Misericordia

Leí un artículo en el que una sociedad religiosa pasó el "Día de Reyes" entregando juguetes a niños.

 

Hay evangélicos que ven esta práctica como innecesaria y sin impacto espiritual, por lo tanto no la practican, y se burlan de los que lo hacen. No tiene caso darle un juguete a un niño, dicen, si no se convierte en cristiano.

 

Aunque creo y estoy convencido de que el evangelismo es importantísimo en la vida del creyente, tenemos que ser cuidadosos en adoptar una actitud cínica y fatalista, en donde prefiramos no hacer actos de misericordia porque, después de todo, estamos en los "últimos tiempos".

 

Recordemos que Dios es el "Padre de huérfanos y defensor de viudas" (Sal. 68:5). Él es "misericordioso y clemente […] y grande en misericordia" (Sal. 103:8).

 

Además, el cristiano debe de hacer buenas obras. Cierto, las obras son producto y no causa de la justificación, ¡pero siguen siendo importantes! Así que proclamemos a Jesucristo en palabra y en obra, ya sea testificando, dando dinero a los pobres (Pr. 14:21; Mt. 19:21; Lc. 14:13; Sal. 112:9; Ver Lc. 19:8), proveyendo para los que tienen necesidad y no rehusando el bien a nadie (Mt. 5:42[1]), siempre—por supuesto—en amor, pues de lo contrario es en vano (I Co. 13:3).

 

Si alguien debiera estar haciendo el bien en el mundo, somos nosotros.



[1] Encuentro que este versículo es difícil de cumplir debido a nuestra naturaleza pecaminosa, sin embargo es cardinal en la teología cristiana, en donde el amor nos debe distinguir. "Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses".

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