Síntomas de que el Pecado se Avecina

El Cristiano está siempre en batalla. Nuestros tres peores enemigos--nuestra propia naturaleza, el mundo, y el diablo--, están siempre en ofensiva, por lo tanto nunca podemos bajar la guardia. El Cristiano no se puede tomar el lujo de quitarse la armadura, pues tiene que estar siempre listo para abrir los ojos y entrar en combate.

Dios quiere que seamos santos como Él lo es (1 Pedro 1:16), y aunque ésto es difícil, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para cumplir lo que Él requiere de nosotros (2 Timoteo 3:16-17).


Señales
Hemos leído o visto alguna vez el cliché en donde el protagonista, quien se encuentra en un lugar oscuro y obviamente inseguro, dice: "Hay mucho silencio... demasiado silencio". Y acto seguido de la nada sale el monstruo/villano/asesino en serie/etc., asustándonos y provocando un derrame de refresco y palomitas en nuestra ropa o en la de la infortunada persona junto a nosotros. Otra forma fácil de saber que algo malo está por pasar en una película es escuchar la música. ¿Quién no recuerda el miedo al ver las escenas por debajo del agua en la película Tiburón, mientras la música sube de tempo y la cámara se acerca a los piés de los bañistas?

Algo importantísimo cuando se trata de supervivencia (de acuerdo a un programa del History Channel que vi hace poco) es estar al pendiente de nuestro alrededor. Es imperativo saber en dónde estamos, y reconocer las señales de peligro antes de que éstas se conviertan en un riesgo.

Hay algo en nosotros, un sentido de supervivencia, el cual nos impulsa a reconocer las situaciones peligrosas a nuestro alrededor y actuar en base a ellas. Cuando creemos estar en peligro, nuestro cuerpo produce la adrenalina necesaria para huir, pelear, o gritar.

Entonces, cuando se trata del pecado, ¿cuales son las señales de que el peligro--es decir el pecado--se avecina?

Bien, espero no ser muy simplista ya que daré dos simples señales las cuales yo he visto repetidamente en mi propia vida. La primera tiene que ver con las Escrituras.



No Querer Leer la Biblia
Para el Cristiano, la Biblia no es solamente un conjunto de sesenta y séis libros interesantes. La Biblia es un libro que da vida (Filipenses 2:16), autoritativo, y punzocortante (Hebreos 4:12). La Biblia es un espejo (Santiago 1:23-25) que enseña lo que uno trae por dentro, ya sea bueno o malo.

Me he percatado de que cuando no leo la Palabra, muchas veces es porque dentro de mí hay algo que me dice, "No la leas pues te va a arruinar el día". Cuando hay malos pensamientos que en mi carne disfruto, es esa misma carne la que me suzurra al oído y me advierte de lo aguafiestas que es la Palabra.

Debido a que sé lo malo que es no leer la mismísima Palabra de Dios, trato de ignorar ésos pensamientos y hazerme el loco, como si se me olvidara que debo leerla. Y de esa manera, continúo en mis pensamientos, o si no, termino cayendo en algo peor, ya sea algo dicho, pensado, o hecho.

Así que si tienes el síndrome de Biblitis-evadis, ¡cuidado! Lo más probable es que 1) Hay pecado en tu vida, o 2) el pecado se avecina.

No Querer Orar
El Señor nos manda a siempre tener un espíritu de oración (1 Tes. 5:17). Sin embargo, cuando hay pecado presente o avecinante (o sea, "que se avecina" en el diccionario de la Real Academia Emanueliana), tratamos de evadir la oración sincera.

Digo sincera porque es fácil orar en robot cuando uno anda mal, ya que las palabras son tan huecas como cantar una canción en un idioma que uno no sabe. Pero orar sinceramente a Dios mientras que hay pecado o cuando uno piensa pecar pronto, es imposible.

Me doy cuenta que cuando quiero darle rienda suelta a mi carne, sobre todo en la comodidad de mi mente, prefiero evadir la oración. Me levanto y me voy directo a la regadera. Me acuesto y divago en mi mente a todos lados menos a Cristo. Y sí, sin duda alguna, caigo.

¿Hay Alguna Cura?
Gracias a nuesto representante Adán, no hay una cura "perfecta" (gracias a nuestra cuerpo caído, no porque Dios haya fallado). Primero que nada, debes armarte bien. Debes saber que tenemos un enemigo. Pablo dijo, "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12). Juan también escribió advirtiéndonos de éste sitema terrenal que está contra Dios y Su pueblo: "Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2:16).

Así que usa las armas que tienes... ¡las cuales son la Palabra y la oración! Dios ya proveyó las armas. También te ha dado Su Espíritu (1 Cor. 2:12). Dios hace Su parte, pero tú también debes hacer la tuya (Fil 2:12-13). Esfuérzate. Resiste la flojera. Lee la Palabra siempre, especialmente cuando no quieres. Ora en todo momento, sin importar que tu mente se resista.

Pero ¿qué si ya caí?
El justo cae una y otra ves, pero ¿sabes qué? ¡Se levanta! (Prov. 24:16). Así que ponte de pié, sóbate las rodillas y quítate el polvo de la ropa. Luego cuidadosamente arrodíllate, pide perdón a tu Padre, ponte de pie, y adelante caminante, que la ruta sigue y es larga.

Ármate bien. Mira a tu alrededor. Reconoce los síntomas del pecado que se avecina. Evade. Lucha. Huye. La victoria es tuya (1 Cor. 15:17).





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