El Regalo de Dios a la Humanidad

Un pinito adorna la sala de mi casa, y debajo de él hay varios regalos listos para ser abiertos. Unas luces de diferentes colores adornan la fachada de nuestra casa. Hace poco vi un hermoso nacimiento en casa de un vecino.

Me gusta el pino navideño porque su forma triangular me recuerda la Santa Trinidad. Me gusta dar y recibir regalos porque me recuerdan que Dios amó tanto al mundo que «dio a su Hijo unigénito» (Juan 3:16). Me gustan las luces navideñas porque me recuerdan que Cristo es la luz del mundo (Juan 8:12). Me gustan los nacimientos porque me recuerdan que el propósito de la Navidad es ese: celebrar el cumpleaños de Cristo.

El llamado “espíritu Navideño” se siente en las calles y en las plazas... ¿pero en nuestros hogares? ¿Qué de nuestra vida?

Lo que trato de decir es que, aunque tenemos recordatorios a nuestro alrededor de lo que en realidad significa la Navidad, hemos olvidado el significado. Al ver el pinito, pensamos en cuántos regalos vamos a recibir. Cuando vemos las luces, pensamos en lo bonito que se ven. Cuando vemos el nacimiento, nos maravillamos en lo bien arreglado que está.

Pero Cristo queda totalmente fuera de la celebración. Hemos olvidado al celebrado. Se nos olvidó de quién se trata la fiesta. En lugar de Cristo, hemos convertido la Navidad en compras, estrés, tráfico, bebida y comida.

Amigo, en esta Navidad, te reto a descubrir al verdadero propósito de ella: Cristo Jesús.

La Biblia, la Palabra de Dios, dice que «cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo» (Gálatas 4:4). ¡Imagína eso! Dios ya tenía bien planeado mandar a su propio Hijo al mundo.

¿Y por qué lo mandó, te preguntarás? Bien, la Biblia responde a esa pregunta también: «Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores» (I Timoteo 1:15). Al venir Cristo al mundo, Él tenía un propósito en mente: salvar a todos los pecadores.

Mira, esto que sigue es bien importante: Dios dice en su Palabra que «no hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay quien... busque a Dios... No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» (Romanos 3:10-12). Además dice: «todos han pecado y están privados de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Hago hincapié en la palabra todos. Eso te incluye a ti, eso me incluye a mí. Eso incluye a todo ser humano en el planeta.

Entonces, si Cristo vino al mundo a salvar a pecadores, y todos hemos pecado... ¡Cristo vino al mundo a salvarte a ti, y salvarme a mí!

“¿Salvarme?” te preguntarás. “¡Salvarme de qué!” La Biblia es clara al respecto: todos los pecadores merecen morir en el infierno a causa de su pecado (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8). Si alguien te ha dicho que el infierno no existe, lee los Evangelios. Cristo habló del infierno una y otra vez. Es un lugar literal, a donde irán los pecadores.

¡Pero escucha la buena noticia! Si decides poner toda tu fe en Cristo, y crees en Él de todo corazón, y decides hacerlo el Señor de tu vida, y le pides que sea tu Salvador, entonces recibirás el regalo de Dios, la salvación. La Biblia dice que la salvación es un regalo: «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe (en Cristo)» (Efesios 2:8).

¿A quién no le gustan los regalos? Mi deseo para ti en esta Navidad es este: que recibas el regalo de Dios, la salvación que es a través de Su Hijo Jesucristo, quien vino al mundo para morir por los pecados del mundo.

Tú puedes ser salvo hoy, si decides seguir a Cristo con todo tu ser, y si te conviertes en Su discípulo. ¿Qué harás esta Navidad?

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