La Reforma

Hoy celebramos los Cristianos Protestantes el Día de la Reforma, porque
un día como hoy, Martín Lutero clavó las 95 tesis. Claro que, al
clavarlas, aún era católico y su teología de la salvación por fe no
estaba completamente desarrollada, pero gracias a Dios estuvo dispuesto
a clamar en contra de las mentiras de su tiempo.

Un muy buen post por mi amigo Gian al respecto:
http://www.theolo-gian.com/2009/10/hoy-celebramos_876.html

Para leer las tesis:
http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMod/Lutero_95tesis.htm

Como dije, al escribirlas, aún hay muchos rastros de catolicismo en
ellas, pero ese fue el inicio de la gran Reforma Protestante.

Manny

Cristianismo de a de veras POST DATA

Quería decir dos cositas como post data a mi posteo de ayer. Uno, se escribe "De veras", y no "Deveras". Debido a problemas técnicos no he podido cambiar el título.

 

Segundo (y más importante), el comentario de Gian me hizo ver que di mucho énfasis en cómo el liberalismo (y los movimientos emergentes, etc.) nos hacen ver mal a nosotros. Pero lo más importante es que hacen ver mal a Cristo mismo. Cuando negamos la fe, o caemos en los extremos del libertinaje o el legalismo, el nombre de Cristo es puesto en ridículo. Como dijo Pablo, "Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros" (Romanos 2:24).

Cristianos de a deveras

Me pareció interesante lo que el famoso ateo Christopher Hitchens
escribió en referencia a su contrincante el Pastor Douglas Wilson:

"Wilson no es uno de esos Cristianos evasivos que murmuran excusándose
de cómo algunas de las historias de la Biblia son sólo "metáforas". Está
dispuesto a mantener incondicionalmente que Jesús de Nazaret fue el
Cristo y que su sacrificio redime nuestro estado de pecado, el cual es
el resultado de nuestra rebelión contra Dios. No vacila cuando le
preguntan por qué Dios permite tanta maldad y sufrimiento—por supuesto
que lo "permite" pues es el estado inescapable de pecadores rebeldes. Yo
prefiero mucho más esta sinceridad a lo vago de grupos de inter-fe y
ecuménicos que a duras penas respetan su propia tradición y quienes ven
la fe como otra palabra para organización comunitaria".

Estoy de acuerdo con Hitchens (es una de las pocas cosas en las que
concuerdo con él). ¡Hacen falta más Cristianos como Douglas! El mundo se
ríe de "cristianos" que tienen tanta vergüenza de serlo que prefieren
moldearse al mundo con la escusa de "contextualización", y peor, de
aquellos que se deshacen de la exclusividad del Cristianismo, de las
doctrinas fundamentales de la fe (como la inspiración de la Biblia o el
nacimiento virginal de Cristo) con tal de que el cristianismo no sea
"tan ofensivo y anti-intelectual". Con el slogan de los marcianitos
verdes de Toy Story dicen, "¡Somos uno!", y así destruyen la fe,
confunden a montones, y mandan al infierno a muchos.

Si nos decimos Cristianos, seámoslo de a de veras. Y si no crees en el
cristianismo evangélico ortodoxo, haznos a todos un favor y deja de
llamarte Cristiano. Nos pones a todos en ridículo. En serio.

(Hitchens y Wilson debatieron acerca del Cristianismo, Dios, y el punto
de vista ateo en la película "Collision", la cual se puede comprar aquí:
http://www.amazon.com/COLLISION-Christopher-Hitchens-Douglas-Wilson/dp/B002M3SHTO/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=dvd&qid=1256868065&sr=8-1).

La Ciudad Musulmana.

El muchacho que manejaba la camioneta entró al estacionamiento de un edificio que me recordaba el palacio de la caricatura Aladín. Yo y otros seis seminaristas en la camioneta nos agachamos un poco para ver bien el edificio. Tenía varias cúpulas doradas que terminaban en un pequeño mástil con la figura de una luna en la punta, y la parte de arriba de la puerta principal tenía forma similar al As de Picas en un juego de naipes. "Es la mezquita más grande de aquí," nos dijo el conductor, un muchacho de cabello rojo, barba de candado y acento sureño.

 

Al recorrer las calles y ver los anuncios en Árabe y las mujeres vestidas hasta los pies y con un velo que sólo revelaba sus ojos, pensé que fácilmente podríamos estar en Afganistán, Pakistán o Irán.

 

Pero no. Estábamos en medio de la llamada Ciudad Musulmana en Detroit.

 

Yo había viajado al Norte de EUA para asistir a unas conferencias, visitar a unos amigos y preguntar por un programa de estudios, y aprovechamos la visita para recorrer algunas de las misiones que los seminaristas del Detroit Baptist Theological Seminary intentan comenzar o seguir. Nos subimos a la camioneta, y dos de los muchachos del seminario, quienes cursan una Maestría en Divinidades, nos dieron el tour.

 

"Ya por un buen rato he intentado mudarme al corazón de la ciudad musulmán" nos contó el muchacho al volante, Richard. "Pero cada que llamo para pedir informes a una casa en renta, cortan la línea al escuchar mi inglés. Una vez intenté comenzar la conversación saludando en árabe, pero cuando escucharon mi inglés, me colgaron de nuevo".

 

Pasamos por una gasolinera, y Richard la apuntó. "Allí fue donde se hizo la gran fiesta cuando Saddam Hussein fue ejecutado. Yo y un amigo vinimos, y al principio pensaron que éramos de la policía. Cuando les dijimos que veníamos a celebrar con ellos, nos dijeron, '¡Son los primeros blancos que vienen a celebrar!' Así que nos invitaron a la fiesta y nos presentaron con algunos de sus líderes".

 

Richard, desde que lo conocí mi segundo año de mi licenciatura, tenía un corazón por los musulmanes. En ese tiempo nos contaba a mí y a otros compañeros de nuestro grupo de oración acerca de los muchachos musulmanes con quienes tenía una buena amistad y por quienes oraba para ganarlos a Cristo. Richard y su esposa desean mudarse al corazón de la ciudad, y mientras tanto, siguen teniendo compañerismo con sus conocidos musulmanes en el área. "Para darles el evangelio a veces toma tiempo", nos dijo. "Lo importante es mantener una buena amistad con ellos".

 

La ciudad musulmana en Detroit es una de las más grandes en Estados Unidos. Es impresionante estar allí. Yo nunca había visto nada parecido, aunque había escuchado de la famosa China Town o de los barrios Mexicanos. "Yo puedo escuchar el llamado a la oración desde mi casa", nos contó Richard. "Es muy… interesante".

 

Creo que algo impactante del viaje fue el ver tan claramente la necesidad del Evangelio. Todos lo necesitan, sin importar la nacionalidad, etnia o lengua. Y segundo, el mundo se está encogiendo. Aunque sin duda alguna sigue habiendo una gigantesca necesidad de misioneros en otros continentes, no debemos ignorar que mucha gente de esos continentes está viniendo a nosotros (y nosotros a ellos).

 

La mies es mucha. Los obreros pocos. ¡Roguemos al Señor, para que haya más obreros!

 

 

 

 

 

 

Dominado por la tecnología

Leí hace poco una tira cómica de Calvin y Hobbes que me recordó un poco los peligros de la tecnología. No tengo la tira en mis manos, así que puede que me equivoque un poco. El asunto es que Calvin está leyendo un artículo acerca de la posibilidad de que en el futuro las máquinas controlen a los humanos. Hobbes responde pensativamente y con horror a tal dicho, y entonces Calvin mira su reloj y súbitamente dice: "¿Qué hora es? ¡Oh no, ya es hora de mi programa favorito!" Y sale corriendo.

 

Sinceramente me encanta la tecnología. Me gusta poder teclear, porque es mucho más rápido que escribir a mano, y además uno puede editar lo escrito con mucha más facilidad y sin la necesidad de tachones o "liquid paper". Me encanta mi iPod por lo práctico que es. Puedo escuchar música o sermones mientras lavo los platos (sí, lavo los platos) o plancho mi ropa. Puedo consultar varias versiones de la Biblia sin necesidad de sacar diferentes copias. En las mañanas puedo leer las noticias y comer cereal al mismo tiempo, porque no tengo que batallar con el tamaño incómodo del periódico, el cual es demasiado grande, se dobla cuando no debe, y exige ambas manos para leerlo cómodamente. Si estoy en fila, o esperando a alguien, puedo leer un libro (he estado leyendo a Charles Dickens a ratos), estudiar vocablos de Griego, ver un video, leer un capítulo de la Biblia, escuchar un podcast, o dibujar algo. En cuanto a mi computadora, es indispensable en mi vida cotidiana. La uso para tomar notas, para escribir trabajos, satisfacer mi apetito de conocimiento (Britannica, Wikipedia, Blogs), preparar sermones, jugar algún videojuego, ver una película, escuchar música, o surfear el internet. Y la lista no es exhaustiva.

 

Definitivamente la tecnología es una bendición. Pero como una moneda, puede tener otra cara, y convertirse en una maldición. ¿Qué pasa cuando olvido mi celular? En una palabra: Armagedón. ¡Se acaba el mundo! Ya no puedo hablar, textear, twitear, surfear, jugar, o nada. Para usar un cliché, es como salir a la guerra sin fusil—o al menos así se siente. A mi me pasa. Cuando olvido mi celular o iPod, hago lo posible por regresar a mi departamento cuanto antes pueda.

 

Creo que todo tipo de exceso es malo. Y muchas veces nos inundamos tanto con la tecnología que se convierte en nuestro mundo. Peor aún, se convierte en un ídolo. Le damos más gloria a nuestra tecnología que a Dios. Tal vez sería bueno ayunar de vez en cuando de estas cosas. Yo lo he hecho. Y sobreviví.

 

Dijo Pablo, "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna" 1 Corintios 6:12.