Un Visitante Escucha el Evangelio

Un americano entró a la Iglesia ayer a la hora del mensaje y me preguntó si hablaba inglés. Le dije que sí. Entonces me pidió que lo siguiera al lobby de la Iglesia, y allí vi a Samuel (le cambié el nombre), de pié junto al florero.

 

Samuel nos visitaba por primera vez. Era un hombre bastante delgado. Traía puestos unos pantalones azules tan viejos que habían adquirido un tono casi morado, sujetados a duras penas por un cinto negro que hacía lo posible por mantener los pantalones en su cintura. Tenía una barba descuidada, y el bigote era ligeramente más largo de un lado que el otro. Sus ojos estaban tan rojos que me hizo parpadear dos o tres veces.

 

Mister David, el americano, me contó que esa mañana había compartido el Evangelio con Samuel afuera de su casa, sentados en el césped, pero quería que yo lo hiciera de una manera más clara ya que Samuel entendía el inglés pero no tan bien como el español. Así que Samuel y yo nos sentamos en un cuarto, y después de platicar un poco acerca de su vida, por media hora abrí la Biblia y le expuse el mensaje de salvación.

 

Samuel entendió muy bien su condición como pecador delante de un Dios Santo, y entendió la maravilla y el amor de Dios para con él. Entendió el llamado de Dios a arrepentirse para perdón de pecados. Cuando le expliqué que poner su fe en Jesucristo y hacerlo su único Señor y Salvador era una decisión que no debía tomar a la ligera, me pidió que le diera más tiempo para pensarlo. Le dije que por favor lo pensara bien, y oramos juntos, dándole gracias a Dios por Samuel y por la oportunidad de plantar la semilla en él.

 

Samuel es diabético, no tiene empleo, y necesita a Cristo. Oren por Samuel, para que regrese a la Iglesia, pero más importante, que llegue a los pies de Cristo.

 

 

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