Verdadera Adoración

Me encanta sentarme a platicar con otros acerca de la Biblia. Me gusta hablar de verdades bíblicas y escuchar opiniones en asuntos que me intrigan. Disfruto escuchar qué opinan los demás de las doctrinas de la gracia, el cristianismo y la cultura, predicadores y predicaciones, conferencias y música.

 

He estado pensando un poco en esto de la música como una forma de adoración a Dios. La Universidad en la que estudio, por ser cristiana, tiene un tiempo cada día separado para cantar y escuchar un mensaje de la Biblia. Es difícil explicar lo increíble que es unir mi voz junto con otras cuatro mil personas, cantando a diferentes voces, con el propósito de adorar a Dios a través de nuestro canto. Los Domingos por la mañana voy a una Iglesia Hispana que amo mucho, en la cual uno mi voz a otros cincuenta hermanos. Por la noche voy a una Iglesia Americana en donde canto con más de seiscientas personas. ¡Qué oportunidad! Es una ambiente perfecto para adorar a Dios… ¿cierto?

 

Tengo que admitir que, muchas veces, después de haber cantado, me siento de nuevo en mi lugar sin haber adorado al Señor. Es tan fácil pensar que porque la letra que estoy cantando es rica en contenido y la música es excelente y revigorizante, ¡seguramente adoré a Dios!

 

Sin embargo, la Biblia dice que los verdaderos adoradores adoran en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24). No es suficiente que la letra sea bíblica. No es suficiente que la orquesta o el piano toquen magistralmente. No es suficiente que cante fuerte. No es suficiente.

 

No debemos resguardarnos detrás de la letra (aunque creo firmemente que debe ser buena y profunda), o pensar que el éxito de la alabanza depende de la habilidad de los músicos (aunque creo firmemente que la música debe de ser ejecutada lo mejor posible). Hay que recordar que, a fin de cuentas, depende de ti mismo si tú alabas a Dios. Que inclusive si se te salen media docena de gallos al cantar, o si la guitarrista toca otro acorde, o si el director se equivoca, la adoración depende de si lo haces en espíritu y en verdad. (Por cierto, para un estudio de este pasaje de Juan 4:23-24, recomiendo la Biblia de Estudio MacArthur, aunque estoy seguro que otros comentarios pueden ser de igual utilidad).

 

Así que la próxima vez que cantes, ya sea en tu Iglesia o en tu cuarto con tu guitarra, piensa bien que cada que abres tu boca y expresas tu alabanza en canto, debes de vocalizar una verdadera adoración a Dios. Y es allí cuando hallamos el deleite. Es cuando adoramos a Dios en verdad que podemos gozarnos en Él. Es allí cuando la letra cobra vida, la música exalta el espíritu, y nuestros deseos se centran en un Dios asombroso y soberano, quien mandó su propio Hijo a morir por alguien tan insignificante como yo. La verdadera adoración exalta y apunta a Dios, la verdadera adoración se trata de Dios y no de nosotros.

 

Que el Señor nos ayude a ser esos verdaderos adoradores que el Padre busca que le adoren.

 

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