Lluvia, Condenación, Gracia.

Hoy en la mañana salí bien abrigado y con mi paraguas. El viento era tan fuerte que sujeté el paraguas con ambas manos por miedo de que saliera volando, o de que el viento me levantara estilo Mary Poppins… bueno, no es para tanto. La cosa es que llovía con fuerza, y aún con mi mega-paraguas terminé con los pantalones y zapatos mojados. Predeciblemente, ya me duele la garganta y se me congestionó la nariz.

 

No me gusta mucho la lluvia cuando estoy afuera, sólo cuando estoy dentro. Lo digo porque hay gente a la que sí le gusta salir cuando llueve, pero no a mí, no señor. Eso de tener los pantalones mojados y los calcetines empapados como que no'más no va conmigo. Sin embargo me encantan las tormentas. Me fascinan. Siempre y cuando yo esté dentro, con chocolate caliente o café, y una buena novela. Eeeeso sí me gusta.

Estos días lluviosos me recuerdan lo que el Señor Jesucristo dijo en Mateo 5:43-45: "Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos."

Mucha gente duda de la bondad de Dios. Ven cierto tipo de accidentes inexplicables, como la muerte de un infante o una tsunami que barre con un pueblo, y se cruzan de brazos, menean la cabeza, y afirman su ateísmo, o simplemente dudan de la existencia de una Deidad bondadosa.

Sin embargo ignoran el hecho que mientras negaban con su cabeza o meneaban su puño hacia el cielo, los tres respiros que dieron no son más que un regalo de Dios. Dios muestra su bondad porque, aunque merecemos ser exterminados debido a nuestro pecado (Ezequiel 18:20), Su misericordia permanece y nos da un día más. La Biblia dice que "por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias" (Lamentaciones 3:22). Cada latido de nuestro corazón nos demuestra que Dios es bueno, y que no nos da lo que nos merecemos (castigo), sino lo que no merecemos (gracia y bondad).

Cada que llueve es un recordatorio que Dios es un "Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Salmo 86:15). Él hace llover sobre todos, sean buenos o malos. Así que si eres un verdadero seguidor de Cristo, alaba a Dios cada que veas la lluvia. ¡Nuestro Dios es bueno!

Pero si no eres un seguidor de Cristo—si nunca te has arrepentido de tu pecado y te has convertido en un seguidor de Él (Hechos 3:19)—, entonces la lluvia te debe de recordar que sólo por la misericordia de Jehová sigues con vida, y que Él te está dando otra oportunidad más de que vengas a Él. No pierdas más tiempo y entrégate a Cristo. La Biblia dice, "ahora es el tiempo propicio; he aquí, ahora es el día de salvación" (II Corintios 6:2, LBLA).

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