Regocijaos... ¿siempre?

Los mandamientos en la Biblia son imposibles de cumplir. En muchas ocasiones leo algún mandamiento y me pregunto cómo voy a poder hacerlo. ¡Imposible! Así me siento al leer Filipenses 4:4, «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez dijo: Regocijaos».

 

Este pasaje sabemos que es un mandato porque el verbo «Regocijaos», usado dos veces en este pasaje, es un verbo imperativo. Es como si Pablo quisiera recalcar bien que su mandato no es opcional.

 

No es solamente un imperativo, sino que también debe ser una acción continua. El marco de tiempo para este mandamiento es, digamos, bastante amplio: Siempre. ¿Siempre? ¿Y qué de cuando se poncha una llanta, se la acaba la tinta a la impresora, no hay agua caliente, falla el internet, me despiden del trabajo, se va la luz, repruebo el examen, corto con mi novia, me falta dinero para pagar la luz, pierde la Selección Nacional, me pego fuerte en una uña, llego tarde a una junta, me roban mi computadora . . . siempre?

 

Sí, siempre.

 

¡Pero eso es imposible! Y es por eso que la frase entre «Regocijaos» y «Siempre» es de vital importancia: «en el Señor». ¡No en tus propias fuerzas, sino en el Señor! Esta frase se puede entender de dos maneras. Primero, que el Señor sea la fuente para cumplir el mandato. Como en Filipenses 4:13, la fuente para la fortaleza es «en Cristo», de la misma manera Cristo debe ser la fuente y poder de nuestro gozo. Debemos recordar que el gozo es una manifestación del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), así que es imposible tener gozo Bíblico sin la fuerza sobrenatural que proviene de una vida transformada por Cristo.

 

Segundo, que Cristo sea el objeto de nuestro gozo. La salvación que tenemos en Cristo es tan sublime que todo lo demás, todo problema, debe menguar en importancia de tal forma que nada nos pueda quitar el gozo que viene de saber que somos salvos. En un programa de detectives que vi hace poco, la pista que resolvió el caso se encontraba en el techo de la escena del crimen. Uno de los detectives al final dice algo como, «El problema es que nadie mira hacia arriba. Y la respuesta a veces está allí». Muchas veces andamos buscando la felicidad, o la respuesta a nuestras dificultades en el suelo, cuando sólo basta que miremos hacia arriba y veamos la gloria del evangelio de Cristo para encontrar allí la respuesta y darnos cuenta que, cuando Dios es nuestro Padre, lo demás son solo detallitos de la vida. ¿Apoco no es increíble que Cristo nos amo y se entregó por nosotros (Gálatas 2:20)? ¡Cristo nos amo! ¡Murió por nosotros! No hay verdad más gloriosa que esa.

 

Así que, regocijarnos es un mandato que debe ser una realidad constante, pero es imposible cumplirlo a menos que nuestra fuente de fuerza y el objeto de nuestro gozo sea Cristo. Si no eres cristiano, nunca podrás tener este gozo sobrenatural hasta que te apropies de Cristo por la fe en Su sacrificio en la cruz por ti, lo cual puedes hacer hoy mismo, allí donde estás frente a tu computadora, al arrepentirte de tus pecados y poner tu fe solamente en Cristo. De esa manera, podrás cumplir este mandato.

 

Y si eres creyente, entonces, como dice la canción para niños: «¡Sonríe! Cristo te ama».

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