Preguntas Difíciles

Admiro y respeto mucho a gente que tiene la capacidad de pararse en frente de un grupo de personas y dejar que le hagan preguntas difíciles. Hay otros que tienen la habilidad de usar la pluma para abordar temas difíciles y de debate. A lo largo de la historia de la Iglesia sabemos de grandes teólogos y apologistas que defendieron la fe a capa y espada (Agustín, Lutero, Lewis y muchos otros), respondiendo a los escépticos, silenciando a unos y convenciendo a otros.

 

La experiencia de ser cuestionado no es bonita muchas veces. Me ha pasado que alguien me hace una pregunta difícil que me toma, por así decirlo, desequilibrado. O nunca falta la persona «muy sabia» a la que le gusta cuestionar todo lo que uno dice por el simple hecho de tratar de hacernos dudar. Es fácil que una conversación se convierta en un debate, el cual se torna en una pelea. ¿A poco no te ha pasado?

 

Hoy leí I Reyes 10 y me llamó la atención cómo comienza el capítulo: "Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles". Lo primero que pensé al leer esto fue, ¡vaya señora! Viene desde quién sabe dónde, viajando por quién sabe cuánto tiempo, sola y específicamente para hacerle a Salomón «preguntas difíciles».

 

Obviamente que yo no me puedo comparar para nada con Salomón y su sabiduría, pero si hoy en la noche recibiera una llamada desde la India por una persona que va a viajar hasta mi casa para hacerme «preguntas difíciles», ¡me pondría algo nervioso! (Además pensaría que tal persona está completamente desquiciada al pensar que yo le puedo responder algo). «¿Qué clase de preguntas?» le preguntaría algo extrañado. «Pues, difíciles. Preguntas difíciles». «Ahh… sí… eh… ¡gracias!…».

 

En el versículo 3 dice que "…Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase". ¡Increíble! Absolutamente asombroso. De hecho, eso también lo pensó la reina, porque poco después le dice: «Lo oía pero no lo creía, y ahora lo veo pero no lo creo». Bueno, esa es mi paráfrasis.

 

La otra cosa interesante y esencial del relato es que la reina reconoce que el que últimamente merece la alabanza es el Señor, porque Él es quien le dio la sabiduría al rey y el derecho de gobernar el pueblo elegido. Ese debe ser siempre el resultado cuando la gente nos ve. Que nuestra vida siempre apunte hacia nuestro Dios grande y soberano.

 

1 comentario:

marlenne (eva) dijo...

hahahaha esta genial ... me encanto la forma en que lo expusiste y asii.. es genial volver a leer algo de ti hahaah siempre has sido de bendicion....aun creo tener la historia de... un barco pirata XD ahaah cudiate ! bye bye!