Consejos y Consejeros

El otro día un amigo me pidió un consejo. Creo que pasa a menudo, especialmente con buenos amigos. «¿Qué piensas de…?», «¿Crees que debería…?», «No se sí…». Los humanos somos criaturas dependientes y por lo tanto nos gusta (y necesitamos) recibir guía de otros. Proverbios repetidas veces nos desafía a recibir el consejo de Jehová, de nuestros padres, de los Proverbios mismos, de situaciones de la vida, y así.

 

Lo que me hizo pensar un poco fue lo peligroso que puede ser dar consejos a otra persona. En especial cuando nuestro consejo es «nuestro». Lo que quiero decir es que cuando doy un consejo, ¿refleja lo que Dios diría? Si soy cristiano y la Biblia es mi máxima autoridad, cada que aconsejo a alguien debe ser de acorde a lo que Dios dice. En otras palabras, ¡debo ser un consejero bíblico!

 

A lo largo de mi vida (algo corta hasta ahora, es verdad) he escuchado muchos consejos, y algunos de ellos malos. La mayoría de las veces provenían de gente con una muy fuerte «opinión opinionada»--como dice un amigo. Gracias a Dios la gente que Él ha usado para aconsejarme, como mis padres, pastores y amigos, han sido gente con un deseo genuino de glorificar a Dios, así que puedo decir con una conciencia limpia que yo en particular he recibido muy buenos consejos.

 

La pregunta es, ¿he dado yo buenos consejos? ¿Puede una persona chequear su Biblia y decir, «Sí, tu consejo está de acuerdo con la Palabra de Dios»?  

 

Entonces, de forma práctica, lo que debo hacer primeramente es leer la Biblia, meditarla y estudiarla bien, y asegurarme de que entiendo lo que Dios quiere decirme a través de ella. Porque solamente así, al estar familiarizado con la Palabra de Dios, es que podré saber Su voluntad, y al saberla, podré aconsejar a otros en lo que Dios quiere que hagan en esta o aquella situación. Y así, cuando alguien me pida un consejo, pueda yo no solamente decir, «Yo creo», sino más bien, «La Biblia dice».

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