Meditando en Su Palabra

Todos tenemos métodos diferentes cuando se trata de nuestro devocional diario. Algunos lo hacen en las mañanas, otros en las noches. Algunos leen tres capítulos al día, otros leen una porción, otros se ponen un tiempo determinado y leen todo lo que puedan en esa cápsula de tiempo. Algunos escriben lo que aprendieron en una libreta, otros subrayan su Biblia, otros simplemente meditan en lo leído.

 

No creo que haya un método perfecto. Cada uno debe encontrar la mejor forma de leer y meditar en la Palabra. Aunque es bueno preguntarles a otros cómo le hacen (en especial cuando son personas con un testimonio bueno y con una pasión por Cristo), no debemos pensar que por seguir su método creceremos de la misma manera y a la misma velocidad.

 

Ya dicho esto, me gustaría decir cómo llegué a hacer mi devocional de la forma en que lo hago. No porque sea el mejor método, sino porque hasta ahora me ha funcionado, me gusta, y me ayuda en mi vida espiritual. Debo decir que puede ser que lo cambie en el futuro, pero hasta ahora me ha gustado mucho. Tal vez a alguien le interese, lo modifique un poco, y le saque provecho.

 

Hace un año emprendí una búsqueda del "mejor método". Estaba algo di satisfecho con mi forma de leer las Escrituras. Me puse a buscar en internet, leí un libro al respecto, pedí opiniones, busqué en biografías, y demás. Encontré cosas que me gustaron mucho y otras que no tanto. Después fui a la Biblia (eso debí haber hecho desde un principio, pero son un cabeza dura) y encontré un principio que revolucionó mi pensamiento: la Biblia debe ser meditada. Dios se lo mandó a Josué (Josué 1:8), y David lo dice también en diferentes Salmos. No se trata de cuánto leo, pues la Biblia nunca habla de la cantidad de capítulos necesarios para tener una vida espiritual exitosa.

 

Al final, después de tomar de aquí y de allá, llegué a lo siguiente. Primero que nada, antes de comenzar a leer, le pido a Dios que me limpie de mis pecados y que me abra el entendimiento para ver las maravillas de Su Ley (Salmo 119:18). Que me ayude a glorificarlo al leer su Palabra.

 

Aunque intenté lectura consecutiva, encontré algo difícil que para llegar al Nuevo Testamento tendría que pasar más de medio año. ¡Y con lo que me gusta el Nuevo Testamento!

 

Lo que hice fue imprimir una pequeña hojita con todos los capítulos de la Biblia, y así cada día leo un capítulo del Antiguo Testamento, y uno del Nuevo. Encontré este método fabuloso, porque es increíble leer las profecías y los cumplimientos, y poder ver cómo el Antiguo Testamento apunta hacia el Nuevo, y cómo los dos se complementan y tienen un mismo mensaje. De esa manera, ya estoy leyendo el Nuevo por segunda vez (ya voy en I Corintios de nuevo) y voy a más de la mitad del Antiguo.

 

Pero leer no es suficiente, lo importante es meditar, ¿verdad? Así que al terminar mi lectura, mi pregunta principal es: ¿qué aprendí de mi lectura? ¿Qué me enseñó Dios? ¿Qué mandamiento me dio, que promesa encontré, que aspecto de mi vida debo cambiar? Entonces tomo una pequeña tarjetita (compré todo un paquete en la papelería), y en ella apunto un versículo o un pensamiento en el cual quiero meditar a lo largo del día. Doblo a la mitad mi "tarjeta de meditación" y la guardo en mi bolsillo o cartera, y a lo largo del día, a diferentes horas, la saco, la leo, y medito en ella. De esa forma puedo saborear mi devocional todo el día y tengo la Palabra en mi mente (y en mi bolsillo) a todas horas.

 

Espero que esto te ayude algo. Lo importante es que medites en la Palabra de día y de noche. El método no es lo más importante, pero eso no significa que no tenga importancia. Pide ayuda a Dios, y sumérgete en su Palabra.

 

1 comentario:

Gian dijo...

También funciona estudiar con comentario jeje. El de Macarthur me encanta. Ya pronto voy a acabar mi lectura anual, voy a probar ahora el comentario reformado. A ver qué tal.

¡Saludos don!