Cuidado al Hablar


Quisiera darle seguimiento a mi artículo de antier acerca de cómo debe ser nuestro hablar y escribir como cristianos.

¿Qué no era Cristo bastante fuerte en su hablar?
Es cierto que Cristo en ocasiones usó lenguaje fuerte en contra de algunas personas, en especial los fariseos y los escribas. Por ejemplo, en Mateo 12:34 Cristo llama a los fariseos "víboras". En Mateo 23 los llama repetidas veces "hipócritas", además de "ciegos" (23:26) y "sepulcros blanqueados" (23:27). Juan el Bautista llamó a la gente que venía a ser bautizada por él "generación de víboras" (Lucas 3:7).

Algunos se toman de éstos ejemplos y algunos otros para justificar su vocabulario rudo hacia cristianos e incrédulos. Ven en éstos pasajes el permiso para barrer y trapear el piso con aquellos que no piensan como ellos o con quienes tienen algún tipo de desacuerdo. Hay un grupo pseudo cristiano en los EUA que son famosos por tornar los apellidos de sus oponentes en algún apodo ofensivo. Algunos de ellos inclusive no temen maldecir a los que no piensan que la Biblia que ellos usan es la única inspirada que existe. 

Yo no tengo problema con usar lenguaje directo contra aquellos que están en error. Cuando algo es herejía, lo es. Cuando algo es pecado, lo es. Cuando algo es tonto, está bien decirlo. El problema es cómo lo decimos. Así que, si Cristo usó palabras fuertes, ¿debemos nosotros? Ya dije que pienso que es bueno usar lenguaje fuerte y directo en contra del error, pero creo que hay varias cosas que debemos de mantener en mente antes de hacerlo. Aquí van en ningún orden en particular, y la lista no es exhaustiva.

Cristo nos mandó a amar
Las enseñanzas de Jesús en cuanto al amor por el enemigo son radicales. Cada que leo estos pasajes quedo frío. Mateo 5:38:45a dice, 

«Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda. Ustedes han oído que se dijo: "Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo." Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo» (NVI).

El amor es vital en el Cristianismo. Un Cristiano sin amor es una contradicción de términos. Es más, un Cristiano que no ama, no es Cristiano ni conoce a Dios. Dijo el apóstol Juan, “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Jn. 4:7).

En el famoso capítulo del amor, Pablo nos dice que el tener un conocimiento superior de lenguajes, ser profeta e increíblemente inteligente, tener una fe extrema, ser una persona extraordinariamente caritativa, o morir como mártir no sirve de nada si no tenemos amor (1 Cor. 13:1-3).

Cuando leo algunos foros cristianos me da tristeza el ver la amargura que se expresa en los comentarios. Me da tristeza ver Cristianos que aprovechan el internet para tumbar a su iglesia, su denominación, etc., y en lugar de salirse de allí en amor, se salen gritando y chillado como niños chiquitos, haciendo todo el escándalo posible. ¿Es eso Cristianismo? ¿Es ése el ejemplo que nos dejó Cristo? ¿No hemos sido llamados a paz y a estar en paz con todos?

Nuestras palabras deben ser irrepensibles
El rey David exclamó, “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Sal. 19:14). La palabra «gratos» también se puede traducir como «aceptables». A Dios le importa mucho lo que decimos. Nuestro más sincero deseo debe ser pronunciar palabras que sean aceptables delante de nuestro Dios quien es Santo.

El apóstol Pablo nos exhorta: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef. 4:29). ¡Está claro como el agua! Usar malas palabras, maldiciones y groserías es pecar en contra de un estatuto claro de la Palabra de Dios. Santiago nos recuerda que la lengua es un “mundo de maldad” y que es difícil controlarla (Santiago 3), sin embargo Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para salir victoriosos en la batalla en contra de nuestra propia lengua. Nos da su presencia, su Palabra, su Espíritu, promesas, la oración, la meditación, la iglesia, pastores, hermanos, etc., etc.

Cuidado con usar a nuestro Señor como escusa
Somos Cristianos porque queremos ser como Cristo. Él es nuestro ejemplo a seguir. A Él amamos y adoramos. Sin embargo, debemos saber que nosotros no somos Él. Cristo era completamente humano y completamente Dios. Él tenía una percepción de la naturaleza humana que nosotros no tenemos. Es más, el podía ver directamente el corazón de las personas. Cristo podía leer los pensamientos de la gente (Mateo 9:4), inclusive los pensamientos más íntimos (Marcos 2:8). Así que cuando Cristo llamaba a algunos hipócritas, serpientes y sepulcros, era porque estas personas verdaderamente lo eran, y no solamente lo eran, sino que necesitaban oírlo. Cristo no decía nada sin pensar, Él sabía que éstas personas necesitaban oír ésta fuerte reprensión.

Así que nosotros que no poseemos este grado de discernimiento, debemos de tener cuidado y pensar bien lo que vamos a decir. ¿Estamos seguros que lo que vamos a decir representa bien la situación? ¿Estamos seguros que es el momento adecuado para decirlo? ¿Estamos seguros que las palabras que vamos a pronunciar no son un producto de odio o soberbia? ¿Es nuestro propósito verdaderamente reprender, o simplemente humillar para satisfacer nuestro deseo de estar en lo correcto?

Debemos de recordar que aunque Cristo reprendió a los fariseos, no se negó de hablar con Nicodemo y de predicarle el evangelio. Fue Nicodemo quien ayudó a sepultar a Cristo (Jn. 19:39), acompañado de José de Arimatea, quien era también probablemente un fariseo y miembro del Sanedrín (Lucas 23:50). Y no olvidemos a Pablo, un fariseo de hueso colorado (Fil. 3:15) a quien se le apareció Cristo en persona para llamarlo al ministerio.

Hay pocas cosas que me dan más miedo que usar al mismo Señor de nuestra Fe como escusa para usar palabras llenas de odio, soberbia, sarcasmo y malicia para aplastar a otros. Aquellos que lo hacen algun dia darán cuenta de ello. Allá ellos.

Conclusiones
¿Debemos los Cristianos usar en ocasiones lenguaje fuerte? Sí. Pero no hay ningún pasaje que nos de la libertad de ofender, maldecir, o humillar. La Biblia no dice que maldigamos a los que nos maldicen. Que abofeteemos a los que nos golpean. Sin duda, a los que pervierten la fe debemos taparles la boca (Tito 1:11); a los que nos piden razón de la fe debemos de responderles, pero hagámoslo con “mansedumbre y reverencia”. Al final, no importa lo que hagamos, si no lo hacemos con amor, de nada sirve. Así es: de nada sirve.

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