El Efecto Bostezo

Todos hemos experimentado el efecto contagioso del bostezo. Sucede muchas veces después de la comida, o cerca de la cena. Platicas con alguien cuando ésa persona bosteza, y casi instantáneamente tú lo haces también, y como si fueran las ondas formadas por una roca que cae en el agua, la gente alrededor se lleva la mano a la boca y comienzan a bostezar.

 

Yo personalmente he hecho el siguiente experimento, el cual hago en los escalones que suben a la entrada de un edificio cerca de donde vivo. Lo que hago es sencillo. Cuando veo que alguien viene detrás de mí, subo los escalones trotando, y muchas veces, interesantemente, la persona detrás de mí lo hace también.

 

Pero cuando subo los escalones normal, nadie los sube trotando (a menos que la persona vaya con prisa). He repetido este experimento numerosas veces y siempre con personas desconocidas, y aún así el resultado es parecido.

 

Esta semana viajé por avión, y al sentarme en mi lugar sentí mucho calor, probablemente porque el sol entraba por la ventanilla, así que levanté mi mano y giré esa pequeña rosca junto al botón de luz y el de asistencia, y una corriente de aire fresco me pegó en la cara.

 

Casi instantáneamente pude ver tres manos alrededor de mí levantarse, como niños ansiosos de que la maestra los escoja para responder la pregunta. Las tres personas hicieron lo mismo que yo, y aunque no miré hacia atrás, puede ser que más gente imitó a los que me imitaron.

 

Hay algo en los humanos, una especie de seguridad que viene al ver que alguien más ha hecho lo que teníamos en mente. Es como cuando un orador hace una pregunta, y nadie da respuestas hasta que un valiente lo hace, y luego los demás se aventuran sin problema. Como humanos, nos sentimos seguros al imitar lo que alguien más hace, sea porque queremos los mismos resultados obtenidos por la persona a quien imitamos, o por el simple hecho de que no nos gusta ser diferentes.

 

Como cristianos, debemos de saber que imitamos, primero que nada, a Cristo Jesús. Y al imitarle a él de forma verdadera, es de esperarse que otros verdaderos cristianos nos imiten. Nuestras acciones deben tener el mismo "efecto bostezo" en la vida de otros, para que así la vida y enseñanzas de Jesucristo se diseminen rápidamente entre el pueblo de Dios, y entre los que no han creído para que vengan a la Fe.

 

Nuestras vidas tienen el potencial para ser esa roca inicial que cae en el agua, cuyas ondas pueden llegar a lugares que jamás imaginamos.

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