En Vano

La semana pasada, en el retiro, el Pastor compartió un poderoso mensaje basado en el Salmo 127: 1-2. Habló de no hacer cosas «en vano». Nos explicó cómo en el hebreo ese pasaje dice tres veces la palabra «en vano» (algunas traducciones modernas reflejan esto, y otras no). El pasaje habla de tres cosas que se pueden hacer «en vano», a menos que Dios sea quien las haga.

 

La primera es edificar una casa. Creo que metafóricamente se aplica a la familia. Muchos se esfuerzan en tener no solamente una buena casa, sino una familia en orden. Hay gente que cree que la forma de edificar bien su casa es dándole a sus hijos los mejores juguetes, la mejor educación, la mejor ropa. Y eso no es malo, el problema es cuando ese es el fin, en lugar de hacerlo para la gloria de Dios. Si Dios no es quien edifica la casa a través de nosotros, todo esfuerzo no tiene sentido y es hueco.

 

Después el pasaje dice, «Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia». Creo que no hay nadie que por las noches no ponga seguro a las puertas de la casa. Hoy en día vivimos con tanta violencia que es fácil vivir con miedo. Pero al final, es Dios quien se encarga de protegernos. «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?». ¿De qué sirve poner alarmas, poner seguros, andar mirando a nuestras espaldas, si Dios no está de nuestro lado? ¡De nada! Eso no quiere decir que debemos ser ingenuos o tontos, sino más bien que debemos depositar nuestra confianza en Dios.

 

Y la tercera la voy a tomar de la versión NVI: «En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde… porque Dios concede el sueño a sus amados». Es mi oración que mi paz esté basada en el poder del Señor. ¿De qué sirven mis estudios, de qué sirve mi trabajo, de qué sirve nada en la vida, si no tengo paz? ¿De qué sirve todo en la vida si no puedo acostarme sabiendo que estoy haciendo el bien, que lo que estoy haciendo tiene valor eterno? Pero la Palabra dice que Dios concede la paz a su amado; a aquellos quienes son sus hijos. Aquellos que han sido comprados por la sangre del Cordero.

 

Vivamos nuestra vida con la mirada en las cosas eternas. Qué triste sería si al terminar nuestra vida, dijéramos: «Todo lo que hice… fue en vano».

 

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Gracias sr!

Igualmente saludos por allá.

Dios te bendiga

gian