Episodio con mi ventana rebelde.

Ayer viajé por tres horas «disfrutando» de la brisa y de la llovizna. Bueno, no. La verdad es que la ventana de mi carro se descompuso y no quiere subir.


Fue un acto de completa rebelión. Manejaba por una estrecha calle, siguiendo a mi novia, cuando decidí bajar un poco la ventana. Presioné el botón, y cuando la ventana estaba media abierta (o media cerrada, depende de tu «optimismo») dejé de presionar el botón, pero para mi sorpresa, la ventana siguió su descenso.

Con la habilidad digna de Flash, pulsé el botón de nuevo hacia arriba esta vez. Escuché un sonido. Un clt clt clt. Como si mi ventana estuviera protestando mi decisión. Dejé de presionar el botón, y la ventana, alegremente, resumió su descenso.


«¿Qué?» me pregunté en esa fracción de segundo entre dejar de pulsar el botón y pulsarlo de nuevo. La ventana se quejó otra vez, como se queja un niño cuando, por quinta vez, se le dice que no meta el dedo al pastel.


Pues la ventana me ganó. Era o luchar contra ella y salirme de la calle y estrellarme, o dejarla seguir su voluntad y vivir. (¿A quién no le gusta el melodrama?).


Así que mi ventana sigue abajo. Cada que presiono el botón, me responde con su clt clt clt.


Ni hablar. Voy a conseguir un desarmador y forzarla a obedecerme. Después de todo, yo soy el dueño del carro, ¿no? Ah, los carros. Pueden ser una bendición, o sacarle a uno canas verdes. . . y amarillas, y azules, y de todos los colores.

2 comentarios:

Laurie M. Abbott dijo...

You're cute...Sorry for the frustration, Novio! I hope it readily complies soon!

Myrna dijo...

Jeje Emanuel estoy empezando a leer tu blog y me parece muy bueno! En especial este episodio me sacó una carcajada...
Dios te bendiga por allá!
Saludos!