Libro de Piper Gratis

En relación con mi post anterior, el libro de Piper en inglés puede ser descargado gratis (al igual que todos sus libros) en el siguiente link:
 

Batalla por la Justificación

Gracias a Dios que hay gigantes luchando por la verdad teológica en la que está de pie la iglesia. Es el deber de cada creyente (y no solamente de los teólogos) el saber, leer e informarse de lo que uno cree y las razones por las cuales cree.

 

Hoy en día hay un debate fuerte en cuanto al tema de la justificación, y dos de los contendientes más importantes son John Piper vs. N.T. Wright.

 

Piper, conocido pastor-teólogo de doctrina Calvinista y Reformada, escribió un libro llamado The Future of Justification: A Response to NT Wright (El Futuro de la Justificación: Una Respuesta a N.T. Wright), en el que Piper defiende la doctrina de la justificación como la conocemos y como la defendieron los Reformadores.

 

N.T. Wright, exponente de la «nueva perspectiva de Pablo» y quien dice comprender lo que Pablo en realidad quería decir con su doctrina de la justificación, acaba de publicar un libro en defensa y en contra de Piper, titulado Justification (Justificación).

 

Ambos escritores son escolares. Wright es un erudito y el Obispo de Durham. Piper es un teólogo reconocido y tiene grandes nombres y años de exégesis que lo respaldan (la Reforma entera).

 

Les invito a estar informados del tema, porque la justificación es una doctrina fundamental de la fe.

 

Defendamos lo que creemos ser la verdad.

Fotografías en el Globe

El Boston Globe siempre tiene historias fotográficas que dejan a uno sin aliento. Magníficas fotografías. Espero que disfruten las diferentes colecciones.
 

Episodio con mi ventana rebelde.

Ayer viajé por tres horas «disfrutando» de la brisa y de la llovizna. Bueno, no. La verdad es que la ventana de mi carro se descompuso y no quiere subir.


Fue un acto de completa rebelión. Manejaba por una estrecha calle, siguiendo a mi novia, cuando decidí bajar un poco la ventana. Presioné el botón, y cuando la ventana estaba media abierta (o media cerrada, depende de tu «optimismo») dejé de presionar el botón, pero para mi sorpresa, la ventana siguió su descenso.

Con la habilidad digna de Flash, pulsé el botón de nuevo hacia arriba esta vez. Escuché un sonido. Un clt clt clt. Como si mi ventana estuviera protestando mi decisión. Dejé de presionar el botón, y la ventana, alegremente, resumió su descenso.


«¿Qué?» me pregunté en esa fracción de segundo entre dejar de pulsar el botón y pulsarlo de nuevo. La ventana se quejó otra vez, como se queja un niño cuando, por quinta vez, se le dice que no meta el dedo al pastel.


Pues la ventana me ganó. Era o luchar contra ella y salirme de la calle y estrellarme, o dejarla seguir su voluntad y vivir. (¿A quién no le gusta el melodrama?).


Así que mi ventana sigue abajo. Cada que presiono el botón, me responde con su clt clt clt.


Ni hablar. Voy a conseguir un desarmador y forzarla a obedecerme. Después de todo, yo soy el dueño del carro, ¿no? Ah, los carros. Pueden ser una bendición, o sacarle a uno canas verdes. . . y amarillas, y azules, y de todos los colores.

Tributo a Sir Arthur Conan Doyle

Siempre he sido un fan de las novelas de misterio. En mi opinión, nadie como el incomparable Hercules Poirot de Christie, y el gran Sherlock Holmes de Conan Doyle.

 

Recuerdo la primera vez que llegó mi papá de un viaje a los Estados Unidos con una copia de The Casebook of Sherlock Holmes. Era un libro de tapa dura, con hojas amarillentas e impresión antigua. Un libro diseñado para transportar al lector a la calle Baker, al número 221b, donde Holmes y el Dr. Watson comenzaron muchas de sus aventuras.

 

Ese libro me lo devoré, e instantáneamente me convertí en un fan de Holmes. Hice una página de internet dedicada a él cuando era chico, y por un tiempo fue relativamente popular por ser una de las pocas páginas en español creadas por un fan. Puse varias de sus frases más populares, y algunas imágenes.

 

Compré toda la colección en inglés, y terminé de leer todos los cuentos y las cuatro novelas antes de terminar la preparatoria. Y de hecho, uno de mis regalos (por la familia Ponce) fue la colección completa en español. ¡Increíble regalo!

 

Pues hoy, hace 150 años, nació Sir Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes. Aunque desgraciadamente su filosofía y la mía chocan fuertemente, sus libros me trajeron mucho placer.

 

Ese detective alto y delgado, con manos huesudas y manchadas con químicos; con su nariz puntiaguda, y sus piernas largas—seguirá en la imaginación de muchos, y sin duda alguna en la mía, pues hasta hoy, aunque he leído las diferentes aventuras varias veces, me encanta regresar a esa época y revivir esas noches oscuras en las calles de Londres, con Holmes y Watson, revolver en mano, listos para resolver el caso. Puedo ver a Holmes mirar a Watson, y con un destello en los ojos decir, «Vamos, Watson, ¡el juego está en pié!».

Impresiones de: Pecados Espectaculares por John Piper

La pregunta acerca del origen del pecado y su rol en el mundo ha sido debatida por años. La primera vez que escuché que Dios usa inclusive la maldad del mundo para que, finalmente, su gloria sea manifestada de manera más—pues, gloriosa—me pareció radical. Sin embargo una y otra vez vemos en la Biblia ejemplos de maldad que finalmente resultaron en la gloria de Dios. Y todo esto sin que Dios sea el autor de la maldad, lo cual lo hace todavía más increíble.

«Pecados Espectaculares y su propósito global en la gloria de Cristo» (Spectacular Sins and their global purpose in the glory of Christ) es un librito de apenas poco más de 100 hojas escrito por John Piper que examina algunos acontecimientos relatados en la Biblia los cuales Piper cataloga como «pecados espectaculares», y cómo estos resultaron en que el nombre y la persona de Cristo fueran exaltados de una manera igualmente espectacular. Piper explica en los dos primeros capítulos como Dios es soberano sobre el pecado y sobre todos sus enemigos, y es capaz de usarlos a ambos a su placer y para su propia gloria.

Los pecados «espectaculares» analizados son: La Caída de Satanás, La Desobediencia de Adán, el Orgullo de Babel, la Venta de José, la Línea Pecaminosa de la cual vino Cristo, y Judas Iscariote. Estos pecados son analizados a la luz de toda la Biblia, y Piper concluye que estos horribles pecados, al final, fueron usados por Dios para exaltar a su Hijo Jesucristo.

Piper explica las diferencias entre lo que Dios «ordena» y lo que él «permite»; es importante mantener en mente esta distinción para seguir su línea de pensamiento, y para entender por qué suceden tantas cosas en el mundo que son no solamente horrendas, sino también sin sentido. En algunas porciones el libro es bastante teológico, y cuando Piper comienza a entrar un poco en especulación, prefiere detenerse y simplemente decir que lo que la Biblia dice no siempre lo podremos comprender por completo.

«Pecados Espectaculares. . .» es un librito pequeño y uno lo puede leer rápido. Aún así, como todos los libros de Piper, se deben de leer detenidamente, con un lápiz o pluma en mano.

Este libro da esperanza. En un mundo que parece estar sumergido en caos, Piper nos recuerda que todo tiene un propósito cósmico, y que éste es que la gloria de Cristo sea manifestada de una manera espectacular, para que toda boca sea tapada, y todos reconozcan que Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores.

No, Sr. Presidente.

Evangelio de Judas

Hace tiempo se descubrió un "nuevo evangelio" escrito por Judas. Muchos dijeron que ese nuevo texto sería un desafío, si no que un golpe mortal al cristianismo ortodoxo. ¿Y cómo respondió la iglesia ortodoxa? «¡Sí, claaaro!» La verdadera iglesia ha combatido ese tipo de herejías gnósticas desde hace mucho tiempo (mucho, mucho tiempo), y cuando un nuevo texto gnóstico sale a la luz, lo que hacemos es (como dijo mi profesor de apologética) sacudir la cabeza, hacer una mueca, y decir, «Bueno, aquí vamos otra vez».

 

Cuando uno lee esos textos gnósticos, o da risa o da miedo, y uno puede ver claramente por qué no son ni canónicos ni inspirados. Lo interesante es que los creyentes no son los únicos que nos damos cuenta de lo absurdo que son; inclusive inconversos ven esos textos y dicen, «¡Por favor!».

 

Encontré un artículo en el New Yorker que me pareció interesantísimo. Ahora, el escritor no es creyente así que ataca un poco algunas verdades ortodoxas, pero de todos modos se da cuenta que el Evangelio de Judas no tiene el potencial de darle si quiera un raspón a la iglesia verdadera. Evangelios y escritos gnósticos hay muchos. ¿Y donde están? En la sección de evangelios y escritos gnósticos, claro. Y allí se quedarán hasta que Cristo regrese.

 

Qué privilegio es ser cristiano, ¿no creen? Y no lo digo con soberbia, porque créanme, si hay alguien que no merece la redención, soy yo. En cuanto a la salvación, Soli Deo Gloria.

 

El artículo está in inglés. Para leerlo, da click aquí.

 

 

...Cuyo ayudador es el Dios de Jacob.

«Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios» Salmo 146: 5.

 

Pregúntele a cualquier persona en la calle, «¿Qué es lo que deseas en la vida?», y probablemente recibirá diferentes respuestas que básicamente dicen lo mismo: «busco felicidad». La gente busca ser feliz ya sea en tener dinero, amigos, un trabajo seguro, una familia o una mascota. Algunos están dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar esa felicidad ilusiva, aún si incluye gastar dinero en boletos de lotería, hacer trampa en el trabajo, o robar a otros. ¿Y por qué? Porque la gente busca la felicidad desesperadamente, pero no la halla.

 

La Palabra de Dios el Manual Para la Verdadera Felicidad. Solo basta buscar un poco y uno se encuentra con el Salmo 1 («Bienaventurado el varón. . .»), las Bienaventuranzas de Cristo en Lucas 6, o el versículo 5 del Salmo 146. En este versículo vemos que aquel que puede llamar a Jehová su ayuda y esperanza, posee la verdadera felicidad. Este Dios no es solamente el Dios Creador (v. 6; Génesis 1), sino también un Dios que guarda, hace justicia, da pan, liberta, abre los ojos, levanta, ama, guarda, y reina por siempre (vs. 6-10).

 

Antiguamente los dioses paganos eran seres poderosos (aunque no omnipotentes) que tenían que ser aplacados constantemente debido a su temperamento iracundo o su insaciable deseo de sangre; sin embargo el verdadero Dios, el Dios de Israel, el Dios de Su pueblo escogido—su Iglesia—es un Dios que es todo Justicia y todo Amor. Tenerlo a Él por padre es vivir en una torre fuerte (Proverbios 18:10), es tener un dulce pastor (Salmo 23), es ser verdaderamente feliz, como lo dice este mismo Salmo.

 

Si el día de hoy puedes decir, «Abba, Padre», entonces posees la Felicidad. No te confundas. Deja de buscar en otros lados. Deléitate en Jehová. Disfruta de Su presencia. Haz un festín de la comunión con Él, comparte de Él con otros, ¡busca glorificarle! Termino con esta frase  por el pastor-teólogo John Piper: «Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en Él».  

 

 

Impresiones de: Blink, Porque sabemos la verdad en dos segundos.

Terminé de leer «Blink: The Power of Thinking Without Thinking» por Malcolm Gladwell. El subtítulo puede traducirse como «el poder de pensar sin pensarlo», pero los editores del libro en español decidieron ponerle «Inteligencia Intuitiva: Porque sabemos la verdad en dos segundos». No me voy a meter en por qué las traducciones muchas veces optan por cambiar títulos y subtítulos, pero debo decir que el subtítulo no es más que la tesis del libro. El libro trata de analizar cómo puede ser que muchas veces podemos juzgar un objecto, persona, o situación, de una forma acertada en tan sólo dos segundos. Bien, estas son mis (breves) impresiones del libro.

 

«Blink» es el segundo libro por Gladwell que leo, «The Tipping Point (El Punto Clave)» siendo el primero, y no puedo más que decir que Gladwell es un magnífico escritor. Es impresionante la capacidad que tiene para entrelazar historias, datos y anécdotas de una forma que es imposible dejar de dar vuelta a las hojas. Gladwell bien podría escribir novelas, pues sabe describir lugares y personas de manera sucinta pero efectiva, y usa el suspenso en cada capítulo con la antigua (y efectiva) técnica de cortar la historia en el momento más emocionante, solamente para comenzar otra historia, y después otra, y al final atar las tres con una conclusión satisfactoria. Algo nada fácil de hacer.

 

Gladwell interactúa con el lector. Le hace preguntas, propone acertijos, y en este libro inclusive desafía los prejuicios del lector hacia las diferentes razas. El libro está lleno de estudios y experimentos psicológicos y científicos que son absolutamente fascinantes, además de otros hallazgos, como por ejemplo lo sucedido con el reto Pepsi y por qué Coca-Cola sigue vendiendo más refresco, y uno de mis favoritos es la anécdota del equipo policiaco anti crimen callejero, la cual prefiero dejar en incógnita para que lean de qué se trata. También me encantó el ejemplo del General Paul Van Riper y su uso de instinto en el campo de batalla, y por supuesto, el estudio acerca de cómo leer los sentimientos de una persona con tan sólo verle la cara.

 

«La clave para tomar buenas decisiones—escribe Gladwell en el epílogo—, no es conocimiento. Es comprensión. Nos ahogamos en el primero. Carecemos desesperadamente del segundo» (265, mi traducción).

 

«Blink» es un libro fascinante. Un page-turner como dicen en inglés; imposible de dejar. Es interesante, bien escrito, divertido, e informativo. Lo recomiendo bastante.

 

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Afinando

El estudio bíblico terminó con una deliciosa cena que consistía de ensalada con fresas, pasta con carne, acompañada de refresco o agua. Los estudios bíblicos de mi iglesia se llevan a cabo en casas, así que es un poco más informal (no hay que llevar saco ni corbata), relajado, y refrescante. Cantamos a capella una mezcla de himnos y coros, y después de la oración, el Pastor da una lección, esta vez acerca del dinero y las riquezas a la luz de la verdad bíblica.

 

Al terminar la cena, mientras algunos se retiraban entre abrazos y besos, el hermano anfitrión se me acercó y me preguntó si podía afinar su nueva guitarra. Me contó como no estaba satisfecho con ella, porque la primera cuerda no parecía afinar, y porque la guitarra no era lo que esperaba; era más pequeña, parecía una guitarra de niños.

 

Me la trajo. Una guitarra Ibanez negra, de cuerdas de metal, bonita. La afiné, y pronto pasamos a un cuarto en donde la conecté al amplificador, y comencé a tocar. No soy muy bueno con la guitarra, pero sé tocar algo. El sonido fue refrescante. Le expliqué al hermano que el tamaño era normal, estilo clásico, y que porque las cuerdas eran nuevas se desafinarían, «pero si la trae a la iglesia el Domingo se la afino de nuevo». Además le enseñé como afinarla por él mismo, por si quería intentarlo.

 

Al final terminamos hablando de Cuba, de los tiempos allí, de la situación mundial hoy en día, y la hora transcurrió rápido. Yo me quedé impresionado por las historias y anécdotas de cómo vive la gente en la isla, de las diferentes leyes que tienen los EUA hacia aquellos que logran pisar tierra, y de lo increíble que es vivir en un país libre.

 

A las diez de la noche salí con un poco de ensalada y pasta en un contenedor, dos refrescos en una bolsa, mi Biblia bajo mi brazo, y pensamientos de gratitud hacia Dios.

El Dios Que Nos Conoce

Salmo 139

 

Comía con mi hermana en el comedor de la universidad cuando ella me preguntó si me había molestado con un comentario que cierta persona había hecho. Como el comentario había sido inofensivo, sólo un poco sarcástico, yo intenté ocultar mi leve fastidio, sin embargo mi hermana lo notó. Al preguntarle, «¿Cómo te diste cuenta?», me respondió, «Te conozco».

 

Hay personas que nos conocen bien; inclusive muy bien. Sin embargo, nadie jamás puede conocer nuestros pensamientos y sentimientos más internos sino Dios. El Salmo 139 es increíblemente poético. En el, David narra la omnipotencia de Dios para no solamente crearnos, sino conocernos profundamente. Dios sabe a dónde vamos y por qué; Él sabe el motivo de nuestras palabras. Me encanta la frase del versículo 5: «Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano». ¡La presencia del Dios Altísimo nos rodea como la gallina cubre a sus polluelos! ¡Nada se escapa de su presencia! Jonás intentó escapar del ojo de Dios al escabullirse por la noche, pero a Dios «lo mismo [le] son las tinieblas que la luz». Dios fue quien nos formó desde el principio, antes de nacer, antes de soltar el primer grito en manos del doctor. David revienta en alabanza (vs. 14) y exclama: «¡Cuan preciosos me son , oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuan grande es la suma de ellos!» (17).

 

David está tan anonadado por la increíble grandeza de Dios que su única reacción es la que nosotros debemos tener ante el Dios omnipotente: un corazón humillado y deseoso de vivir en santidad. «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón» dice David. «Pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (23-24).

 

Norteado

No me he perdido en mi cuarto solamente porque es pequeño. Soy una persona que simplemente no es buena para ubicarse. Aún hasta hoy no recuerdo los nombres de las calles que recorrí miles de veces en mi ciudad, y todavía me confundo con los nombres de las calles que circulan alrededor de la universidad.

 

Ayer me di cuenta, una vez más, de mi problema de desubicación. Entré al supermercado por la noche, después de un largo día de trabajo, y saqué de mi bolsillo mi pequeña libreta negra con cuatro letras impresas en la tapa de cartón («MEMO»). Allí tenía la lista de compras.

 

Jabón, Cepillo de dientes, pasta, harina (all purpose), chorizo, huevo, tortillas, frijoles, crisco. . .

 

Una amiga me había dado la segunda parte de la lista, y mi meta era comprar esos diferentes productos alimenticios para disfrutar de unos tacos de chorizo con huevo para la cena del próximo día. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que no tenía la menor idea de dónde encontrar algunas de las cosas. ¿Crisco? ¿Y eso qué es? ¿El nombre de un payaso?

 

Miré esos anuncios en la entrada de cada pasillo que ubican a gente como yo, pero porque no tenía mucho tiempo (y por desesperado), llamé a mi amiga y, para economizar tiempo y esfuerzo, le pregunté dónde podía encontrar lo escrito en la lista, sobre todo porque no veía ningún pasillo en donde se vendieran payasos con nombres ridículos.

 

Para mi sorpresa, mi amiga me pudo ubicar perfectamente bien, y de memoria. «Te vas hasta el final, por donde venden los huevos, y en la esquina venden el chorizo. Las tortillas están allí también, si las quieres de harina. Para los frijoles tienes que ir al tercer pasillo…».

 

Increíble. Se nota que no visito el supermercado mucho. Aunque algo me dice que, inclusive si lo hago, de todas maneras me voy a extraviar más veces de lo que jamás admitiré.

Instituciones Judías (Parte III)

La Sinagoga

 

Según el Evangelio de Lucas, Cristo acostumbraba ir a la Sinagoga en el sábado. Es increíble que el Dios del universo, el Creador de todo, fuera a la Sinagoga, una institución creada por el hombre para adorarle a Él.

 

En el tiempo del exilio, el pueblo de Israel no tenía un templo dónde adorar, y siguiendo la costumbre de la oración dada por el Rey Salomón en II Crónicas 6:38, los judíos oraban hacia Jerusalén; aún así no contaban con un lugar visible, un templo. Fue el «espíritu de devoción y oración que se sintió en el período del exilio [lo que] llevó a los orígenes de la Sinagoga» (Kohler, 16). Fueron personas laicas de suma devoción, quienes «temblaban con asombro al nombre de Dios», quienes crearon la Sinagoga en el tiempo del exilio como un consuelo y esperanza del Mesías que había de venir (Kohler, 26).

 

La Sinagoga era bastante diferente al Templo. No había sacrificios, ni incienso, ni una construcción impresionante. Era un lugar en donde aquellos que temían a Jehová podían reunirse y adorar en canto y al escuchar la lectura y enseñanza de las Escrituras. La Sinagoga, pues, dio a la pueblo judío la inteligencia y conocimiento que el Templo nunca dio. Este lugar se convirtió, verdaderamente, una «casa de oración para todos los pueblos» (Isaías 56:7), un lugar en donde gente normal podía adorar al Dios real y tener comunión con Él.

 

En los Evangelios vemos que Cristo enseñó regularmente en la Sinagoga, así que se puede concluir que nuestro Señor aprobaba de ella. La Sinagoga era y sigue siendo una parte vital de la vida judía tradicional.

 

Conclusión

 

Con el conocimiento provisto en este artículo, el lector deberá ser capaz de entender mejor estos grupos e instituciones y cómo impactaron la vida cotidiana en los tiempos nuevo-testamentarios, y cual fue su rol en las vida de Cristo y Sus apóstoles. Los Creyentes deberán tomar este conocimiento y aplicarlo a la lectura diaria de la Biblia, y sacarle así provecho, sabiendo que todo lo escrito en la Biblia tiene un propósito y una razón específica para haber sido inspirado.

 

 

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Citaciones:

Kaufman Kohler, The Origins of the Synagogue (New York: The MacMillian Company, 1929).

 

 

Episodio con el Sr. Gracioso

Las puertas automáticas se abrieron y entré al lobby del aeropuerto, con mi hermana pisándome los talones. Las filas para el chequeo de los boletos no eran tan largas, lo cual me tranquilizó un poco porque estábamos un poco tarde para el vuelo de mi hermana.

 

El hombre de los boletos—un señor de cabello blanco y nariz chata—me recibió con una sonrisa. Le pregunté que si mi hermana podía registrarse con él, o si tenía que usar la computadora de registro automático.

 

—Ella puede hacer lo que se le antoje—me dijo. Su respuesta me sorprendió un poco. Una nunca espera que le respondan con una indirecta, y menos de un empleado de una aerolínea. Repetí mi pregunta, no porque no lo había oído bien, sino porque la respuesta no satisfizo mi pregunta. Extrañamente, el hombre me contestó con las mismas palabras exactamente, sin siquiera mirarme a los ojos. Llegó mi hermana (porque yo había caminado rápido) y sacó sus boletos. Se los entregó al hombre.

 

—¿Podemos subir las maletas de una vez?—pregunté, refiriéndome a si las podíamos poner en la pesa para ver si no teníamos que pagar extra por sobrepeso. El Sr. Gracioso me respondió con gran sabiduría: «Ella puede hacer lo que se le antoje».

 

¿A sí? ¿Lo que se le antoje? ¿Y si se le antoja levitar? ¿Y si se le antoja pedirle a usted un millón de dólares? ¿Y si se le antoja darle la vuelta al mundo en treinta segundos? ¿Y si se le antoja traer veinte maletas con ella? ¿Y si se le antoja hacer un dueto conmigo de guitarra y violín encima de su mesa? ¿Puede hacer lo que se le antoje? No lo creo, Sr. Sólo-respondo-con-indirectas. No dudo de la capacidad de mi hermana para hacer cosas difíciles, de lo que dudo es de su capacidad mental para responder sencillas preguntas por un hombre frustrado porque está tarde para el vuelo de su hermana; de lo que dudo es de que. . .

 

Hmmm. . . Qué fácil es frustrarse, ¿no? Qué fácil es que una persona le arruine a uno el día, siempre y cuando esa persona sepa dónde pegarnos. Cuando nos dan en ese punto, la mecha se enciende y lamentablemente es corta muchas veces.

 

Si no estamos en guardia, caer en pecado es sencillo. Nuestro corazón es engañoso (Jeremías 17:9); si pudiéramos verlo bien, si pudiéramos examinarlo a fondo, si pudiéramos ver cada aspecto de él, terminaríamos horrorizados.

 

Mucha gente piensa que son «buenas personas», y puede que lo sean (bajo los estándares morales del mundo), pero basta que alguien les de en ese talón de Aquiles y adiós a la sonrisa. Súbitamente brotan todo tipo de gritos, maldiciones, golpes, muecas, y amenazas.

Hoy es un buen día para examinar nuestro corazón. La Palabra dice: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Salmo 139:23-24).

 

 

 

Instituciones Judías (Parte II)

El Sanedrín


Jesucristo, poco antes de Su crucifixión, estuvo delante del Sanedrín y, después de ser acusado de blasfemia, fue sentenciado a muerte.


El Sanedrín fue un concilio de líderes con autoridad religiosa y civil en Israel. Los orígenes del Sanedrín son algo inciertos, pero la tradición Rabínica clásica sostiene que el Sanedrín tiene sus inicios en el tiempo de Moisés, quien constituyó un Concilio de setenta ancianos; un total de setenta y uno con Moisés mismo como el líder.


En los tiempos de Cristo, el poder del Sanedrín se estaba extenuando. De acuerdo con Hugo Mantel, el poder del Sanedrín durante el reino de Herodes era limitado solamente a cuestiones religiosas, y «bajo los procuradores Romanos la situación empeoró para los Fariseos, pues el Sanedrín era ahora privado frecuentemente inclusive del derecho de juzgar casos civiles» (Mantel, 55).


Hay diferencias de opinión en cuanto el número de Sanedrines que existieron, pero dos es el número más aceptado; un Sanedrín político y uno religioso. El Sanedrín Religioso, o el «Gran Bet Din», era dirigido por el presidente, el «Nasi», y el vicepresidente, el «ab bet din».


El Sanedrín jugó un rol importante en los Evangelios. Aunque la mayoría de las veces da una mala impresión, no todos sus miembros eran antagónicos hacia Cristo. Nicodemo era un miembro del Concilio cuando fue a Jesús de noche y le hizo esa gran pregunta acerca del nuevo nacimiento (Juan 3:1,4). José de Arimatea era no solamente un miembro distinguido del Sanedrín (Marcos 15:43; Lucas 23:50), sino también un discípulo de Cristo (Mateo 27:57). Ambos hombres enterraron el cuerpo de Cristo después de Su muerte (Juan 19:38-39).


Lamentablemente, es el Sanedrín quien sentenció a Jesucristo a muerte, y quien después sentenció a Estéban a morir apedreado. Así que aunque estos hombres intentaban servir a Dios, las palabras de Gamaliel eran ciertas en cuanto a ellos: en lugar de servir a Dios, luchaban contra Él (Hechos 5:39).


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citas:

Hugo Mantel, Studies in the History of the Sanhedrin (Cambridge, Mass.: Harvard University Press).

Instituciones Judías (Parte I)

INSTITUCIONES JUDÍAS Y SU RELEVANCIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

por Emanuel Elizondo Orozco.


Parte 1


La Biblia está llena de personajes. Leerla es como leer un libro en donde las diferentes personas, instituciones y grupos juegan un papel importante en los eventos narrados para el lector, y es importante para el estudiante del Nuevo Testamento, y para los creyentes en general, estar familiarizados con esos grupos e instituciones para que así la lectura de las Escrituras se convierta en un estudio provechoso, profundo, e inclusive divertido.


En este artículo se analizará un grupo y dos instituciones: los Fariseos, el Sanedrín, y la Sinagoga. Su historia básica, credo, e impacto en el Nuevo Testamento se analizará con el propósito de proveer al lector un más amplio entendimiento de los roles que estos grupos tuvieron en la vida de Cristo, Sus discípulos, y la Iglesia.


Los Fariseos


Jesucristo, estando en la montaña, dijo a Sus discípulos: «Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 5:20). Ese poderoso dicho confunde y sorprende a muchos hoy en día de la misma manera que probablemente confundió a muchos el aquel día en que Cristo lo pronunció. Después de escuchar tal declaración, un par de preguntas vienen a la mente. ¿Quienes fueron los Fariseos? ¿Que tan justos eran?


En cuanto a la primera pregunta, los orígenes de la secta de los Fariseos no se saben por completo. En su libro, The Pharisees (Los Fariseos), R. Travers Herford dice que el Fariseismo comenzó probablemente con el ministerio del profeta Esdras (19). Fue Esdras quien exhortó a los judíos a separarse de los gentiles y conformarse al Torá, la Ley de Dios. Esdras fue llamado el Sopher, el Escriba, y de él vinieron los llamados Sopherim, o los «Hombres del Libro». Los Sopherim y los Hasideos—cuyos orígenes también son inciertos—son probablemente los padres de los Fariseos porque, en esencia, son iguales.


El nombre Fariseo, que quiere decir «separado», apareció durante el reino de Juan Hyrkanus (135-105 B.C.) (Herford, 29) y fue usado para referirse a un grupo de personas quienes tenían el Torá y la tradición verbal en alta estima. Eran llamados «separados» porque no se asociaban con los am-ha-arets, la «gente del pueblo», aquellos quienes no observaban las leyes del Torá en cuanto al diezmo, pureza, oración, etc.


Los Fariseos y los Saduceos tenían una aguda diferencia en cuanto a la interpretación del Torá. Los Saduceos no iban más allá de lo que dijera el texto, mientras que los Fariseos mantenían el Torá y la tradición verbal en gran autoridad. Mateo 15:1-9 es un ejemplo de cómo veían los Fariseos la tradición verbal. El Evangelio narra que los Fariseos se indignaron porque los discípulos de Cristo habían «quebrantado la tradición de los ancianos» al comer sin lavarse las manos, a lo cual Cristo respondió con una fuerte reprimenda, llamándolos hipócritas y acusándolos de enseñar los mandamientos de hombres como si fueran la Ley de Dios.


Los Fariseos eran reconocidos como líderes y a menudo hablaban en representación del pueblo. Eran celosos de la Ley, eran parte del Sanedrín, y tuvieron autoridad inclusive de mandar guardias para arrestar a Cristo cuando hizo algunas declaraciones escandalosas acerca de sí Mismo (Juan 7:32).


Los Fariseos juegan un rol prominente en los Evangelios. Son regañados por Juan el Bautista en Juan capítulo 3. Cristo los cuestiona repetidamente a través de los Evangelios (Mateo 16:1; 19:3; Lucas 11:53), los critica severamente (Mateo 23:13-35), e inclusive advierte a Sus discípulos en contra de ellos (Mateo 16:6, Marcos 8:15, Lucas 12:1).


Sin duda alguna, los Fariseos daban una apariencia de justicia. Obedecían la Ley a detalle, ofrecían largas oraciones (Lucas 20:47), y diezmaban meticulosamente (Mateo 23:23). Si los Fariseos eran hombres que veían las Escrituras como un tesoro y la seguían con gran esmero, ¿por qué Cristo exhortó a Sus discípulos a exceder su justicia? John MacArthur, en su Biblia de estudio, explica que Cristo estaba llamando a Sus discípulos a internalizar las Escrituras y a no conformarse a ella de forma externa. Además, las Escrituras son claras: la única forma en que una persona puede ir al cielo es a través de la justicia imputada de Cristo Jesús en el creyente, y no por la justicia del individuo (MacArhur, 1256).


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citas:

Herford, R. Travers. The Pharisees. New York: The Macmillian Company, 1924.

MacArthur, John. La Biblia de Estudio MacArthur. Grand Rapids: Editorial Portavoz, 1997.


pronto, "El Sanedrín".