¡Eso no es lo que dice!

Hace poco cometí un descuido en una de mis predicaciones, y sin querer mencioné como ejemplo a un personaje de la Biblia que en realidad no es una persona muy digna de seguir (Ahitofel el consejero). Fue uno de esos errores muy vergonzosos que suceden cuando uno usa mucho la concordancia pero no se toma el tiempo de leer el contexto alrededor del pasaje. Un error bastante malo y de principiantes.

 

Ese resbalón hizo que alguien cuestionara varias de las cosas que dije, y al final tuve que defender muchas de las doctrinas que expuse, pero admitir el error de haber incluido a tal personaje como ejemplo de uno de mis puntos.

 

Es fácil hacer que la Biblia diga lo que no dice, ya sea por error o, como muchos lo hacen, adrede.

 

Ayer vi un canal (anti-)cristiano (propongo cambiarle el nombre a "El Canal de las Herejías"), en donde los "predicadores"--quienes tienen perfectas sonrisas, cabello bien peinadito y trajes lujosos--pasan eternidades rogando a la gente que les mande dinero. Ellos usan todo tipo de artilugio para hacer que la gente marque («Sí, te lo estoy pidiendo a ti. Yo sé que hay una nube de duda a tu alrededor, pero ten fe, toma el teléfono, y haz la promesa de dar 37 dólares al mes») y les de el dinero que usarán para comprar ese nuevo yate de sus sueños.

 

Lo peor es que dicen estar predicando el evangelio (me molesta tanto cuando dicen eso que le grité a la TV que se callara… sin que me hiciera caso) y mencionan un sin número de historias de la Biblia para apoyar su farsa de ministerio.

 

Nosotros, los creyentes, debemos ser celosos de la sana doctrina, y de saber qué es lo que dice la Biblia. Hace poco hablé con uno de los ancianos de mi iglesia, y él repetidamente me dijo que lo mejor que puedo sacar de mis estudios en el seminario es la capacidad de entender qué es lo que la Biblia dice. Pero esa es una tarea de cada creyente. Todos debemos de buscar eso con honestidad delante de Dios, a través del Espíritu y el cuidadoso estudio de las Escrituras.

 

Termino con las palabras de Charles Spurgeon:

 

"Si a veces pusiéramos más atención a las conexiones de las oraciones, nos guardaríamos de errores muy peligrosos. La Biblia debe ser tratada en conformidad al sentido común, como uno hace con cualquier otro libro. Si tomas los escritos de cualquier autor, aunque él se exprese con cuidado, y seleccionas una oración por aquí y otra por allá, harías que el hombre diga algo que nunca creyó; más aún, inclusive lo harías apoyar opiniones que él aborrece. Así es con la Biblia: si no pones atención a la conexión y fluidez del pasaje, pierdes la mente del Espíritu de Dios, y en su lugar metes tu propia mente en las palabras de Dios y no sacas la mente de Dios de las palabras del Espíritu Santo".  (En un sermón titulado, "Working Out What is Worked In", predicado en Julio 12, 1868. Mi traducción).

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