¿Un Loco Megalomaniaco?

Supongamos que estás sentado en una taquería, comiendo rápidamente antes de regresar al trabajo. Hay muchas cosas en tu mente, así que no te percatas cuando una persona se sienta a tu lado. Cuando por fin te das cuenta, el hombre junto a ti sonríe. Está bien vestido y bien peinado, con una corbata de seda y una dentadura de comercial.

 

"Veo que tienes problemas", te dice. Te cercioras de que por "problemas" no se refiera a que te hayas manchado la camisa, pero él continúa. "Yo te quiero ayudar. Si tienes problemas con tu vida, o problemas financieros, déjame ayudarte".

 

Un vendedor, piensas. Seguramente está por ofrecerte algún producto, así que comienzas a idear la forma de salir de allí pronto. Le echas salsa a tu último taco, no quieres salir de allí y desperdiciar esa grasosa delicadez.

 

"¿Te digo por qué te puedo ayudar? Yo no soy una persona cualquiera. No soy humano. Soy una deidad encarnada. Si me adoras, tus problemas desaparecerán para siempre".

 

Después de unos diez segundos de silencio, con tu taco de frijoles suspendido a centímetros de tu boca, le pides al hombre que te disculpe pues tienes que pasar rápidamente al baño, y sales de la taquería rápidamente, mirando a tus espaldas y cerciorarte de que el hombre no te persigue con una cierra eléctrica o algo así.

 

Cuando una persona dice ser deidad, es una locura. ¿Qué clase de megalomaniaco dice ser dios, y además de eso se declara digno de ser adorado?

 

Cristo Jesús dijo ser Dios. No una deidad, sino La Deidad. Una y otra vez Cristo declaró ser el Hijo de Dios, y aceptó adoración de los hombres.

 

Veamos uno de esos episodios. Después de que Cristo resucitó de los muertos, uno de sus discípulos—Tomás—no creía que Cristo estaba vivo. "—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás" (Juan 20:24, NVI). Así que cuando Cristo se apareció frente a Tomás en su cuerpo resucitado, Tomás cayó de rodillas e hizo una declaración impresionante:

 

"¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28).

 

¿Y cual es la respuesta de Cristo? ¿Le pide que se ponga de pié? ¿Lo reprende? ¿Le dice, "No me alabes a mí, sino practica mis enseñanzas"?

 

No. Cristo permite ser adorado. Cristo acepta ser llamado Señor y Dios, y acepta ser adorado. ¡Qué cosa más increíble! ¿Qué clase de persona acepta ser llamada Dios, y además acepta ser adorado?

 

Tenemos ejemplos de gente así en la historia. Nerón, por ejemplo. Él decía ser una deidad, y construyó una enorme estatua para que la gente lo alabara. Pero todos sabemos que Nerón era un desquiciado y asesino. Digo, el hombre proclamó su caballo como senador. El día que el Presidente proclame a su gato como gobernador de Nuevo León… bueno, ya se dieron una idea.

 

Sin embargo, Cristo dijo ser Dios y aceptó adoración. Creer o no creer éstas aseveraciones es de consecuencias incalculables para la vida de toda persona. "¡Cómo se atreve!" dirán algunos. ¿Es Cristo un loco megalomaniaco sediento de adoración?

 

Si Cristo no es Dios, entonces sí es un megalomaniaco. Pero si el verdaderamente es Dios... y si lo que Él dijo es cierto… entonces ignorarlo tiene consecuencias cósmicas. Y no solamente cósmicas, sino devastadoras en la vida de aquellos quienes lo rechazan.

 

En el próximo post veremos lo que significa para una persona ignorar la persona y el mensaje de Cristo.

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