Norteado

No me he perdido en mi cuarto solamente porque es pequeño. Soy una persona que simplemente no es buena para ubicarse. Aún hasta hoy no recuerdo los nombres de las calles que recorrí miles de veces en mi ciudad, y todavía me confundo con los nombres de las calles que circulan alrededor de la universidad.

 

Ayer me di cuenta, una vez más, de mi problema de desubicación. Entré al supermercado por la noche, después de un largo día de trabajo, y saqué de mi bolsillo mi pequeña libreta negra con cuatro letras impresas en la tapa de cartón («MEMO»). Allí tenía la lista de compras.

 

Jabón, Cepillo de dientes, pasta, harina (all purpose), chorizo, huevo, tortillas, frijoles, crisco. . .

 

Una amiga me había dado la segunda parte de la lista, y mi meta era comprar esos diferentes productos alimenticios para disfrutar de unos tacos de chorizo con huevo para la cena del próximo día. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que no tenía la menor idea de dónde encontrar algunas de las cosas. ¿Crisco? ¿Y eso qué es? ¿El nombre de un payaso?

 

Miré esos anuncios en la entrada de cada pasillo que ubican a gente como yo, pero porque no tenía mucho tiempo (y por desesperado), llamé a mi amiga y, para economizar tiempo y esfuerzo, le pregunté dónde podía encontrar lo escrito en la lista, sobre todo porque no veía ningún pasillo en donde se vendieran payasos con nombres ridículos.

 

Para mi sorpresa, mi amiga me pudo ubicar perfectamente bien, y de memoria. «Te vas hasta el final, por donde venden los huevos, y en la esquina venden el chorizo. Las tortillas están allí también, si las quieres de harina. Para los frijoles tienes que ir al tercer pasillo…».

 

Increíble. Se nota que no visito el supermercado mucho. Aunque algo me dice que, inclusive si lo hago, de todas maneras me voy a extraviar más veces de lo que jamás admitiré.

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