Agradecido


En el otoño del 2004, yo caminaba rumbo al comedor de la universidad en donde ahora trabajo, pensando en lo tonto que había sido.

“Estoy loco”, pensé. Había dejado mi familia, amigos, país, ciudad, y lenguaje para estudiar en un lugar nuevo en donde sólo conocía a una persona. Para ser sincero, yo prefiero las cosas normales. No soy muy aventurero, y aunque no me asusta el cambio, esta vez me había excedido.

Recuerdo perfectamente el lugar en donde me invadió ese pensamiento: a unos quince metros de llegar al comedor, junto al estacionamiento detrás del museo de la universidad. Por varias semanas seguí pensando en lo mismo. Tal vez todavía podía regresar. Decir que todo había sido un error.

Sin embargo algo me detenía: estaba seguro que la voluntad de Dios era que me quedara en donde estaba. Y prefería estar en donde Dios quería y no donde yo en esos momentos deseaba.

Siete años después le doy gracias a Dios porque usó muchas situaciones, además de darme un fuerte deseo en mi corazón, para quedarme. Por supuesto, sigo con los ojos fijos en regresar a mi país para predicar el evangelio, pero éstos años no los cambio por nada. Dios ha bendecido en sobreabundancia con amigos, excelentes profesores, un trabajo que me encanta y una iglesia que es como mi familia.

Así que con estas breves palabras quiero dar testimonio y decir que Dios es bueno y que para siempre es Su misericordia.

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