Dominado por la tecnología

Leí hace poco una tira cómica de Calvin y Hobbes que me recordó un poco los peligros de la tecnología. No tengo la tira en mis manos, así que puede que me equivoque un poco. El asunto es que Calvin está leyendo un artículo acerca de la posibilidad de que en el futuro las máquinas controlen a los humanos. Hobbes responde pensativamente y con horror a tal dicho, y entonces Calvin mira su reloj y súbitamente dice: "¿Qué hora es? ¡Oh no, ya es hora de mi programa favorito!" Y sale corriendo.

 

Sinceramente me encanta la tecnología. Me gusta poder teclear, porque es mucho más rápido que escribir a mano, y además uno puede editar lo escrito con mucha más facilidad y sin la necesidad de tachones o "liquid paper". Me encanta mi iPod por lo práctico que es. Puedo escuchar música o sermones mientras lavo los platos (sí, lavo los platos) o plancho mi ropa. Puedo consultar varias versiones de la Biblia sin necesidad de sacar diferentes copias. En las mañanas puedo leer las noticias y comer cereal al mismo tiempo, porque no tengo que batallar con el tamaño incómodo del periódico, el cual es demasiado grande, se dobla cuando no debe, y exige ambas manos para leerlo cómodamente. Si estoy en fila, o esperando a alguien, puedo leer un libro (he estado leyendo a Charles Dickens a ratos), estudiar vocablos de Griego, ver un video, leer un capítulo de la Biblia, escuchar un podcast, o dibujar algo. En cuanto a mi computadora, es indispensable en mi vida cotidiana. La uso para tomar notas, para escribir trabajos, satisfacer mi apetito de conocimiento (Britannica, Wikipedia, Blogs), preparar sermones, jugar algún videojuego, ver una película, escuchar música, o surfear el internet. Y la lista no es exhaustiva.

 

Definitivamente la tecnología es una bendición. Pero como una moneda, puede tener otra cara, y convertirse en una maldición. ¿Qué pasa cuando olvido mi celular? En una palabra: Armagedón. ¡Se acaba el mundo! Ya no puedo hablar, textear, twitear, surfear, jugar, o nada. Para usar un cliché, es como salir a la guerra sin fusil—o al menos así se siente. A mi me pasa. Cuando olvido mi celular o iPod, hago lo posible por regresar a mi departamento cuanto antes pueda.

 

Creo que todo tipo de exceso es malo. Y muchas veces nos inundamos tanto con la tecnología que se convierte en nuestro mundo. Peor aún, se convierte en un ídolo. Le damos más gloria a nuestra tecnología que a Dios. Tal vez sería bueno ayunar de vez en cuando de estas cosas. Yo lo he hecho. Y sobreviví.

 

Dijo Pablo, "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna" 1 Corintios 6:12.

2 comentarios:

vicky dijo...

Gracias por el recordatorio, escuché una predicación de Josh Harris sobre el asunto hoy en la mañana, Gian tiene el link en twitter creo :P Está muy bueno! cuidate :)

maiiik dijo...

Buen post.. creo que eso es cierto en algunos de nosotros, jaja.
Por eso no hay que olvidarnos de lo mas importante.

Saludos mi estimado!