La Fe y la Palabra

He estado leyendo Apocalipsis en mi lectura diaria, y al comenzar a leerlo decidí que lo haría sin consultar comentarios o Biblias de estudio. Normalmente en mi lectura diaria no consulto otras fuentes a menos que haya algo que simple y sencillamente no entienda, entonces me gusta leer el pasaje en griego (o intentarlo) y buscar qué es lo que dicen algunos pastores y maestros con discernimiento más alto que el mío en los cuales confío (los pastores y maestros, debemos recordar, son un regalo de Dios a la Iglesia).

 

Pero al comenzar Apocalipsis, yo sabía bien que tendría muchas preguntas, y que no entendería muchas cosas. Recordé que nada más y nada menos que Juan Calvino no escribió comentario de Apocalipsis, y me pregunto si fue por falta de tiempo o por otras razones.

 

Ahora, para los que hemos leído la famosa serie "Dejados Atrás" (Left Behind) es una tentación leer el último libro de la Biblia e imaginar a Raymundo, Cloé y al "Macho" Williams por todo el mundo peleando contra el nefando Carpatia. Pero es mi sospecha que mucho de lo que esos doce libros (¿O quince? ¿O veinte? Ya perdí la cuenta) narran no es exactamente lo que va a suceder en los últimos tiempos.

 

Leer Apocalipsis ha sido de gran bendición. Es increíble ver el poderío de Cristo y es reconfortante saber que el capítulo final, y el epílogo incluso, han sido escritos por Dios y no tengo que preocuparme por ello.

 

Pero debo de admitir que algunas cosas que he leído me han… bueno, poniéndolo coloquialmente, me han sacado de onda por completo. ¿Juan comiéndose un librito que sabe a miel? Digo, a menos que en el futuro inventen libros comestibles de diferentes sabores, me parece un poco extraño. ¿Y qué del dragón escarlata escupe agua (sí, agua) que barre estrellas con la cola y que además le gusta desayunar bebés recién nacidos?

 

Es muy fácil, confieso, caer en algo horroroso al leer estas cosas: la duda. El diccionario dice que la duda es el antónimo de la fe, y la fe es fundamental en la fe cristiana (sí, ¡que valga la redundancia!). La Palabra dice que es imposible agradar a Jehová a menos que sea con fe (Hebreos 11:6), que somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:8), y bueno, muchos otros textos. Uno de los pilares de la reforma fue sola fide, que quiere decir que uno llega a Dios solamente por la fe en Cristo.

 

¡Hay que tener fe! Hay que creer que los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros, y que aunque no estemos cien por cierto seguros cuándo la Biblia habla en sentido literal o en sentido figurado, lo que está escrito es La Verdad. No es parte de la verdad, no es verdad si me toca el corazón, no; es Verdad.

 

Pero me pregunto, ¿Cuál es la cura contra la duda? La fe, pues. ¿Y cómo se obtiene la fe? ¿Cómo la recibimos? "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Así es. Para tener fe, se necesita más Biblia.

 

Entonces, si alguna vez lees algo en la Biblia, y ese horrible gusanito de la duda comienza a trepar por tu cuerpo, deshazte de él leyendo más la Palabra, y más, y más, y más, y más, y más. . .

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