visión: La Trinidad (Parte 1)

La siguiente es una oración puritana:

Tres en Uno, Uno en Tres, Dios de mi Salvación, 

Padre celestial, bendito Hijo, eterno Espíritu, 
Te adoro como un Ser, una Esencia, 
un Dios en tres distintas Personas, 
por traer a pecadores a tu conocimiento y tu reino. 
Oh Padre, tu me has amado y enviado a Jesús a redimirme; 
Oh Jesús, tu me has amado y tomado mi naturaleza, derramaste tu propia sangre para limpiar mis pecados, trajiste justicia para cubrir mi indignidad; 
Oh Espíritu Santo, tú me has amado y has entrado en mi corazón, implantaste allí vida eterna, y me revelaste las glorias de Jesús. 
Tres Personas y un Dios, te bendigo y adoro, por un amor tan inmerecido, tan inexpresable, tan increíble, tan poderoso para salvar a los perdidos y resucitarlos a gloria. 

"The Trinity", The Valley of Vision (El Valle de la Visión). Mi traducción.

El Deleite en la Ley


La semana pasada, como parte de mi lectura diaria, leí el Salmo 119, y una vez más me llamó mucho la atención el deleite y la alegría que el salmista encuentra en la ley de Dios. El salmista una y otra vez habla de cómo se deleita en cumplir la ley de Dios, en leerla, en meditar en ella, ¡es casi como si estuviera completamente enamorado de la ley!

¿Y por qué es esto tan raro, al menos para mí? Porque estamos hablando de la ley. Con todas sus reglas, mandamientos y rituales. ¿Quién de nosotros no batalla al leer el Pentateuco? Hay partes en las que uno necesita todos los poderes de concentración para no dormitar. Además, son tantos los mandamientos que es difícil mantenerlos todos en mente; uno fácil pierde la cuenta de cuántos son. Sin embargo, en otro salmo se nos dice que los mandamientos son "deseables más que el oro" y "dulces más que miel, la que destila del panal" (Salmo 19:10).

Creo que en parte no podemos concebir tal deleite en la ley porque en el Nuevo Testamento vemos a los fariseos, quienes tenían una obsesión por la ley que había llegado a convertirse en pecado. ¡Qué tragedia! Los fariseos, al menos muchos de ellos, eran gente hipócrita que en lugar de seguir la ley, habían puesto sus tradiciones por encima de ella.

Así que el problema no estaba en la ley, sino en que los fariseos le habían añadido a ella. La ley en sí es perfecta y pura, y un reflejo perfecto de la santidad de Dios. Cristo mismo dijo, "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo 5:18). Y agregó, "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mateo 5:17).

Dicho esto, hay que poner en claro que la ley nunca fue suficiente para salvar a nadie. Pablo nos aclara que la salvación siempre ha sido por gracia, inclusive en el Antiguo Testamento (Pablo discute esto en Rom 4).

¿Y qué de nosotros, hoy en día? Primero que nada, la ley del Antiguo Testamento ya no tiene yugo sobre nosotros, y ha cumplido su propósito en los cristianos, el cual es apuntar a Cristo, mostrarnos nuestro pecado y traernos a Cristo. Pero eso no quiere decir que esté completamente abrogada, ya que ésta debe seguirse tomando en cuenta pues refleja a Dios, ya que Él es inmutable. Es decir, la ley del Antiguo Testamento sigue siendo muy importante hoy en día.

Además, la Palabra enseña que estamos bajo la ley de Cristo (1 Cor 9:21; Gal 6:2). Hay muchos que, en nombre de la libertad cristiana, cometen todo tipo de pecado sin darse cuenta que su libertad es falsa. Para el verdadero creyente, la libertad se encuentra en cumplir la ley de Cristo. Y ésta ley no es una pesada carga, sino todo lo contrario. El Apóstol Juan dijo, “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn 5:3).

No son gravosos para aquellos que tienen el deseo de ser como Cristo. Para el mundo los mandamientos de Dios son locura. Inclusive para el creyente son difíciles. Nadie ha dicho que bendecir a los que nos maldicen es fácil. Que hacer bien a los que nos aborrecen es fácil. Que poner la otra mejilla es fácil. Sin embargo, para el creyente, la ley de Cristo es un yugo fácil y una carga ligera (ver Mat 11:30), ya que uno no la carga sólo. Cristo siempre nos da de su gracia para poder hacer lo que Él nos manda que hagamos. Jamás nos deja solos.

¿Y qué de ti? ¿Te deleitas en cumplir los mandamientos de Cristo? ¿Meditas en ellos? Te esfuerzas (por la gracia de Cristo) en amar a Dios sobre todo y amar a tu prójimo como a ti mismo?

Piensa en la comida más deliciosa que puedas imaginar. Lo que más te gusta. Ahora piensa si estarías dispuesto a no comer ésa comida con tal de ayudar a alguien necesitado, o con tal de perdonar a alguien, o con tal de mostrar amor a un niño. Ojalá puedas decir como el salmista que los mandamientos de Dios son “dulces más que la miel, y que la que destila del panal”.



Cuando no puedas dormir...

Últimamente he tenido problemas para dormir por la noche. No, no son pesadillas, tampoco por tomar café antes de dormir. Simplemente me da insomnio, el cual corre en mi familia. Pero, como diría el Chavo (¿o el Chapulín?), a veces hay que tomar las cosas por el lado amable.

Así que, para ustedes que padecen o han padecido de insomnio, o si alguna vez se les ocurre la locura de tomarse un expresso a éso de las nueve de la noche, aquí les va una breve lista de cosas qué hacer en ésas horas en donde los párpados no se quieren quedar cerrados.

  • Recitar. A mí me gusta recitar las porciones Bíblicas que he memorizado, ya sea un Salmo, o alguna porción en una Epístola, etc. Recitar la Escritura trae paz.
  • Leer. Primero, la Biblia. Recomiendo los Salmos. De ésa manera puedes transicionar de la lectura de un Salmo a...
  • Oración. Usa el Salmo que leíste como modelo para orar. Alaba a Dios por las cosas que el Salmista lo alaba. Puedes aprovechar la noche para ponerte a cuentas con Dios, arrepentirte de pecados que vengan a la mente, y pasar un tiempo de comunión.
  • Leer otro libro. Si de plano no haz podido dormir, le toca el turno a alguna buena novela. Tal vez una novela de misterio, ya que éstas se leen mejor en el silencio de la noche.
  • Escribir. Si tienes blog, problema resuelto. Haz lo que yo estoy haciendo en estos momentos. Pero hay más opciones. A mí me gusta escribir un diario (aunque no escribo diariamente), así que aprovecho la noche para escribir alguna memoria. Si te gusta la poesía, pues aprovecha la quietud de la noche para escribir ése poema que dejaría a Robert Frost impresionado. Y si la ficción, pues no estaría nada mal agregarle una escena más y unos cuantos diálogos a tu cuento.
  • Salir. Si tienes un bonito patio, podrías salir a sentir el frío de la noche y contar algunas estrellas. La soledad y quietud son buenas en éstos tiempos llenos de ruido, tráfico, y agendas llenas.
Y ahora, qué NO hacer.
  • Tomar más café. Si éso te pasa por la mente, no es insomnio lo que tienes--es delirio.
  • Comer. Un estómago pesado no ayuda a dormir. Algunos dicen que comer una media manzana ayuda, pero francamente no lo he intentado.
  • Cantar. A menos que quieras amanecer al siguiente día sólo para notar las miradas asesinas de tu familia, cantar no es recomendable. Aparte a esas horas un gallo está más entonado que tú.
  • Tocar un instrumento. Los resultados pueden ser muy parecidos al de cantar. Si tienes hermanos o hermanas pequeñas, debes pensar en que probablemente están planeando una venganza, así que si una noche te despiertas con la cara mojada o si tu alarma suena misteriosamente a las 4 am, cúlpate a ti mismo.
  • Contar ovejas. No sé a quién se le ocurrió eso ni por qué es popular, pero nunca me ha funcionado.
  • Ver una película. ¿Y si te quedas picado? Aparte, lo que no quieres es ruido, sino tranquilidad.
  • Serenata. No, ahora no es el momento para hacerlo, te lo aseguro.
Bien, esa es mi lista básica. Si algo más se me ocurre, ya lo agregaré.

¡Buenas noches!

¿Te dices Cristiano?

Esta mañana leí lo que comparto con ustedes. ¿Te dices Cristiano? ¿Sabes lo que éso significa?

"Alguna vez te has detenido recientemente a pensar en lo que dices creer si eres Cristiano? B.B. Warfield lo describió así: Una docena de campesinos ignorantes proclamando a un Judío crucificado como el fundador de una nueva fe; portando como el símbolo de su adoración un instrumento que era el símbolo de la ignominia, esclavitud y crimen; predicando lo que debió parecer una doctrina absurda acerca de la humildad, sufrimiento paciente y amor a los enemigos [...]; demandando lo que debió parecer una adoración absurda a uno que había muerto como malhechor y esclavo, y dando lo que debió parecer una promesa absurda de vida eterna a través de uno quien había muerto, y no sólo eso, sino muerto entre dos ladrones" (Mark Dever, 9 Marks of a Healthy Church [9 Marcas de una Iglesia Saludable]).

Me recuerda lo que dijo Pablo. "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios" (1 Corintios 1:18).