Hechos a la imagen de Dios

De todas las criaturas, solamente el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios (Gen. 1:26). Es interesante notar que, aunque Dios habló todo el universo en existencia, con el hombre no vemos que lo habló. En Génesis 1:26 vemos a la Trinidad planeando el crear al género humano, y en el vs. 27 Dios los crea. No vemos un pasaje que diga, "Y Dios dijo, hágase el hombre. Y el hombre fue hecho".

 

¿Y eso qué tiene de significativo? Hay teólogos que creen que, a diferencia del resto de la creación, Dios se "ensució las manos" al crear al género humano. Dios formó cuidadosamente al humano, pues serían ellos quienes llevarían su imagen y semejanza. La humanidad tiene el toque especial del Dios Todopoderoso. Él escogió a la humanidad como quienes portarían su imagen, para que fueran como Él (importante: no igual a Él sino como él). Es por eso que la humanidad tiene dignidad. Es por eso que el asesinato, el canibalismo, el modificarnos el cuerpo, el burlarse de otro, la exterminación racial, el racismo, etc., está mal, pues va en contra de la imagen de Dios. El asesinato, por ejemplo, es malo, no porque el hombre es bueno intrínsicamente, sino porque es portador de la imagen de Dios. Es por eso que no podemos maldecir a nuestro hermano, pues como lo dice Santiago 3:9, los hombres «están hechos a la semejanza de Dios».

 

Esto nos debe de humillar pues no importa quienes seamos, de que nacionalidad, de que lengua, o de que tono de piel, lo único que nos hace como humanos importantes es lo mismo que todos tienen. Así que nadie es más que otro. Todos fuimos creados como Dios, para reflejarlo a Él, y últimamente, para glorificarle.

 

¿Te has preguntado porqué hay gente tan buena, creativa, y talentosa, quienes sin embargo son personas ateas o que creen en una religión basada en mérito? Bien, aún bajo su pecado, la imagen de Dios es tan potente que brilla a pesar del pecado. Lamentablemente, nada de eso que hacen les puede ameritar el cielo, porque lo bueno que hacen no es nada de ellos, sino de Dios, pues es Su imagen la que están reflejando.

 

Ya dicho esto, la Biblia explica que debido al pecado, la imagen de Dios ha sido manchada. Y aunque el pecado no la puede borrar completamente, esa naturaleza que tenemos tiene que ser redimida por Jesucristo y Su sacrificio expiatorio en la cruz. Nadie entrará al cielo a no ser que haya sido completamente justificado por el Hijo a través de la fe (Romanos 5:1).

 

Cristo Jesús vino a redimir a sus propias criaturas. A aquellos que con amor creó a Su propia imagen, quienes sin embargo se rebelaron contra él.

 

«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:11-13).

 

 

 

 

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