¡Maravilloso Amor!

En las noticias de hoy leí de un padre que murió al rescatar a su hijo. Este hombre, de 66 años, se lanzó a una fosa séptica para salvar a su hijo de 20 años, quien es minusválido. Este hombre era un devoto Católico, piloto militar y comercial, y entrenador de ligas menores de básquetbol. Este hombre es un héroe, y su familia dice que no les sorprende que el sr. Van Derwoude haya muerto en tal acto de heroísmo abnegado.

 

Aunque no hay analogía perfecta, no pude evitar pensar que este evento representa lo que Cristo hizo por nosotros al salvarnos. Nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, no teníamos ni la habilidad ni el deseo de salvarnos. Estábamos en lo más profundo de la fosa, ahogándonos en nuestros pecados, sin esperanza alguna.

 

Entonces Cristo se lanzó al agua, viniendo desde el cielo, dejando su gloria, dejando su trono, y nos sacó de las profundidades. Y en el proceso de salvarnos, Él murió. Dio su vida por nosotros.

 

El sr. Van Derwoude murió por su hijo, a quien amaba. Estuvo dispuesto a dar su vida por amor a él. Cristo, a diferencia, murió por personas rebeldes y malas. Y aún así estuvo dispuesto a morir por nosotros. No porque lo mereciéramos, sino porque Él nos amó.

 

Me encanta cómo lo dijo Charles Wesley en su himno: «Maravilloso es el gran amor que Cristo el Salvador derramó en mí. Siendo rebelde y pecador, yo de su muerte causa fui. ¡Grande, sublime, inmensurable amor! Por mí murió el Salvador. ¡Oh maravilla de su amor, por mí murió el Salvador».

 

Y Pablo lo dice también en uno de mis versículos favoritos: "Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5: 7-8, NVI). ¡Amén!

 

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