Instituciones Judías (Parte I)

INSTITUCIONES JUDÍAS Y SU RELEVANCIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

por Emanuel Elizondo Orozco.


Parte 1


La Biblia está llena de personajes. Leerla es como leer un libro en donde las diferentes personas, instituciones y grupos juegan un papel importante en los eventos narrados para el lector, y es importante para el estudiante del Nuevo Testamento, y para los creyentes en general, estar familiarizados con esos grupos e instituciones para que así la lectura de las Escrituras se convierta en un estudio provechoso, profundo, e inclusive divertido.


En este artículo se analizará un grupo y dos instituciones: los Fariseos, el Sanedrín, y la Sinagoga. Su historia básica, credo, e impacto en el Nuevo Testamento se analizará con el propósito de proveer al lector un más amplio entendimiento de los roles que estos grupos tuvieron en la vida de Cristo, Sus discípulos, y la Iglesia.


Los Fariseos


Jesucristo, estando en la montaña, dijo a Sus discípulos: «Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 5:20). Ese poderoso dicho confunde y sorprende a muchos hoy en día de la misma manera que probablemente confundió a muchos el aquel día en que Cristo lo pronunció. Después de escuchar tal declaración, un par de preguntas vienen a la mente. ¿Quienes fueron los Fariseos? ¿Que tan justos eran?


En cuanto a la primera pregunta, los orígenes de la secta de los Fariseos no se saben por completo. En su libro, The Pharisees (Los Fariseos), R. Travers Herford dice que el Fariseismo comenzó probablemente con el ministerio del profeta Esdras (19). Fue Esdras quien exhortó a los judíos a separarse de los gentiles y conformarse al Torá, la Ley de Dios. Esdras fue llamado el Sopher, el Escriba, y de él vinieron los llamados Sopherim, o los «Hombres del Libro». Los Sopherim y los Hasideos—cuyos orígenes también son inciertos—son probablemente los padres de los Fariseos porque, en esencia, son iguales.


El nombre Fariseo, que quiere decir «separado», apareció durante el reino de Juan Hyrkanus (135-105 B.C.) (Herford, 29) y fue usado para referirse a un grupo de personas quienes tenían el Torá y la tradición verbal en alta estima. Eran llamados «separados» porque no se asociaban con los am-ha-arets, la «gente del pueblo», aquellos quienes no observaban las leyes del Torá en cuanto al diezmo, pureza, oración, etc.


Los Fariseos y los Saduceos tenían una aguda diferencia en cuanto a la interpretación del Torá. Los Saduceos no iban más allá de lo que dijera el texto, mientras que los Fariseos mantenían el Torá y la tradición verbal en gran autoridad. Mateo 15:1-9 es un ejemplo de cómo veían los Fariseos la tradición verbal. El Evangelio narra que los Fariseos se indignaron porque los discípulos de Cristo habían «quebrantado la tradición de los ancianos» al comer sin lavarse las manos, a lo cual Cristo respondió con una fuerte reprimenda, llamándolos hipócritas y acusándolos de enseñar los mandamientos de hombres como si fueran la Ley de Dios.


Los Fariseos eran reconocidos como líderes y a menudo hablaban en representación del pueblo. Eran celosos de la Ley, eran parte del Sanedrín, y tuvieron autoridad inclusive de mandar guardias para arrestar a Cristo cuando hizo algunas declaraciones escandalosas acerca de sí Mismo (Juan 7:32).


Los Fariseos juegan un rol prominente en los Evangelios. Son regañados por Juan el Bautista en Juan capítulo 3. Cristo los cuestiona repetidamente a través de los Evangelios (Mateo 16:1; 19:3; Lucas 11:53), los critica severamente (Mateo 23:13-35), e inclusive advierte a Sus discípulos en contra de ellos (Mateo 16:6, Marcos 8:15, Lucas 12:1).


Sin duda alguna, los Fariseos daban una apariencia de justicia. Obedecían la Ley a detalle, ofrecían largas oraciones (Lucas 20:47), y diezmaban meticulosamente (Mateo 23:23). Si los Fariseos eran hombres que veían las Escrituras como un tesoro y la seguían con gran esmero, ¿por qué Cristo exhortó a Sus discípulos a exceder su justicia? John MacArthur, en su Biblia de estudio, explica que Cristo estaba llamando a Sus discípulos a internalizar las Escrituras y a no conformarse a ella de forma externa. Además, las Escrituras son claras: la única forma en que una persona puede ir al cielo es a través de la justicia imputada de Cristo Jesús en el creyente, y no por la justicia del individuo (MacArhur, 1256).


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citas:

Herford, R. Travers. The Pharisees. New York: The Macmillian Company, 1924.

MacArthur, John. La Biblia de Estudio MacArthur. Grand Rapids: Editorial Portavoz, 1997.


pronto, "El Sanedrín".

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