Bueno y Soberano

Hay dos verdades bíblicas que deben traer paz a todo hijo(a) de Dios. La primera es que Dios es soberano. Dios está en completo control de todo lo que sucede en el universo. Dios conoce cuantos cabellos tenemos, sabe cuando muere un pajarito en el Amazonas, sabe lo que pensamos en lo más profundo de nuestro corazón, sabe cuando muere un pececito en lo profundo del océano, manda la lluvia, saca el sol; no hay nada que Él no sepa, no hay nada que Él no controle. Nada sucede sin que Él lo permita. Nada se sale de Su voluntad. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él (Romanos 11:36).

 

La segunda es que Dios es bueno. Dios no puede ser malo porque Dios no puede hacer nada que vaya en contra de su naturaleza. Dios no puede ser tentado por el mal ni el tienta a nadie (Santiago 1:13). Inclusive Su justicia refleja que es bueno, porque si Dios no fuera justo, entonces sería malo. Es como si un juez le dijera a un asesino: «Eres culpable, pero no te preocupes, porque soy bueno, te voy a dejar ir». ¡Ese juez en realidad sería malo! De la misma manera la justicia de Dios refleja su benignidad.

 

Ahora, si Dios fuera soberano pero fuera malo, eso sería bastante—malo, pues. Un Dios malo con control absoluto sería muy peligroso para nosotros. Imagínate, sería como uno de esos "dioses" antiguos que cuando andaban de malas, miraban desde su nube a algún humano infortunado paseándose por un prado y ¡zap! con un rayo lo convertían en palomita de maíz.

 

Y si Dios fuera bueno pero no soberano, entonces este mundo ya se hubiera consumido hace mucho tiempo. Además de eso, no podríamos orar, no podríamos decir, «Si Dios quiere», no podríamos verdaderamente adorarlo. Un Dios que no es soberano no es un verdadero Dios.

 

¡Pero que increíble es saber que Jehová nuestro Señor es un Dios absolutamente bueno, y absolutamente soberano! Eso debe traer mucha tranquilidad a los creyentes. ¿Porque? Porque nuestro Padre Celestial nos ama, y no solo eso, sino que además está en completo control de todo lo que nos pasa.

1 comentario:

Gustavo Rodriguez dijo...

Todo lo que escribes lo puedo resumir en que en realidad "la voluntad de Dios es agradable y perfecta".

Dios te bendiga mucho y felicitaciones por tu blog

Gustavo