Estar donde Dios quiere que esté

Ya se está poniendo frío por acá. Salgo por las mañanas y puedo ver mi aliento. Mi clóset, antes lleno de camisas y pantalones, ahora tiene chaquetas y suéteres. La bufanda y guantes esperan ansiosamente ser usados, y pronto hasta los pantalones térmicos volverán a hacer su labor después de un año de estar en el olvido.

 

Es interesante que, aunque llevo ya más de cuatro años viviendo por acá, no puedo acostumbrarme al clima, y cada que regreso a México me siento como en casa. No solamente me siento como en casa, ¡es mi casa!

 

A veces me pregunto si estudiar tanto vale la pena. Después de todo, ¿por qué no entrar ya al ministerio? Puedo aprender muchas cosas en el camino, ¿no?

 

Pero recuerdo lo que siempre he pensado. Todos tenemos diferentes llamados. A algunos Dios los ha llamado a entrar inmediatamente a Su servicio como misioneros o pastores, otros trabajan, otros estudian y se preparan para el futuro, pero al final, todo debe ser para la gloria de Dios. Eso quiere decir que si yo muero hoy, sin haber jamás predicado regularmente, habré hecho lo correcto, porque estoy haciendo lo que Dios quiere que haga hoy. Y mañana seguiré Su voluntad también, y espero hacerlo así por el resto de mi vida.

 

No importa dónde esté uno, mientras uno esté en donde Dios lo quiere, entonces es lo mejor que uno puede estar haciendo.

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