Episodio con el Sr. Gracioso

Las puertas automáticas se abrieron y entré al lobby del aeropuerto, con mi hermana pisándome los talones. Las filas para el chequeo de los boletos no eran tan largas, lo cual me tranquilizó un poco porque estábamos un poco tarde para el vuelo de mi hermana.

 

El hombre de los boletos—un señor de cabello blanco y nariz chata—me recibió con una sonrisa. Le pregunté que si mi hermana podía registrarse con él, o si tenía que usar la computadora de registro automático.

 

—Ella puede hacer lo que se le antoje—me dijo. Su respuesta me sorprendió un poco. Una nunca espera que le respondan con una indirecta, y menos de un empleado de una aerolínea. Repetí mi pregunta, no porque no lo había oído bien, sino porque la respuesta no satisfizo mi pregunta. Extrañamente, el hombre me contestó con las mismas palabras exactamente, sin siquiera mirarme a los ojos. Llegó mi hermana (porque yo había caminado rápido) y sacó sus boletos. Se los entregó al hombre.

 

—¿Podemos subir las maletas de una vez?—pregunté, refiriéndome a si las podíamos poner en la pesa para ver si no teníamos que pagar extra por sobrepeso. El Sr. Gracioso me respondió con gran sabiduría: «Ella puede hacer lo que se le antoje».

 

¿A sí? ¿Lo que se le antoje? ¿Y si se le antoja levitar? ¿Y si se le antoja pedirle a usted un millón de dólares? ¿Y si se le antoja darle la vuelta al mundo en treinta segundos? ¿Y si se le antoja traer veinte maletas con ella? ¿Y si se le antoja hacer un dueto conmigo de guitarra y violín encima de su mesa? ¿Puede hacer lo que se le antoje? No lo creo, Sr. Sólo-respondo-con-indirectas. No dudo de la capacidad de mi hermana para hacer cosas difíciles, de lo que dudo es de su capacidad mental para responder sencillas preguntas por un hombre frustrado porque está tarde para el vuelo de su hermana; de lo que dudo es de que. . .

 

Hmmm. . . Qué fácil es frustrarse, ¿no? Qué fácil es que una persona le arruine a uno el día, siempre y cuando esa persona sepa dónde pegarnos. Cuando nos dan en ese punto, la mecha se enciende y lamentablemente es corta muchas veces.

 

Si no estamos en guardia, caer en pecado es sencillo. Nuestro corazón es engañoso (Jeremías 17:9); si pudiéramos verlo bien, si pudiéramos examinarlo a fondo, si pudiéramos ver cada aspecto de él, terminaríamos horrorizados.

 

Mucha gente piensa que son «buenas personas», y puede que lo sean (bajo los estándares morales del mundo), pero basta que alguien les de en ese talón de Aquiles y adiós a la sonrisa. Súbitamente brotan todo tipo de gritos, maldiciones, golpes, muecas, y amenazas.

Hoy es un buen día para examinar nuestro corazón. La Palabra dice: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Salmo 139:23-24).

 

 

 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy cierto Emanuel!
Gracias por lo escrito!

saludos!