Verdaderas Verdades

Yo creo apasionadamente que Dios es absolutamente soberano. El es el Rey del universo y reina con justicia y amor sin que nadie pueda cuestionarlo (Daniel 4:35). Para el malo, esta verdad es aterrorizante, pues un Dios justo no dejará impune al malvado (Éxodo 37:4), sino que a su tiempo lo juzgará (Apocalipsis 21:8). Para aquél que ha sido justificado por la fe en Cristo, y ha sido hecho hijo de Dios (Juan 1:12), ¡qué privilegio tener por Padre al Rey de reyes (Gálatas 4:6)!

 

Sin embargo, es muy fácil tener estas verdades—la soberanía y bondad de Dios—en la mente y que se conviertan en "verdades teóricas". Me refiero a que son realidades que están en nuestra mente, y que si alguien nos pregunta al respecto, rápidamente respondemos con confianza: «Dios es bueno, Dios es soberano». Y esto no es malo, ya que para poder creer algo, debemos primero tenerlo en nuestra mente. Tener ésta verdad en la mente es una preparación para cuando tengamos que poner en práctica esta verdad.

 

Porque tarde o temprano llega una situación a nuestra vida que desafía esta verdad. Súbitamente, las cosas cambian, y lo que era teórico ahora debe convertirse en práctico.

 

Nos sucede un accidente. Un amigo muere. Perdemos el empleo. Nos roban. Nos damos cuenta que tenemos una deuda que no podemos pagar.

 

¿Y entonces qué? ¿Cual es nuestra reacción? Aquí es cuando sale a la luz si lo que teníamos en la mente era un simple dato, o una verdad en la que efectivamente creíamos.

 

Escuché la historia de un hombre, a quien llamaré Don Victor, que había perdido a dos de sus hijos en un accidente automovilístico. Éste hombre, años después, seguía siendo una persona dadivosa y alegre, de manera que mucha gente ni se imaginaba la tragedia por la cual había pasado. Una persona que yo conozco le preguntó al pastor de Don Victor cómo había salido adelante de tan horrible tragedia. El pastor respondió que Victor había memorizado, junto con el resto de la familia, grandes porciones de las Escrituras.

 

Este hombre se había apropiado de las verdades de la Biblia, y las creía. Creía con todo su corazón que Dios es bueno. Y creía con todo su corazón que Dios es soberano. Y había puesto en práctica éstas verdades. No estaban solamente en su mente sino que  habían moldeado toda su vida.

 

Creo que el elemento vital es la fe. Una verdadera fe en Dios.

 

Problemas tendremos muchos. Las aguas se van a encrespar. Pero gloria a Dios que dentro de nuestra barquilla está Cristo nuestro Redentor, quien tiene el poder de decir, "¡Sea la paz!", y los vientos, problemas y tristezas se convertirán en una impresionante calma.

 

 

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