¡Japi Verdei, Vicky!

Quisiera aprovechar para desearle un japi japi verdei a mi hermana Vicky, que cumplió años hace poquito, pero debido al retiro no pude hablarle ni escribirle en su mero día (pero ya me perdonó por ello... creo). ¡Que Dios te bendiga, y que cumplas muchos años más!
 
También agradecerle por el diseño del blog (ella se encarga de todo lo estético, yo del contenido), por sus ideas, por su creatividad, y por su deseo de vivir para Cristo.
 
¡¡Felicidades!!
 
De tu hermano el más chido y buena onda,
Emanuel  :)

¡Campamento!

Flash Informativo:

 

Acabo de llegar de un retiro, organizado por una Iglesia hermana y la nuestra. ¡Estuvo increíble! Debo aceptar que me sentí algo incómodo en la predicación acerca del matrimonio, pero todo fue excelente. Además, dos personas recibieron a Jesucristo, así que gloria a Dios por ello.

 

Más detalles del campamento pronto. A la misma hora y por el mismo canal. Digo... en el mismo blog... y de la hora, no sé. Cuando termine de estudiar, supongo.

 

Mañana: examen de Teología Sistemática y una prueba de Griego. Lo bueno: el material es excelente. Lo malo: debido al campamento, casi no estudié. Oh oh.

Un día de esos

Eran pasadas las doce de la noche. Abrí la cajita y saqué dos píldoras, las cuales prometían no solamente ayudarme a deshacerme de mi resfriado, sino también ponerme a dormir como un oso en invierno después de haberse cenado unos cuantos salmones y tomado una Coca-Cola. Así que, después de pasarlas con la ayuda de un poco de agua, me metí debajo de la colcha y puse mi alarma a las cinco de la mañana, para tener tiempo de terminar la lectura de Teología Sistemática. Cerré los ojos--

 

--y los abrí de nuevo. Miré mi reloj. ¿Qué? ¡Las seis y media de la mañana! ¿Y la alarma…? Bueno, adiós a la lectura.

 

Normalmente me levanto una hora y media antes de clase para tener tiempo de bañarme, planchar la ropa mientras veo una predicación en la computadora (mis favoritas son las de R.C. Sproul, John Macarthur y John Piper. Aunque Mark Dever y Al Mohler acaban de ser agregados a mi lista de podcasts), y tener mi devocional. Así que una hora y media después salí de mi dormitorio rumbo a ese edificio que tanto me gusta: el seminario.

 

Entré a la clase de Sistemática algo enojado conmigo mismo por no haber terminado la lectura (un artículo por L. Gaussen acerca de la inspiración de la Biblia), pero sin nada más qué hacer al respecto, abrí mis notas y esperé ansiosamente a que comenzara la clase. Lamentablemente esas dos píldoras eran más poderosas de lo que pensé, porque no recuerdo nada de lo sucedido en esos cincuenta minutos. Solo recuerdo pensar: «Tengo algo de sueño. Voy a cerrar los ojos…».

 

Sonó la campana y salí rumbo a Griego, pestañeando mucho, tratando de despertarme. Me dolía el estómago, así que por hacer una parada en el baño, llegué tarde a clase. «Y aquí está Emanuel» dijo el maestro cuando entré. Me regresó mi examen, el cual presenté hace poco.

 

Me senté y miré la calificación: una B. Hmm… ni bien, ni mal. Lo peor es que muchos de mis errores son sencillos: una letra que falta aquí, otra que falta allá. El muchacho a mi izquierda tiene su examen doblado y entre sus piernas, cuidando de que nadie lo vea. Es por eso que decidí no preguntarle qué tal le fue. De todas maneras, su cara lo dice todo.

 

La última clase del día es la clase ministerial, en donde todos los estudiantes del instituto y del seminario llenamos un auditorio y escuchamos a diferentes predicadores hablar de todo tipo de temas. El día de hoy el tema era dirigido a los estudiantes del instituto. El decano del seminario hablaría de por qué deberían de seguir con sus estudios en el seminario. Una vez más tengo que echarle la culpa a esas dos píldoras, porque lo único que recuerdo de esa sesión provienen de los momentos en las que las risas de mis compañeros me levantaron de mi excelente siesta. (Me es un misterio cómo le hizo el decano para hacerlos reír, especialmente con el tópico de su cátedra).

 

Terminó la clase. Fui a capilla y, gracias a Dios, no me dormí. Luego a la comida, luego al trabajo.

 

Ha sido un día interesante. La moraleja: eh… no estoy seguro. Tal vez es, «no tomes píldoras para la gripa a menos que tengas un día libre».

 

La segunda moraleja sí sé cual es: aunque las cosas no salgan como lo planeamos, debemos de… mejor dejo que el Apóstol Pablo lo diga: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4).

 

Bueno y Soberano

Hay dos verdades bíblicas que deben traer paz a todo hijo(a) de Dios. La primera es que Dios es soberano. Dios está en completo control de todo lo que sucede en el universo. Dios conoce cuantos cabellos tenemos, sabe cuando muere un pajarito en el Amazonas, sabe lo que pensamos en lo más profundo de nuestro corazón, sabe cuando muere un pececito en lo profundo del océano, manda la lluvia, saca el sol; no hay nada que Él no sepa, no hay nada que Él no controle. Nada sucede sin que Él lo permita. Nada se sale de Su voluntad. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él (Romanos 11:36).

 

La segunda es que Dios es bueno. Dios no puede ser malo porque Dios no puede hacer nada que vaya en contra de su naturaleza. Dios no puede ser tentado por el mal ni el tienta a nadie (Santiago 1:13). Inclusive Su justicia refleja que es bueno, porque si Dios no fuera justo, entonces sería malo. Es como si un juez le dijera a un asesino: «Eres culpable, pero no te preocupes, porque soy bueno, te voy a dejar ir». ¡Ese juez en realidad sería malo! De la misma manera la justicia de Dios refleja su benignidad.

 

Ahora, si Dios fuera soberano pero fuera malo, eso sería bastante—malo, pues. Un Dios malo con control absoluto sería muy peligroso para nosotros. Imagínate, sería como uno de esos "dioses" antiguos que cuando andaban de malas, miraban desde su nube a algún humano infortunado paseándose por un prado y ¡zap! con un rayo lo convertían en palomita de maíz.

 

Y si Dios fuera bueno pero no soberano, entonces este mundo ya se hubiera consumido hace mucho tiempo. Además de eso, no podríamos orar, no podríamos decir, «Si Dios quiere», no podríamos verdaderamente adorarlo. Un Dios que no es soberano no es un verdadero Dios.

 

¡Pero que increíble es saber que Jehová nuestro Señor es un Dios absolutamente bueno, y absolutamente soberano! Eso debe traer mucha tranquilidad a los creyentes. ¿Porque? Porque nuestro Padre Celestial nos ama, y no solo eso, sino que además está en completo control de todo lo que nos pasa.

Examen de Griego

Los titulares:

 

Mañana, a las nueve en punto, tengo mi primer examen de Griego. Sinceramente no creo reprobarlo, pero sacar una A tampoco se ve muy posible.

 

En otras noticias, hoy dejé la llave dentro de mi cuarto por segunda ocasión, y me quedé sin poder entrar por un buen rato. ¿Será que estoy perdiendo la cabeza, además de mis llaves?

 

El domingo pasado prediqué en la Iglesia acerca de la locura de la predicación, basado en I Corintios 1:18-25. El Señor bendijo el mensaje.

 

Estos fueron los titulares vespertinos del día de hoy. Gracias.

Consejos y Consejeros

El otro día un amigo me pidió un consejo. Creo que pasa a menudo, especialmente con buenos amigos. «¿Qué piensas de…?», «¿Crees que debería…?», «No se sí…». Los humanos somos criaturas dependientes y por lo tanto nos gusta (y necesitamos) recibir guía de otros. Proverbios repetidas veces nos desafía a recibir el consejo de Jehová, de nuestros padres, de los Proverbios mismos, de situaciones de la vida, y así.

 

Lo que me hizo pensar un poco fue lo peligroso que puede ser dar consejos a otra persona. En especial cuando nuestro consejo es «nuestro». Lo que quiero decir es que cuando doy un consejo, ¿refleja lo que Dios diría? Si soy cristiano y la Biblia es mi máxima autoridad, cada que aconsejo a alguien debe ser de acorde a lo que Dios dice. En otras palabras, ¡debo ser un consejero bíblico!

 

A lo largo de mi vida (algo corta hasta ahora, es verdad) he escuchado muchos consejos, y algunos de ellos malos. La mayoría de las veces provenían de gente con una muy fuerte «opinión opinionada»--como dice un amigo. Gracias a Dios la gente que Él ha usado para aconsejarme, como mis padres, pastores y amigos, han sido gente con un deseo genuino de glorificar a Dios, así que puedo decir con una conciencia limpia que yo en particular he recibido muy buenos consejos.

 

La pregunta es, ¿he dado yo buenos consejos? ¿Puede una persona chequear su Biblia y decir, «Sí, tu consejo está de acuerdo con la Palabra de Dios»?  

 

Entonces, de forma práctica, lo que debo hacer primeramente es leer la Biblia, meditarla y estudiarla bien, y asegurarme de que entiendo lo que Dios quiere decirme a través de ella. Porque solamente así, al estar familiarizado con la Palabra de Dios, es que podré saber Su voluntad, y al saberla, podré aconsejar a otros en lo que Dios quiere que hagan en esta o aquella situación. Y así, cuando alguien me pida un consejo, pueda yo no solamente decir, «Yo creo», sino más bien, «La Biblia dice».

Haciendo Tiempo

Jesucristo, al ser tentado por Satanás, dijo: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Cada vez que el Señor fue atacado por Satanás, contestó con las Escrituras (Mateo 4:1-11). Eso nos debe dar la confianza de que ellas son poderosas, y útiles para «enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (II Timoteo 3:16). En ellas encontramos todo lo que necesitamos para vivir una vida santa y recta delante de Dios.

 

Hoy en capilla el predicador nos desafió en cuanto a nuestro tiempo personal con Dios. Nos dijo que si no estábamos teniendo un tiempo real de devoción era probablemente porque no habíamos hecho tiempo para ello.

 

Casi todos nosotros estamos muy ocupados, y no tenemos tiempo para algunas cosas. El punto no es que «siempre hay tiempo» para leer, el punto es que, si no hay tiempo, hay que hacerlo. «¿Qué hay en tu tiempo que puedes recortar para poder pasar más tiempo con la Biblia y en meditación» nos dijo el predicador. «Cuando uno tiene un novio o novia, separa un tiempo especial para pasar con esa persona. ¡De la misma manera con Dios! Si la relación con Él en verdad te importa, tienes que reservar un tiempo sólo para Él».

 

¿Has leído la Biblia hoy? Si no, tal vez es hora de que dejes de hacer algunas cosas que no van a importar en la eternidad, y te ocupes de lo que en realidad importa: tu relación con Dios.

¿Por qué a mí?

Estaba en mi cubículo cuando se me acercó una persona y me pidió un favor. «¿Puedes ir a aspirar el Estudio F?». Le dije que sí, claro que sí, pero en mi mente pensé: «¿Porqué me está pidiendo esto a mí? Para eso están los estudiantes. ¡Yo soy asistente graduado!».

 

Esa misma mañana había escuchado una predicación por John Piper acerca de estimar a los demás como mejores a uno mismo. Inclusive Piper se puso como ejemplo y dijo que aunque él es el pastor principal de la Iglesia Bethlehem, inclusive él debe estimar a todos los demás como mejores que él.

 

Qué fácil es creerse mucho. Que fácil es pensar que al igual que la Tierra en tiempos antiguos, todo gira a nuestro alrededor. Nuestros títulos nos vuelven arrogantes y presumidos, en lugar de mejores siervos de los demás. En lugar de amar al prójimo, exigimos que el prójimo nos ame a nosotros.

 

El Señor Jesucristo fue el máximo ejemplo de servidumbre, quien siendo el gran Maestro le lavó los pies a sus discípulos, y siendo el Dios y Creador del universo, murió de forma brutal y dolorosa por nuestros pecados.

 

Confesé mi pecado ante Dios y aspiré ese piso lo mejor que pude.

Atrapado

Hoy me quedé atrapado afuera de mi cuarto. Sí, afuera. Lo que pasa es que al regresar de la comida decidí tomarme una breve siesta para recargar baterías antes de irme a trabajar. Cuando me levanté, algo desorientado y con el cerebro mal funcionando, salí de mi cuarto sin las llaves, y cuando traté de entrar… nada.

 

Llamé a Seguridad, esperé afuera de mi cuarto, mirando mi reloj mientras el tiempo pasaba, repasando conjugaciones de griego en mi cabeza, hasta que por fin llegó el oficial y con su llave maestra me dejó entrar de nuevo a mi querido cuarto.

 

Rápidamente me lavé los dientes, tomé mis llaves, y seguí con mi día.

Independencia

Frijoles, elote, carne, agua de jamaica… me encanta la independencia. Ayer, aunque lejos de México, pude celebrar la independencia junto con amigos y conocidos mexicanos. Me puse mi camisa de la Selección Tricolor, y en la noche dimos el grito y cantamos el «Cielito Lindo» y «México Lindo y Querido». Me la pasé bien, la verdad. ¡Viva México!

 

Me puse a pensar que aunque nací en un país libre físicamente, nací en esclavitud espiritualmente. Pero Cristo en su misericordia me salvó y rescató, algo que yo no merecía. Así que soy doblemente libre.

 

En otros asuntos, ya arreglé mi iPod. Usando mi inteligencia superior y habilidades sobrehumanas… y con mucha ayuda del internet (¡más tecnología!), logré regresar mi iPod a la normalidad. De buenas, porque por poco sufro un ataque de nervios.

 

Ya para terminar, hoy en la mañana leí la historia de Elías y los profetas de baal. Creo que la escena en donde Elías ora y baja fuego del cielo es una de las más dramáticas en toda la Biblia. Puedo ver al pueblo de Israel, con la mirada fija en ese profeta loco, quien se atrevió a desafiar a los profetas de baal (quienes miran de lejos, bañados en sangre y con la garganta atrofiada) y por culpa de quien no ha llovido, cuando entonces levanta los brazos, ruega a Dios por respuesta, e instantáneamente una bola de fuego baja del cielo y consume el holocausto ante la mirada atónita de la muchedumbre. Increíble escena.

De regreso

De regreso a la realidad: clases, trabajo, tarea. Pero el retiro este fin de semana fue buenísimo, pude escuchar predicaciones por varios profesores del seminario, a parte de comida buenísima y diversión en general. Fue como un descansito para seguir el trabajo duro.

 

Ahorita estoy muy frustrado porque algo le pasó a mi iPod y no quiere funcionar. No solamente tengo allí mi música, sino también mi calendario, notas, lista de qué hacer, Biblia, diccionario... grrr.

 

Espero que funcione, porque si no, no sé que voy a hacer.

 

Increíble como la tecnología nos puede dominar. Me recuerda a una tira cómica de Calvin y Hobbes, en donde Calvin le dice a Hobbes, su amigo imaginario/real, que algún día la tecnología va a ser tan superior a los humanos que nos va a dominar por completo. Hobbes le responde que ese es un pensamiento bastante atemorizante, y justo en ese momento Calvin mira su reloj y grita: "¡No puede ser! ¡Ya comenzó mi programa favorito!" Y sale de escena corriendo.

 

Salida a las montañas

El día de mañana salgo a un retiro en las montañas con mis compañeros del seminario y maestros. Serán dos días de predicación, oración y compañerismo, con el fin de unirnos como hermanos en la meta de conocer mejor a Dios, predicar su verdad, y darle toda la gloria.

 

Si me pueden apoyar en oración, lo agradecería mucho. Quiero que Dios use ese tiempo para crecer en santificación y amor por Él.

 

Dicen que las cabañas y el lugar donde nos vamos a quedar es increíble, y como nunca he ido, ya quiero salir para allá. Ya les tendré noticias de cómo fue todo.

 

Por ahora, tengo que regresar a estudiar griego. Mañana tengo una prueba de vocablos.

¡Maravilloso Amor!

En las noticias de hoy leí de un padre que murió al rescatar a su hijo. Este hombre, de 66 años, se lanzó a una fosa séptica para salvar a su hijo de 20 años, quien es minusválido. Este hombre era un devoto Católico, piloto militar y comercial, y entrenador de ligas menores de básquetbol. Este hombre es un héroe, y su familia dice que no les sorprende que el sr. Van Derwoude haya muerto en tal acto de heroísmo abnegado.

 

Aunque no hay analogía perfecta, no pude evitar pensar que este evento representa lo que Cristo hizo por nosotros al salvarnos. Nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, no teníamos ni la habilidad ni el deseo de salvarnos. Estábamos en lo más profundo de la fosa, ahogándonos en nuestros pecados, sin esperanza alguna.

 

Entonces Cristo se lanzó al agua, viniendo desde el cielo, dejando su gloria, dejando su trono, y nos sacó de las profundidades. Y en el proceso de salvarnos, Él murió. Dio su vida por nosotros.

 

El sr. Van Derwoude murió por su hijo, a quien amaba. Estuvo dispuesto a dar su vida por amor a él. Cristo, a diferencia, murió por personas rebeldes y malas. Y aún así estuvo dispuesto a morir por nosotros. No porque lo mereciéramos, sino porque Él nos amó.

 

Me encanta cómo lo dijo Charles Wesley en su himno: «Maravilloso es el gran amor que Cristo el Salvador derramó en mí. Siendo rebelde y pecador, yo de su muerte causa fui. ¡Grande, sublime, inmensurable amor! Por mí murió el Salvador. ¡Oh maravilla de su amor, por mí murió el Salvador».

 

Y Pablo lo dice también en uno de mis versículos favoritos: "Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5: 7-8, NVI). ¡Amén!

 

Libro a la Basura

Hoy tiré un libro a la basura. Y eso no pasa muy seguido. De hecho, pasa muy muy de vez en cuando. Hay varias razones por las cuales no me gusta tirar libros. Para empezar, me costó dinero, y siento que tirarlo es como tomar un billete de diez dólares y prenderle fuego. La otra es que me gusta ver mis libros en mi librero; aunque muchos de ellos no los he tocado en años, se siguen viendo bonitos allí. Desde el día que leí mi primera novela (La Isla del Tesoro cuando tenía ocho años) he estado coleccionando los libros que leo. En mi cuarto tengo un librero lleno más otros más en algunas cajas (no había donde ponerlos—por ahora), y en el cuarto de mi dormitorio tengo más en el librero y encima de la cama de mi compañero de cuarto. Me gustan los libros, sí. De hecho a veces siento que soy un comprador de libros obsesivo compulsivo, pero estoy trabajando en no sentir el deseo de comprar un libro cada que paso por un estante.

 

Pues bien, este libro en particular se merecía la basura sin duda alguna. Yo siempre he pensado que es bueno leer un poco de todo, siempre con cuidado y discernimiento. Así que me gusta mucho leer novelas por autores cristianos y seculares, además de revistas, artículos, blogs, y libros teológicos y de vida cristiana.

 

Me gusta leer novelas por autores seculares porque a veces las novelas cristianas están mal escritas, con diálogos absurdos, tramas patéticas y personajes de cartón. Siempre hay excepciones, como Dekker, Peretti, Jenkins y otros más. Aún así, hay autores que, aunque no son cristianos, tienen un talento impresionante para contar historias. El problema es que algunas veces se encuentra uno con material que es simplemente malo desde un punto de vista cristiano. Hablo de sexualidad, malas palabras, y todo tipo de perversidades que uno encuentra no solo en libros, sino en películas, anuncios, y casi en todo tipo de medio de comunicación. Algunas veces es poco el material desagradable, lo suficiente para saltarlo y disfrutar de la historia, pero en otras ocasiones es imposible.

 

Esta fue una de las ocasiones. El libro, una novela de misterio por un autor famoso, era demasiado gráfico y al parecer todos sus personajes estaban obsesionados por decir algún tipo de maldición cada que abrían la boca. Eso ni siquiera es normal.

 

Así que, frustrado y enojado, lance el libro al cesto.

 

Creo que como cristiano, el balance y discernimiento es clave. Hay libros buenos; hay malos; y hay otros que, como son basura, merecen quedarse allí.

¿Cristiano?

Leí una vez en el internet un comentario por una persona que decía algo como esto: «Sí, yo soy cristiano y qué, hago lo que quiero, no me importa lo que la gente piensa de mí, al menos no soy hipócrita, etc., etc.». El problema es que, a parte del tono grosero y rebelde, su comentario estaba infestado de maldiciones. Cuando leí eso me daban ganas de decirle a esa persona, «¡Ya deja de llamarte cristiano!».

 

Cuando una persona se identifica con un líder, es porque sigue a esa persona, ¿no? Los Marxistas siguen a Carl Marx, los Darwinistas a Charles Darwin, ¿y los cristianos? A Cristo. Si una persona no sigue a su líder, no se puede identificar con él. Sería tonto escuchar a alguien decir, "Yo soy Darwinista pero no creo en la Evolución". ¿Por qué? La Evolución, la supervivencia del más fuerte, etc., son las enseñanzas principales de Charles Darwin. (Yo soy creacionista, por cierto).

 

Me resulta muy extraño que hay muchos que se dicen "cristianos" que, a la mera hora, no creen las enseñanzas de Jesucristo. A lo menos, no en todas. ¿Amar al prójimo? Suena bonito, sí. ¿La regla de oro? ¡Me gusta! ¿Santidad? Ehh… ¿Dejarlo todo por seguirlo a Él? Hmm… no, eso ya como que suena muy fanático.

 

Así hay "cristianos" que no tienen nada de cristianos más que el nombre, porque no creen en su Deidad, su nacimiento virginal, la propiciación, y otras doctrinas básicas del cristianismo. Son gente que no viven una vida consagrada al Señor, van a la Iglesia cuando se les antoja, no les importa eso de "vivir en santidad". Una excusa popular es, «No quiero ser un fanático».

 

Un amigo me contó que cuando se convirtió en Cristiano su familia inconversa le dijo, «Mira, si esa religión te hace feliz, ¡bien por ti! Solamente no te hagas fanático». Pero lo que el mundo llama fanatismo es muchas veces mero cristianismo. El fanatismo cristiano no tiene nada que ver con el extremismo, más bien tiene todo que ver con el amor. Amor supremo por Dios. Amor supremo por el prójimo. Amor supremo por la Palabra.

 

Reconozco que no me gusta mucho el término «fanático», pero bien que lo usamos para otras cosas. «Soy fan de Star Wars». «Soy fan de los Tigres». Si un cristiano es fan de alguien, ¡es de Jesucristo, pues! Así que, ¿qué? ¿Somos Cristianos de a de veras, o solamente de dientes para fuera?

 

Para reflexionar: Si me digo Cristiano, ¿soy como Cristo? Cuando leo un mandato de Él, ¿lo sigo? ¿Me gusta leer Su Palabra? ¿Me levanto los domingos emocionado de poder adorarle junto con mis hermanos? ¿Estoy dispuesto a diezmar y ofrendar como la Palabra lo manda?

 

¿Soy Cristiano? ¿O solamente me digo Cristiano?

 

Momentos de Película

Hay momentos en la vida en las que uno se da cuenta de lo hermoso que es vivir. Hablo de experiencias emocionantes, difíciles, traumáticas, o una mezcla de todo, de las que nos gusta platicar después con los amigos. Me gusta referirme a estos momentos como «momentos de película» (la frase no la inventé yo, obviamente), gracias a cómo Hollywood nos ha presentado esas situaciones. Por ejemplo, la bomba que se desactiva cuando faltan 00:00:01, el héroe que desamarra a la hermosa muchacha antes de que el tren la divida en dos, el detective que descubre al asesino que nadie esperaba, el close up a la cara del sheriff y el bandido antes del duelo, o el típico beso á la Walt Disney al final de la película. Sí, momentos de película.

 

Bueno, hoy yo viví uno de esos. Lamentablemente son muy pocos los que pueden cumplir con el estándar tan alto que tiene Hollywood, y todavía más lamentablemente es que yo soy uno de ellos. ¡Vivo en una Universidad y estudio en un Seminario, después de todo!

 

Como quiera, esto fue lo que pasó. Entre a la clase de Griego y rápidamente me di cuenta de que todos tenían en la mente lo mismo que yo: el alfabeto griego. Hoy era la primera prueba de la clase, y simplemente teníamos que escribir el alfabeto entero… en menos de un minuto.

 

Me senté, algo confiado en las dos horas y media que había pasado estudiando ese alfabeto (fue más difícil de lo que pensé memorizármelo, debo decir), cuando el muchacho sentado junto a mí, originario de la India, me dijo: «No sé si puedo. Un  minuto es muy poco». «No te preocupes» le respondí mientras yo me empezaba a preocupar. En un minuto. Sesenta segundos. ¿Veinticinco letras entre sesenta? Casi dos segundos y medio por letra.

 

Entra el maestro. Reparte las hojas. Timbra la campana. Mira su reloj y nos dice: «¿Listos? Pongan su lápiz en una posición confortable. Y…. ¡ahora!».

 

Alfa, beta, gamma, delta, epsilon… ¿qué sigue? ¡rayos!... ah, zeta, eta, theta…

 

Mi lápiz se mueve casi a la misma velocidad que mi cerebro. Osea, no muy rápido, pero tampoco lento. Termino el alfabeto y parece quedarme tiempo, así que cuento las letras--

 

¿Veinticuatro? ¡No! ¡Me falta una! «Quedan cinco segundos» dice el maestro, su voz a penas y audible para no distraer a nadie.

 

Este es el momento de película.

 

Mi cerebro me dice algo que no me gusta: ni de chiste encuentras la letra que te falta en cinco segundos, en cuatro…

 

Comienzo a recitar el alfabeto lo más rápido que puedo, y entonces lo veo, o más bien, no la veo: me falta omicron. La letra más fácil de escribir, pues es una simple «o». En el pequeño espacio entre xi y pi escribo la «o», y justo cuando la punta de mi lapicero se desprende de la hoja, «¡Tiempo!».

 

Yo por poco levanto mis brazos y pido a todos tres hurras por Emanuel, quien otra vez ha salvado el día… bueno, solamente un punto en la prueba, pero hey, algo es algo.

 

Así que allí está, ese fue mi momento de película del día de hoy. ¿Decepcionado? Bueno, ni hablar. El día que me persigan los Nazis o que salve a una muchacha hermosa, prometo contarles.

 

Preguntas Difíciles

Admiro y respeto mucho a gente que tiene la capacidad de pararse en frente de un grupo de personas y dejar que le hagan preguntas difíciles. Hay otros que tienen la habilidad de usar la pluma para abordar temas difíciles y de debate. A lo largo de la historia de la Iglesia sabemos de grandes teólogos y apologistas que defendieron la fe a capa y espada (Agustín, Lutero, Lewis y muchos otros), respondiendo a los escépticos, silenciando a unos y convenciendo a otros.

 

La experiencia de ser cuestionado no es bonita muchas veces. Me ha pasado que alguien me hace una pregunta difícil que me toma, por así decirlo, desequilibrado. O nunca falta la persona «muy sabia» a la que le gusta cuestionar todo lo que uno dice por el simple hecho de tratar de hacernos dudar. Es fácil que una conversación se convierta en un debate, el cual se torna en una pelea. ¿A poco no te ha pasado?

 

Hoy leí I Reyes 10 y me llamó la atención cómo comienza el capítulo: "Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles". Lo primero que pensé al leer esto fue, ¡vaya señora! Viene desde quién sabe dónde, viajando por quién sabe cuánto tiempo, sola y específicamente para hacerle a Salomón «preguntas difíciles».

 

Obviamente que yo no me puedo comparar para nada con Salomón y su sabiduría, pero si hoy en la noche recibiera una llamada desde la India por una persona que va a viajar hasta mi casa para hacerme «preguntas difíciles», ¡me pondría algo nervioso! (Además pensaría que tal persona está completamente desquiciada al pensar que yo le puedo responder algo). «¿Qué clase de preguntas?» le preguntaría algo extrañado. «Pues, difíciles. Preguntas difíciles». «Ahh… sí… eh… ¡gracias!…».

 

En el versículo 3 dice que "…Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase". ¡Increíble! Absolutamente asombroso. De hecho, eso también lo pensó la reina, porque poco después le dice: «Lo oía pero no lo creía, y ahora lo veo pero no lo creo». Bueno, esa es mi paráfrasis.

 

La otra cosa interesante y esencial del relato es que la reina reconoce que el que últimamente merece la alabanza es el Señor, porque Él es quien le dio la sabiduría al rey y el derecho de gobernar el pueblo elegido. Ese debe ser siempre el resultado cuando la gente nos ve. Que nuestra vida siempre apunte hacia nuestro Dios grande y soberano.

 

Teología y Griego

Me senté en la cómoda silla a esperar a que llegara el profesor. El cuarto contaba con dos pantallas gigantes, el púlpito, y conexión eléctrica en cada silla para las computadoras personales. El edificio tiene además internet inalámbrico, una pequeña biblioteca y un museo de la historia del evangelismo en los EUA.

 

Pronto llegó el maestro: delgado, bajito, de cabello gris y lentes gruesos. «Bienvenidos a Teología Sistemática» dijo. ¡Mi primera clase en el Seminario! Así es, hoy oficialmente comencé las clases en el Seminario de la Universidad. La verdad es que ya quería desde hace mucho que este día llegara.

 

El profesor de TS no dio clase hoy, sino más bien una introducción al curso. Nos habló de cómo todos los cristianos deben ser teólogos ("formales" o "informales"), porque todo creyente debe estudiar quién es Dios a través de la Biblia. Nos dijo que aunque muchos creen que Teología Sistemática es una materia aburrida (¿quién puede creer algo así?), él haría lo posible por hacer la materia interesante y transformadora.

 

Al terminar la clase fui a la segunda: Griego Básico. Me senté en el pequeño cuarto junto con otra docena de muchachos y muchachas bastante amables y sonrientes (a pesar de que nadie pensaría encontrar sonrisas en una clase que enseña una lengua muerta), y el profesor, un joven que está haciendo su doctorado en Teología, nos explicó algunas ventajas de saber griego.

 

«Es un privilegio poder leer las Escrituras en el idioma en que fueron escritas» nos dijo. «No queremos conocimiento solamente con el fin de tenerlo, sino para compartir con otros la verdad bíblica».

 

Nos explicó que dentro de menos de un año estaremos traduciendo I Juan del griego al inglés. «Y para la próxima clase quiero que puedan escribir todo el alfabeto griego en menos de sesenta segundos» nos dijo justo antes de que sonara la campana. (Por cierto, la palabra alfabeto viene de las dos primeras letras griegas, Alfa y Beta).

 

El resto de mi día es para trabajar y estudiar. Mañana tengo Introducción al Nuevo Testamento y El Discipulado Cristiano. A ver qué tal me va.

 

Espero, a través de este blog, comunicar algunas de las cosas que aprenda. Prometo no aburrirlos (no adrede, al menos). Si hay algo que no quiero es que los creyentes crean que la teología es aburrida, cuando en realidad es todo lo contrario.

 

Meditando en Su Palabra

Todos tenemos métodos diferentes cuando se trata de nuestro devocional diario. Algunos lo hacen en las mañanas, otros en las noches. Algunos leen tres capítulos al día, otros leen una porción, otros se ponen un tiempo determinado y leen todo lo que puedan en esa cápsula de tiempo. Algunos escriben lo que aprendieron en una libreta, otros subrayan su Biblia, otros simplemente meditan en lo leído.

 

No creo que haya un método perfecto. Cada uno debe encontrar la mejor forma de leer y meditar en la Palabra. Aunque es bueno preguntarles a otros cómo le hacen (en especial cuando son personas con un testimonio bueno y con una pasión por Cristo), no debemos pensar que por seguir su método creceremos de la misma manera y a la misma velocidad.

 

Ya dicho esto, me gustaría decir cómo llegué a hacer mi devocional de la forma en que lo hago. No porque sea el mejor método, sino porque hasta ahora me ha funcionado, me gusta, y me ayuda en mi vida espiritual. Debo decir que puede ser que lo cambie en el futuro, pero hasta ahora me ha gustado mucho. Tal vez a alguien le interese, lo modifique un poco, y le saque provecho.

 

Hace un año emprendí una búsqueda del "mejor método". Estaba algo di satisfecho con mi forma de leer las Escrituras. Me puse a buscar en internet, leí un libro al respecto, pedí opiniones, busqué en biografías, y demás. Encontré cosas que me gustaron mucho y otras que no tanto. Después fui a la Biblia (eso debí haber hecho desde un principio, pero son un cabeza dura) y encontré un principio que revolucionó mi pensamiento: la Biblia debe ser meditada. Dios se lo mandó a Josué (Josué 1:8), y David lo dice también en diferentes Salmos. No se trata de cuánto leo, pues la Biblia nunca habla de la cantidad de capítulos necesarios para tener una vida espiritual exitosa.

 

Al final, después de tomar de aquí y de allá, llegué a lo siguiente. Primero que nada, antes de comenzar a leer, le pido a Dios que me limpie de mis pecados y que me abra el entendimiento para ver las maravillas de Su Ley (Salmo 119:18). Que me ayude a glorificarlo al leer su Palabra.

 

Aunque intenté lectura consecutiva, encontré algo difícil que para llegar al Nuevo Testamento tendría que pasar más de medio año. ¡Y con lo que me gusta el Nuevo Testamento!

 

Lo que hice fue imprimir una pequeña hojita con todos los capítulos de la Biblia, y así cada día leo un capítulo del Antiguo Testamento, y uno del Nuevo. Encontré este método fabuloso, porque es increíble leer las profecías y los cumplimientos, y poder ver cómo el Antiguo Testamento apunta hacia el Nuevo, y cómo los dos se complementan y tienen un mismo mensaje. De esa manera, ya estoy leyendo el Nuevo por segunda vez (ya voy en I Corintios de nuevo) y voy a más de la mitad del Antiguo.

 

Pero leer no es suficiente, lo importante es meditar, ¿verdad? Así que al terminar mi lectura, mi pregunta principal es: ¿qué aprendí de mi lectura? ¿Qué me enseñó Dios? ¿Qué mandamiento me dio, que promesa encontré, que aspecto de mi vida debo cambiar? Entonces tomo una pequeña tarjetita (compré todo un paquete en la papelería), y en ella apunto un versículo o un pensamiento en el cual quiero meditar a lo largo del día. Doblo a la mitad mi "tarjeta de meditación" y la guardo en mi bolsillo o cartera, y a lo largo del día, a diferentes horas, la saco, la leo, y medito en ella. De esa forma puedo saborear mi devocional todo el día y tengo la Palabra en mi mente (y en mi bolsillo) a todas horas.

 

Espero que esto te ayude algo. Lo importante es que medites en la Palabra de día y de noche. El método no es lo más importante, pero eso no significa que no tenga importancia. Pide ayuda a Dios, y sumérgete en su Palabra.