El Bien y el Mal son para nuestro bien

«¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» Job 2:10

 

Llegué a la sala de urgencias con un dolor tan fuerte que me era difícil llenar la forma de datos que me pedía la enfermera. Me encontraba en una silla de ruedas, tratando de llenar la forma con una mano que me temblaba. Finalmente llené mis datos, y entregué la forma. Respiraba con fuerza, y sentía que algo no estaba bien en mi estómago. Me pasé la mano por el cabello varias veces, y bajé la cabeza para que la gente en la sala de espera no viera mi expresión.

 

Minutos después me admitieron, finalmente, al hospital. El dolor era tan intenso que devolví toda la cena. La enfermera me acostó y pronto me inyectó medicina. «Te vas a sentir un poco extraño» me dijo. «Es una medicina muy fuerte».

 

Tan pronto como me inyectó sentí que mi brazo se tornó caliente, era como si pudiera sentir la medicina subir por mi brazo hasta llegar a mi cabeza, la cual comenzó a dar vueltas. «¿Es esto normal?» pregunté. Me sentía como drogado. La enfermera me contestó que sí.

 

Repentinamente el dolor se esfumó por completo. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir, habían pasado un par de horas.

 

Creo que las enfermedades son muy parecidas a una buena cachetada. Nos despiertan de nuestro estupor y nos recuerdan que somos mucho más frágiles de lo que pensamos. No importa qué tanta educación uno tenga, cuantos libros haya leído, qué tan altas y bajas las calificaciones, cuanto dinero en el banco, cuantos idiomas domine, al estar en cama, con dolor insoportable, es inevitable darse cuenta que como humanos somos frágiles. Hoy somos, y mañana puede que ya no seamos. Un latido nos separa de la eternidad.

 

Estos días que he estado en cama pude meditar en la siguiente frase, dicha por Job: ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? Dios ha sido tan bueno conmigo. Me da bendiciones a diario. Disfruto de su gracia común (como el sol, el aire, la lluvia, etc.) a diario, y de su gracia especial como hijo de Dios.

 

¿Y entonces qué? ¿Voy a reclamarle cuando me manda una enfermedad? ¡Por supuesto que no! Dios da, y Dios quita. Su Nombre sea siempre alabado.

 

¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? La respuesta es sí a ambas.