Sobre Libros Viejos

Uno de los más grandes problemas con los libros nuevos es que no huelen a nada. Así es, no huelen a nada. Están hechos de papel plástico que, como el agua, son inodoros. ¡Qué tragedia!

 

El libro más antiguo que tengo hasta la fecha es un comentario del nuevo testamento, publicado hace 150 años. No es muy antiguo, pero es mucho más viejo que la mayoría de los que tengo. Las páginas están amarillas y desprendiéndose. La cubierta es de cartón duro, color verde oscuro. Y el libro huele fantástico.

 

Si, ya sé, soy extraño. ¡Pero no soy el único! Una forma de saber si una persona está obsesionada con libros es simplemente darle un libro viejo y ver si lo huele. En serio. Lo que pasa es que, leer un libro debe ser una experiencia. Cuando compro un libro, me fijo en todo. En la portada y contraportada. En qué tipografía se usó. Qué clase de papel es. ¡Todo! Si voy a pasar 6 o 7 o más horas de mi vida leyendo ese libro, quiero que valgan la pena.

 

Ese es mi mayor problema con la digitalización del libro: que se pierde la experiencia. Y tal vez cambie mi opinión un poco y termine comprando un Kindle, pero nunca será lo mismo leer Charles Dickens en un aparato que leerlo en un libro viejo que huele a madera. Acompáñalo con una taza de café, una lámpara de luz amarilla, y la máquina del tiempo se vuelve una realidad.

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