¡Terminé!

Pues me gradué. Caminé por la plataforma con esa toga negra y con ese sombrero cuadrado, recibí la carpeta (sin diploma, por cierto; ese importante papelito me lo mandan por correo después), di un testimonio en frente de casi seis mil personas, me regresé a mi silla, y esperé a que el resto de mis compañeros hicieran la misma rutina.

 

Cuatro años de estudios. Muchas tareas. Muchos trabajos. Muchas horas de estudio. Muchos libros leídos, muchas libretas llenas. Mucho, mucho, mucho.

 

Gracias a Dios ahora puedo escribir las tres letras "Lic" antes de mi nombre. No es la gran cosa, la verdad. Es simplemente un título, y aunque me gusta y estoy orgulloso de él, no hay mejor título que el de "cristiano". Ese sí que vale la pena.

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