Libro a la Basura

Hoy tiré un libro a la basura. Y eso no pasa muy seguido. De hecho, pasa muy muy de vez en cuando. Hay varias razones por las cuales no me gusta tirar libros. Para empezar, me costó dinero, y siento que tirarlo es como tomar un billete de diez dólares y prenderle fuego. La otra es que me gusta ver mis libros en mi librero; aunque muchos de ellos no los he tocado en años, se siguen viendo bonitos allí. Desde el día que leí mi primera novela (La Isla del Tesoro cuando tenía ocho años) he estado coleccionando los libros que leo. En mi cuarto tengo un librero lleno más otros más en algunas cajas (no había donde ponerlos—por ahora), y en el cuarto de mi dormitorio tengo más en el librero y encima de la cama de mi compañero de cuarto. Me gustan los libros, sí. De hecho a veces siento que soy un comprador de libros obsesivo compulsivo, pero estoy trabajando en no sentir el deseo de comprar un libro cada que paso por un estante.

 

Pues bien, este libro en particular se merecía la basura sin duda alguna. Yo siempre he pensado que es bueno leer un poco de todo, siempre con cuidado y discernimiento. Así que me gusta mucho leer novelas por autores cristianos y seculares, además de revistas, artículos, blogs, y libros teológicos y de vida cristiana.

 

Me gusta leer novelas por autores seculares porque a veces las novelas cristianas están mal escritas, con diálogos absurdos, tramas patéticas y personajes de cartón. Siempre hay excepciones, como Dekker, Peretti, Jenkins y otros más. Aún así, hay autores que, aunque no son cristianos, tienen un talento impresionante para contar historias. El problema es que algunas veces se encuentra uno con material que es simplemente malo desde un punto de vista cristiano. Hablo de sexualidad, malas palabras, y todo tipo de perversidades que uno encuentra no solo en libros, sino en películas, anuncios, y casi en todo tipo de medio de comunicación. Algunas veces es poco el material desagradable, lo suficiente para saltarlo y disfrutar de la historia, pero en otras ocasiones es imposible.

 

Esta fue una de las ocasiones. El libro, una novela de misterio por un autor famoso, era demasiado gráfico y al parecer todos sus personajes estaban obsesionados por decir algún tipo de maldición cada que abrían la boca. Eso ni siquiera es normal.

 

Así que, frustrado y enojado, lance el libro al cesto.

 

Creo que como cristiano, el balance y discernimiento es clave. Hay libros buenos; hay malos; y hay otros que, como son basura, merecen quedarse allí.

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