El Accidente

El auto circulaba por el carril de velocidad a unos veinte metros
adelante de mí. Cuando lo vi, ya estaba haciendo zig zag por el carril,
echando humo por las llantas, tal vez a causa del freno, y mi primer
pensamiento fue "Se va a volcar. Tengo que evitar el golpe."

Había salido a las once de la mañana rumbo al aeropuerto de la ciudad
para recoger a un amigo, y la meta era regresar al trabajo en una hora
con mi amigo y una hamburguesa y papas en el estómago. Salí en mi
Mercury Mistique sin saber que veinte minutos después quedaría
prácticamente inservible.

Estaba a unos diez minutos del aeropuerto, circulando por una avenida de
velocidad y una de las más peligrosas en el estado, cuando una señora
perdió el control de su auto. Su auto se coleteó por su carril, y en ese
segundo en que la vi, tenía una decisión que tomar: acelerar o frenar.
El problema era que si frenaba tenía un sin número de autos detrás de mi
viajando a la misma velocidad que yo, y si aceleraba, tal vez podría—

No hubo tiempo de tomar la decisión, porque el auto de la señora se
estrelló contra el muro de contención, cambió de trayectoria y salió
disparado hacia mí.

Uno siempre piensa que habrá tiempo. Uno siempre piensa que a la hora de
la verdad, en un momento crítico, nuestro cuerpo y sentidos reaccionarán
mejor que los de Bruce Willis en sus películas de Arma Mortal. Pero la
ficción se queda en los libros y películas. Lo único que pude hacer para
evitar el impacto en mi puerta fue girar el volante, esperando que nadie
circulara a mi derecha.

Ese giro probablemente me salvó de algunos huesos rotos. El golpe fue
ligeramente detrás de mi puerta, con tal magnitud que giró mi auto
ciento ochenta grados. Mientras me deslizaba por la carretera en
reversa, con los carros viniendo a mí a gran velocidad, recuerdo haber
dicho en voz alta repetidas veces, "Ayúdame Señor ayúdame Señor ayúdame
Señor ayúdame Señor. . ." Mi pensamiento era que si quedaba en la
autopista recibiría un impacto de frente que me mandaría sin duda alguna
al hospital o al tercer cielo.

Mi auto se detuvo al salirse del la autopista e impactar lateralmente el
riel metálico que evitaba caer en una zanja. Cuando salí del auto ya
había llegado la policía. Con manos que temblaban levemente hice
varias llamadas, y pronto llegaron paramédicos, bomberos, patrullas, y
gente a ayudar.

Nadie salió gravemente herido. Ni la señora que me pegó, ni su perrito,
ni yo. Dios nos protegió. No me cabe duda de que Dios me protegió.

Mi cuello y espalda sufrieron daño considerable, así que estaré en
tratamiento por cuatro meses. El carro fue pérdida total. Espero comprar
uno nuevo pronto.

De algo estoy seguro. A los que aman a Dios, todas las cosas nos ayudan
a bien. De eso no tengo duda alguna. Dios es soberano. Y Dios es bueno.

1 comentario:

Gian dijo...

¡Amén! Gracias a Dios que no te pasó nada grave.

Gian