Cuidado al Hablar


Quisiera darle seguimiento a mi artículo de antier acerca de cómo debe ser nuestro hablar y escribir como cristianos.

¿Qué no era Cristo bastante fuerte en su hablar?
Es cierto que Cristo en ocasiones usó lenguaje fuerte en contra de algunas personas, en especial los fariseos y los escribas. Por ejemplo, en Mateo 12:34 Cristo llama a los fariseos "víboras". En Mateo 23 los llama repetidas veces "hipócritas", además de "ciegos" (23:26) y "sepulcros blanqueados" (23:27). Juan el Bautista llamó a la gente que venía a ser bautizada por él "generación de víboras" (Lucas 3:7).

Algunos se toman de éstos ejemplos y algunos otros para justificar su vocabulario rudo hacia cristianos e incrédulos. Ven en éstos pasajes el permiso para barrer y trapear el piso con aquellos que no piensan como ellos o con quienes tienen algún tipo de desacuerdo. Hay un grupo pseudo cristiano en los EUA que son famosos por tornar los apellidos de sus oponentes en algún apodo ofensivo. Algunos de ellos inclusive no temen maldecir a los que no piensan que la Biblia que ellos usan es la única inspirada que existe. 

Yo no tengo problema con usar lenguaje directo contra aquellos que están en error. Cuando algo es herejía, lo es. Cuando algo es pecado, lo es. Cuando algo es tonto, está bien decirlo. El problema es cómo lo decimos. Así que, si Cristo usó palabras fuertes, ¿debemos nosotros? Ya dije que pienso que es bueno usar lenguaje fuerte y directo en contra del error, pero creo que hay varias cosas que debemos de mantener en mente antes de hacerlo. Aquí van en ningún orden en particular, y la lista no es exhaustiva.

Cristo nos mandó a amar
Las enseñanzas de Jesús en cuanto al amor por el enemigo son radicales. Cada que leo estos pasajes quedo frío. Mateo 5:38:45a dice, 

«Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda. Ustedes han oído que se dijo: "Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo." Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo» (NVI).

El amor es vital en el Cristianismo. Un Cristiano sin amor es una contradicción de términos. Es más, un Cristiano que no ama, no es Cristiano ni conoce a Dios. Dijo el apóstol Juan, “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Jn. 4:7).

En el famoso capítulo del amor, Pablo nos dice que el tener un conocimiento superior de lenguajes, ser profeta e increíblemente inteligente, tener una fe extrema, ser una persona extraordinariamente caritativa, o morir como mártir no sirve de nada si no tenemos amor (1 Cor. 13:1-3).

Cuando leo algunos foros cristianos me da tristeza el ver la amargura que se expresa en los comentarios. Me da tristeza ver Cristianos que aprovechan el internet para tumbar a su iglesia, su denominación, etc., y en lugar de salirse de allí en amor, se salen gritando y chillado como niños chiquitos, haciendo todo el escándalo posible. ¿Es eso Cristianismo? ¿Es ése el ejemplo que nos dejó Cristo? ¿No hemos sido llamados a paz y a estar en paz con todos?

Nuestras palabras deben ser irrepensibles
El rey David exclamó, “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Sal. 19:14). La palabra «gratos» también se puede traducir como «aceptables». A Dios le importa mucho lo que decimos. Nuestro más sincero deseo debe ser pronunciar palabras que sean aceptables delante de nuestro Dios quien es Santo.

El apóstol Pablo nos exhorta: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef. 4:29). ¡Está claro como el agua! Usar malas palabras, maldiciones y groserías es pecar en contra de un estatuto claro de la Palabra de Dios. Santiago nos recuerda que la lengua es un “mundo de maldad” y que es difícil controlarla (Santiago 3), sin embargo Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para salir victoriosos en la batalla en contra de nuestra propia lengua. Nos da su presencia, su Palabra, su Espíritu, promesas, la oración, la meditación, la iglesia, pastores, hermanos, etc., etc.

Cuidado con usar a nuestro Señor como escusa
Somos Cristianos porque queremos ser como Cristo. Él es nuestro ejemplo a seguir. A Él amamos y adoramos. Sin embargo, debemos saber que nosotros no somos Él. Cristo era completamente humano y completamente Dios. Él tenía una percepción de la naturaleza humana que nosotros no tenemos. Es más, el podía ver directamente el corazón de las personas. Cristo podía leer los pensamientos de la gente (Mateo 9:4), inclusive los pensamientos más íntimos (Marcos 2:8). Así que cuando Cristo llamaba a algunos hipócritas, serpientes y sepulcros, era porque estas personas verdaderamente lo eran, y no solamente lo eran, sino que necesitaban oírlo. Cristo no decía nada sin pensar, Él sabía que éstas personas necesitaban oír ésta fuerte reprensión.

Así que nosotros que no poseemos este grado de discernimiento, debemos de tener cuidado y pensar bien lo que vamos a decir. ¿Estamos seguros que lo que vamos a decir representa bien la situación? ¿Estamos seguros que es el momento adecuado para decirlo? ¿Estamos seguros que las palabras que vamos a pronunciar no son un producto de odio o soberbia? ¿Es nuestro propósito verdaderamente reprender, o simplemente humillar para satisfacer nuestro deseo de estar en lo correcto?

Debemos de recordar que aunque Cristo reprendió a los fariseos, no se negó de hablar con Nicodemo y de predicarle el evangelio. Fue Nicodemo quien ayudó a sepultar a Cristo (Jn. 19:39), acompañado de José de Arimatea, quien era también probablemente un fariseo y miembro del Sanedrín (Lucas 23:50). Y no olvidemos a Pablo, un fariseo de hueso colorado (Fil. 3:15) a quien se le apareció Cristo en persona para llamarlo al ministerio.

Hay pocas cosas que me dan más miedo que usar al mismo Señor de nuestra Fe como escusa para usar palabras llenas de odio, soberbia, sarcasmo y malicia para aplastar a otros. Aquellos que lo hacen algun dia darán cuenta de ello. Allá ellos.

Conclusiones
¿Debemos los Cristianos usar en ocasiones lenguaje fuerte? Sí. Pero no hay ningún pasaje que nos de la libertad de ofender, maldecir, o humillar. La Biblia no dice que maldigamos a los que nos maldicen. Que abofeteemos a los que nos golpean. Sin duda, a los que pervierten la fe debemos taparles la boca (Tito 1:11); a los que nos piden razón de la fe debemos de responderles, pero hagámoslo con “mansedumbre y reverencia”. Al final, no importa lo que hagamos, si no lo hacemos con amor, de nada sirve. Así es: de nada sirve.

Ortodoxismo Humilde

Hace poco al ver un interesante comentario en el internet, yo también hice uno, y para mi sorpresa casi instantáneamente dos personas me respondieron que estaba en error. Ya que ese era un tema en el cual había estado pensando pero no había tenido el tiempo de estudiarlo a fondo, aproveché la discusión para estudiar mejor mi posición.

Al final, creo que mi posición fue la misma pero un poco más refinada, ya que pude analizar muchos pasajes y asegurarme de que lo que decía era bíblico y no solamente mis pensamientos, pero la verdad la discusión me ayudó mucho, cosa que no pasa a menudo en discusiones por internet.

Lamentablemente, una de las dos personas que criticó mi posición me respondía con sarcasmo y con ésa actitud de “hay, pobrecito”, e inclusive llamó mi posición paganismo. Con cuidado de no responder con sarcasmo (admito que me gusta usar algo de sarcasmo cuando escribo) le respondí que lo que yo creía no era nada nuevo, y que muchos hombres de Dios, incluyendo pastores, teólogos, y comentaristas, creían lo mismo y tenían varios artículos excelentes acerca del tema los cuales podían ser encontrados en línea. Le dije que había sacado mi “posición pagana” de la misma Biblia. Al final, la persona se retiró del debate sin decir una sola palabra más.

Primero que nada, voy a darle el beneficio de la duda a ésa persona. Tal vez simplemente estaba teniendo un mal día. Quizá yo mismo escribí algo que le fue molesto, no lo se. Pero me recordó a las muchas personas que se esconden detrás de la impersonalidad de la red para hacer comentarios hirientes, de mal gusto, etc.

Un ejemplo son los foros de los periódicos. A veces me pregunto si los que comentan son niños de preparatoria (sin ofender para ellos) que no tienen nada mejor que hacer más que escribir tonterías. No puedo creer que haya gente adulta que opine así, de forma tan cruda, ridícula, y de paso llena de mala ortografía.

Lo triste es que uno ve cosas similares en los foros cristianos. No importa el tema, siempre hay una banda de gente supuestamente cristiana que aprovecha que nadie ve su cara para escribir lo que opinan sin una pizca de amor por el prójimo o por aquellos con quien pasarán la eternidad.

Los que más me molestan son aquellos que quieren defender “la verdad”, y aunque a veces estoy de acuerdo con ellos, su forma de escribir es ofensiva y carece de amor.

Hay algunos que se jactan de ser honestos y de decir lo que les viene a la mente. ¿Qué opina Dios de ellos? Bueno, Dios le da más esperanza a un necio que a una persona así. Dice la Biblia, “¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así!” (Prov. 29:20, NVI).

Jamás pensemos que tenemos el derecho a decir o escribir algo sin amor. Debemos saber que inclusive cuando debatimos con alguien que no es cristiano, ya sea un ateo, mormón o testigo de Jehová, debemos hacerlo con “mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15). Y si así debe ser con los incrédulos, ¿cómo no será igual para con los hijos de Dios?

Josh Harris ha popularizado el término “Ortodoxismo Humilde”, que aunque suena un poco extraño en español, expresa una gran verdad. El tener una “sana doctrina” no nos debe hacer jactanciosos, sino humildes. Aquellos que teniendo la verdad, la usan para enaltecerse, no han entendido la gracia de Dios. Así que ya sea que comentemos en un foro público o cristiano, ya sea que hablemos o escribamos, mantengamos en mente que como representantes de Cristo debemos de mostrar el amor que Él demostró en la cruz.


NOTA: Para leer gratis (en inglés) el capítulo titulado Humble Orthodoxy por Josh Harris, ir aquí: http://www.joshharris.com/2010/07/free_chapter_from_dug_down_dee.php

Gente Sedienta

El sol pegaba duro y no traía mis lentes de sol o una cachucha. Caminaba por el barrio de remolques solo, ya que mi amigo y una amiga habían hecho pareja para tocar puertas, pero como los demás se quedaron con los niños, a mí me tocó andar solo.

Me sentía contento ya que muchos niños habían venido a la escuelita bíblica, incluyendo a Braulio, su hermanito y su mamá, junto con muchos otros niños, algunos nuevos y otros que han estado viniendo por ya un buen tiempo. De hecho, yo soy de los nuevos ya que tengo muy poco ayudando en éste ministerio.

Llegué a una casa y toqué a la puerta. Me quedé de pie, tratando de sonreír un poco. Muchas veces la gente se asoma por la ventana antes de abrir la puerta, y siempre quiero dar una buena impresión. He estado pensando en la seguridad con la que vendedores ambulantes tocan a la puerta, ya que están seguros de su producto y de su habilidad para vender. Tocan fuertemente, sonríen, y esperan a que la gente les abra y entonces dan su presentación. Nosotros somos representantes del Reino de Dios. No vendemos ningún producto, ya que es gratuito. Anunciamos las noticias más importantes que existen, y representamos al mismísimo Dios del universo. Así que es por eso que me paro derecho, tratando de sonreír un poco si puedo (con el calor es difícil), pero aún así, quiero que si alguien se asoma por la puerta me vea de pie seguro, listo para compartir con ellos el mensaje que puede cambiar sus vidas.

Pero la puerta no se abre, así que después de esperar unos cuantos minutos paso a la siguiente casa. La verdad es que los sábados por la mañana la gente no abre la puerta. Algunos siguen dormidos, otros andan fuera y otros simplemente no quieren abrir.

Finalmente llegué a la casa de una señora chaparrita con la cual platiqué unos diez minutos. Le compartí el evangelio y ella me contó de cómo sus hijos solían ir a la clase bíblica de verano hace mucho tiempo; cómo su esposo era Presbiteriano y ella católica, pero debido a problemas en la iglesia él no había regresado al Presbiterianismo; cómo ella quería encontrar una iglesia—sin importar si cristiana evangélica o católica—a donde pudiera llevar toda la familia. Le di la dirección de la iglesia.

—Al final, lo único que la llenará es Cristo—le dije—. Él es el único que verdaderamente satisface.

Ella me dijo que trataría de ir. Me dio las gracias por tomarme el tiempo de compartir mi fe con ella. —Hay muchos que no lo hacen. La hermana de mi esposo es cristiana y cuando viene nunca le dice nada. No le dice que vuelva a la iglesia. Yo quisiera que le dijera algo, pero nada.

Es triste que haya creyentes que no comparten su fe, e iglesias que por no ser bíblicos ofenden a la gente de malas maneras. Y la realidad es que el mundo está lleno de gente sedienta, y en éste desierto nosotros somos los únicos con una cantimplora.

Nuestra Labor y la de Dios


El sábado pasado vino Braulio, su mamá y su hermanito a la Escuela Bíblica de Vacaciones. Cuando llegamos al barrio de remolques, vimos que había dos personas hablando con la mamá de Braulio y pensamos que probablemente eran de alguna otra religión.

Me hizo pensar en lo dificil que debe ser escuchar a una persona decir, “Esta es la verdad, ésto es lo que debes creer”, sólo para que la semana siguiente venga otra persona y diga, “No, le mintieron. Ésta es la verdad, ésto es lo que debe creer”. Es por eso que el Espíritu Santo es quien finalmente convence a una persona de la verdad del evangelio. Meras palabras no son suficientes, aunque sean necesarias. Sin duda alguna Dios usa argumentos y presentaciones, pero al final es el Espíritu que vivifica cuando una persona escucha la Palabra de Dios.

Cuando compartimos la Palabra de Dios con otra persona, es imperativo orar para que el Espíritu convenza a ésa persona de pecado (Juan 16:8). Es muy fácil creer que lo que salva a una persona es la “técnica” de presentación. Muchos creen que el fin de evangelizar es convertir a la persona, pero éso es incorrecto. Ése pensamiento es el que ha producido muchas falsas conversiones, ya que el que presenta el evangelio usa cualquier técnica con tal de “asegurar” a la persona al cielo. Así que usa presión, música, sentimentalismo, o si no se omiten partes del evangelio como el pecado y el arrepentimiento. La peor técnica que he visto es la de un joven en un crucero que le pedía a la gente que repitiera después de él la oración del pecador, sin siquiera explicarle a la persona qué es lo que estaba diciendo.

El fin de evangelizar es proclamar la gloria de Dios. Nosotros debemos de comunicar el evangelio fielmente, sin agregar u omitir, y es Dios quien se encarga de usar a su Espíritu para salvar a la persona. Cristo lo dijo claramente: “Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo” (Marcos 4:26-27). Nuestra labor es echar la semilla, es decir, compartir el evangelio; sin importar a quién, cuándo o dónde. Pero nosotros no hacemos que la semilla crezca. ¡Esa es la labor de Dios!


No querramos robarle a Dios su labor. No tratemos de modificar el evangelio, ya que es perfecto pues su diseñador es el Dios viviente. No tratemos de “asegurar” a nadie. Más bien compartamos el evangelio fielmente, y les aseguro que Dios se encargará del resto, ya que él es un Dios que se complace en salvar (2 Pedro 3:9). No por nada el nombre de Jesús quiere decir “salvador”.

No es como Nosotros

Como Cristianos, pecamos muchas veces. Tenemos una antigua naturaleza que no nos deja en paz, y muchas veces queremos gritar como Pablo, “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de éste cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Así que una y otra vez, día tras día, venimos delante de Dios a pedir perdón algunas veces inclusive por el mismo pecado.

Yo he sido tentado muchas veces a pensar: “Dios no me va a perdonar. Ya ha de estar cansado de mí”. ¿Alguna vez has pensado lo mismo? Casi apuesto a que sí.

Sin embargo, éste tipo de pensamiento es una ofensa a Dios. Mira, Dios no es como nosotros. Él cuando dice que hará algo, lo cumple. Mira lo que ha prometido en su Palabra: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

La Biblia manda que confesemos nuestros pecados, y Dios ha prometido fielmente que limpiará nuestros pecados por los méritos de Cristo en la cruz (1 Juan 1:7b).

Si Dios fuera como nosotros, entonces sin duda ya se habría cansado. Pero él es un Dios bueno, misericordioso y perdonador. Dijo el salmista, “Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Salmo 86:15).

Si has pecado, no desobedescas a Dios ni a tu consciencia. Confiesa tu pecado, y Dios te perdonará.

Miscelánea

Y ahora, algunos links interesantes:

  • Interesante artículo acerca de obras de arte, compradores, y falsificación (en ingles): http://tiny.cc/i4u0o

Braulio

Braulio levantó las manos y dijo, “¡Gané!”. Le dije que era mi turno. Tomé una roca del suelo y la lancé hacia la tapa de una tina de pintura que habíamos puesto en el suelo. El punto del juego era lanzar una roca hacia la tapa y que cayera dentro, sin salirse del círculo.

Braulio, de acuerdo a su propio testimonio (levantó dos dedos cuando le pregunté), tiene dos años y vive en un barrio de remolques junto con su pequeño hermano, su mamá y papá. El barrio es pobre y algo sucio,aunque he visto mucho peores. He estado visitando este barrio junto con varios amigos los sábados por la mañana para tener un club bíblico y compartir el evangelio. Como la semana pasada se canceló la ida, un amigo y yo visitamos en martes.

Nos estacionamos en el parque, en donde hay una cancha de básquet con sólo una canasta, una mesa de madera muy vieja que usamos los sábados para el club, unos columpios y algunos otros juegos. Fuimos primero a tocar a la casa de don Rafael, pero nadie abrió la puerta. Lo visitaremos de nuevo, ya que la semana pasada le dejamos una Biblia en su buzón y esperamos que la esté leyendo.

Caminamos, entonces, y tocamos en varias casas sin éxito, hasta que por fin llegamos a una donde nos abrió una señora, y al instante salió de la casa Braulio, con su camisa celeste con un balón de futbol dibujada en el centro.

Mi amigo le entregó un folleto a la señora y comenzó a compartirle el evangelio, pero ella se distraía mucho porque Braulio andaba corriendo por todos lados, e inclusive se subió al auto detrás de nosotros, caminó por el techo, se bajó por el cofre, y repitió su hazaña varias veces, asegurándose de que lo viéramos.

Decidí jugar con él. Como no traía conmigo dulces, globos, libros, ni siquiera un truco de magia, tomé del piso la tapa verde y jugamos al frisbee. Después de unos diez minutos, Braulio se aburrió y decidió que lanzar piedras era una mejor idea. El problema es que las lanzaba hacia arriba y caían peligrosamente cerca de su propia cabeza, así que modifiqué el juego, y terminamos jugando a “lanza la piedra a la tapa sin que se salga de ella”.

“¡Gané!” me decía cada que lanzaba la piedra y ésta no salía de la tapa. (Claro, la lanzaba a unos cuantos centímetros por encima de la tapa, pero bueno). Luego para su sorpresa hice “desaparecer” varias veces la piedra en mi mano, así que él intentó imitarme varias veces, fingiendo poner la piedra en la mano pero manteniéndola en la otra, para luego gritar, “¡Dapareció!”. “Sí, desapareció” le confirmé.

Jugamos como por unos diez minutos más. Escuché que mi amigo terminaba la conversación. El esposo de la señora le había subido bastante al volumen de la TV, de manera que podíamos escuchar claramente la narración del partido de futbol. Tal ves era su forma de molestar a mi amigo; quizá intentaba distraer a su esposa; o puede que simplemente tiene problemas auditivos, pero aún así mi amigo siguió con su conversación hasta terminar.

“Ya me voy, Braulio”. Él me miró. No sé si feliz o triste, no pude descifrar su mirada. “Pero tú ganaste” le dije. Pronto me alejé de allí, pensando en Braulio, su pequeño hermano, su mamá y su padre enviciado con la TV. No tengo idea de que clase de familia es la de éste pequeño, pero espero que se conviertan a Cristo, de lo contrario no sé qué tan feliz será la infancia de Braulio y su pequeño hermano. Cuando miré atrás, Braulio nos decía “adiós” con la mano. O tal vez “nos vemos pronto”.

Artimañas del Error

Desde pequeño me han gustado los trucos de magia, y a lo largo de los años he aprendido muchos de ellos. Me gusta aparecer y desaparecer monedas y otros pequeños objetos, y "adivinar" la carta que una persona escogió. Me sorprende qué tan fácil es engañar a una persona y hacerle pensar algo que no es real. Es muy facil apuntar a tu mano y hacer referencia a la moneda que lleva más de medio minuto en tu bolsillo, no en el puño cerrado. Como dice el dicho, las apariencias engañan.

En el tercer capítulo de Timoteo, el apóstol Pablo le advierte varias veces a su discípulo que tenga cuidado y evite a aquellos que tienen apariencia de piedad--es decir--, que dicen ser Cristianos, pero en realidad son engañadores (2 Tim. 3:5). Éstas personas nunca llegan al conocimiento de la verdad (v.7) y además la resisten (v.8); son "hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe" (v.8). Luego en el versículo 13 los llama "malos" y "engañadores"; ésta última palabra se puede traducir también como "impostores".

¿Existen éste tipo de personas hoy en dia? Sin duda alguna. El otro dia vi algunos videos de supuestos pastores y evangelistas que en el nombre de Cristo (al invocarlo, lo blasfeman) hacen diversos tipos de "milagros" y otras cosas espectaculares. Éstas personas, astutas y sin escrúpulos, usando métodos de descepción bien diseñados, hacen víctima de las personas necesitadas y dolidas. Con su apariencia de piedad y palabras suaves seducen a los necesitados, hasta traerlos a su trampa y quitarles cuanto puedan.

A veces me pregunto qué clase de persona puede hacer algo así. Supongo que es gente que no tiene temor de Dios y que no temen el seguro castigo que se les avecina.

Pedro escribió acerca de ellos: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme" (2 Pedro 2:1-3).

¿Qué debemos hacer como Cristianos acerca de ellos? No debemos quedarnos callados. Lo que hacen es una blasfemia contra Dios, y debemos de exponerlos a la luz de la verdad. No hay que dejar que se queden con el dinero de los pobres y necesitados, y además cometan la osadía de hacerlo en el nombre de Cristo.

Debemos ser sabios para discernir, exponer y reprimir a éstos supuestos Cristianos, que más bien son anticristos, lobos vestidos de ovejas (Cristo dijo: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces" [Mateo 7:15]). Si conoces a alguien que está cayendo víctima de ellos, es tu deber advertirle a esa persona.

Siento Su Mano en mi Hombro

Esta canción ha estado en mi mente hoy. Es una favorita en mi familia. No sé quién la escribió, así que si alguien sabe me dice para darle crédito.  

"Siento su Mano en mi Hombro"
Autor: Desconocido.

Siento su mano en mi hombro
Cuando quiero saber que le intereso
Siento su mano en mi hombro
Diciéndome que El siempre esta ahí.

Oigo su voz en el silencio
Que se oye muy clara en mi ser
Oigo su voz en el silencio
Diciéndome que El siempre esta ahí.

Entonces no hay porque sufrir
Cuando las cosas no van bien
Porque yo sé al poner mi confianza en El
El siempre esta ahí.

El es la luz de la oscuridad
Brillando como el día esta
El es la luz de la oscuridad
Él vela cada paso que doy.

Siento su mano en mi hombro
Cuando quiero saber que le intereso
Siento su mano en mi hombro
Diciendome que El siempre esta ahi.

Queremos Que Tú Seas un Hedonista Cristiano

(Nota: Traduje este artículo escrito por John Piper. Que les sea de bendición y lo disfruten).


"¡Queremos Que Tú Seas un Hedonista Cristiano!"

Por John Piper Agosto 31, 2006.

¿Qué es el Hedonismo Cristiano?

Mi resumen más corto del Hedonismo Cristiano es: Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en él.

Todos hacemos un dios de aquello que nos trae más placer. Los Hedonistas Cristianos quieren hacer de Dios su Dios al buscar el mayor placer—placer en él.

Al decir Hedonismo Cristiano, no queremos decir que nuestra felicidad es el bien más alto. Queremos decir que el buscar el bien más alto siempre resultará al final en nuestra máxima felicidad. Debemos buscar ésta felicidad, y buscarla con todas nuestras fuerzas. El deseo de ser felices es un motivo apropiado para cada acción, y si abandonas la búsqueda de tu propio gozo no puedes amar a las personas o agradar a Dios.

La Diferencia Entre Hedonismo Cristiano y el Mundano.

Algunas personas se inclinan a creer que los Cristianos supuestamente deben buscar la voluntad de Dios y no buscar su propio placer. Pero lo que hace la moralidad Bíblica diferente del hedonismo mundano no es que la moralidad Bíblica es desinteresada y guiada por el deber, sino que está interesada en cosas muchísimo más grandes y puras. El Hedonismo Cristiano es moralmente Bíblico porque reconoce que el obedecer a Dios es la única ruta para tener felicidad definitiva y duradera. Aquí hay algunos ejemplos de la Biblia:

Lucas 6:35 dice, “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande”. Claramente cuando Jesús dice “no esperando de ello nada” quiere decir que no debemos de ser motivados por un deseo mundano de engrandecimiento, pero se nos es dada la fuerza para sufrir pérdida a través de la promesa de un galardón en el futuro.

De nuevo, en Lucas 14:12-14: “Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres […] y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Esto es, no hagas buenas obras para tener una ventaja en el mundo; más bien, hazlas para obtener beneficios espirituales y celestiales.

¿Debe ser el Deber Nuestra Principal Motivación?

Algunos dirán, “No, no. Estos textos solamente describen la recompensa que resultará si actúas desinteresadamente. No nos enseñan que realmente debemos buscar la recompensa.”

Dos respuestas a ésta objeción:

1) Sería tonto decir, “Si tomas esta píldora, te daré unos centavos”, si esperas que el deseo por los centavos arruinen la píldora. Pero Jesús no se andaba con tonterías. Él no ofrecería una recompensa a aquellos que le obedecen y después reprocharles por que la recompensa motivó su obediencia.

2) Aún más importante, hay textos que no solamente elogian que hagamos el bien con la esperanza de una recompensa futura, sino que además lo mandan.

Lucas 12:33 dice, “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye”. La conexión aquí entre dar limosna y tener tesoros en los cielos no es un resultado al azar—es el propósito explícito: “Haz que sea tu meta el tener tesoros en el cielo, y la forma de hacer esto es vendiendo tus posesiones y dando limosnas”.

Y otra vez, Lucas 16:9 dice, “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. Lucas no dice que el resultado de usar las posesiones debidamente es recibir moradas eternas. Él dice, “Que sea tu meta asegurar una morada eterna a través de cómo usas tus posesiones”.

Así qué, damos un resonante NO a la creencia que la moralidad debiera ser inspirada más en el deber que en el deleite.

No Te Satisfagas Tan Fácilmente

Hebreos 11:6 enseña, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. No puedes agradar a Dios si no vienes a él buscando una recompensa. Por lo tanto, la fe que agrada a Dios es la búsqueda hedonista de Dios.

Como Cristianos Hedonistas sabemos que todos anhelan ser felices. Y nunca les diremos que deben negar o reprimir ése deseo. Jamás es problema el que queramos ser satisfechos. El problema es que nos satisfacemos demasiado fácil. Creemos que todo aquel que anhela ser satisfecho debería buscarlo no en el dinero o poder o lujuria, sino que debería abastecerse hasta que su alma quede satisfecha en la gracia de Dios.  

Doblaremos nuestros esfuerzos, a través del Espíritu Santo, para persuadir a la gente que
·         pueden ser más felices dando que recibiendo (Hechos 20:35);
·         que deben estimar todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús su Señor (Filipenses 3:8);
·         que el fin de todos los mandamientos de Jesús es que su gozo sea cumplido (Juan 15:11);
·         que si se deleitan en el Señor él les dará el deseo de su corazón (Salmo 37:4);
·         que es gran ganancia la piedad acompañada de contentamiento (1 Timoteo 6:6);
·         y que el gozo del Señor es su fuerza (Nehemías 8:10).

No trataremos de motivar a nadie apelando a su sentido del deber. Les diremos que en la presencia de Dios hay plenitud de gozo (Salmo 16:11), y que nuestro único deber es venir a él, buscando éste placer.

(Adaptado del artículo de John Piper, Christian Hedonism: Forgive the Label, but Don’t Miss the Truth [Hedonismo Cristiano: Disculpen el Nombre, Pero Entiendan la Verdad]).

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