Tenemos un Dios grande

Hace dos días me cambié de mi cuarto a vivir en un departamento dentro de la universidad. Es mucho más grande que el cuarto en donde he vivido por cinco años. Aunque es un departamento para seis personas, tiene una cocina y una sala-comedor. ¡Nada mal!

 

Lo más emocionante es que compré dos libreros que poco a poco se van llenando. El papá de mi novia me escribió un email diciéndome que me va a regalar tres o cuatro cajas llenas de libros (él tiene muchísimos libros y se va a cambiar de casa), así que la cosa se pone cada vez mejor.

 

El Señor es bueno siempre. Inclusive cuando suceden cosas que parecen malas. Hace poco sufrí un accidente automovilístico de donde salí ileso, excepto por un desalineamiento en mi cuello y espalda. Cuando sucedió el accidente analicé mi vida para ver si Dios me estaba llamando la atención, o si simplemente probaba mi fe. Esa semana me paré firme en mi creencia de la suprema soberanía de Dios. Y le ha placido a Dios bañarme de bendiciones después del accidente. Yo sé que Él no siempre hace eso con todos, pero decidió hacerlo conmigo. El seguro de la señora que me chocó está pagando mi tratamiento, compré un carro mucho mejor que el que tenía, y ahora hasta tengo departamento nuevo. . . aunque esto último no tiene nada que ver directamente con el choque.

 

Pero hay algo que sí, y quiero compartirlo, aunque es tan pequeño que parece insignificante, pero creo que Dios es un Dios detallista.

 

Dos semanas antes del choque fui con mis amigos a un mall, y al entrar a una tienda vi una almohada ergonómica que me llamó la atención. Pensé en comprarla, pues dicen que es buena para el cuello y para dormir bien, pero no lo hice porque se me hizo muy cara. Pues bien, la semana pasada, en el tratamiento con el quiropráctico, el doctor me dio una de esas almohadas ergonómicas, y como es parte del tratamiento, me salió completamente gratis.

 

Como dije, es un detalle pequeño, lo cual es un testimonio del Dios tan grande que tenemos.

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