Disfrutando de mi llamado

Una de las cosas que disfruto del seminario es salir de clase y sentir que lo que acabo de aprender es transformador. Todos mis profesores enseñan con pasión; no puedo pensar en uno sólo que sea aburrido. Tienen un amor total por el tema y sobre todo, por Jesucristo. La cátedra no es un discurso seco de teología aburrida, sino un mensaje en forma de dardo con el corazón como blanco.

 

Al profesor de Griego le encanta hacernos preguntas sobre todo cuando examinamos pasajes difíciles y llenos de teología; sobre todo los que han sido usados mal por sectas o por gente mal informada. El profesor de Teología Pastoral, quien fue pastor por más de treinta años, predica al enseñar. Tuve que parpadear cuando terminó su testimonio, para que esa pequeña humedad acumulada en mis ojos se quedara allí. El profesor de Asuntos Difíciles en el Ministerio es metódico y al punto, y desafió a la clase a hacerle cualquier pregunta en cuanto al tema en discusión (bebidas alcohólicas), e insistió que estaba preparado para discutir cualquier pasaje en la Biblia que hablara del tema. El profesor de Teología del Nuevo Testamento… esa clase es simplemente buenísima. Sale uno con ganas de predicar en cualquier lado. Es impresionante ver que la Biblia, el Antiguo y Nuevo Testamento, es un libro divino y bien planeado, de tal manera que hace un conjunto perfecto.

 

 Dios ha llamado a todo creyente a diferentes cosas. Para el cristiano no hay secular y sagrado. Todo es sagrado. Todo debe ser adoración. Como dijo un predicador, todo suelo es tierra santa, y todo arbusto una zarza ardiente. En cuanto a mí, estoy más que contento con mi llamado, y con ganas de cumplirlo por la gracia de Dios.

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