El Tiempo Vuela

Las vacaciones de Navidad se están acabando de una manera increíblemente rápida. Tan rápidamente como se acaban las palomitas en los primeros minutos de una película; tan rápidamente como unos hot-cakes por la mañana (especialmente cuando por algún motivo no hubo cena la noche anterior); tan rápido como una Coca Cola bien fría en un día caluroso. No quiero ni pensar que en tan solo unos días estaré de vuelta en el aeropuerto, y después de eso hacer horario, compra de libros exageradamente caros que nunca volveré a leer en mi vida, las comidas del comedor de la Universidad, el pequeño cuarto en el que duermo, las múltiples tareas, las horas que duran menos de sesenta minutos, los proyectos, el trabajo, el internado, las desmañanadas... ahhh sí. Muy pronto, muy pronto.

Pero hey, hay que verle el lado amable a todo (si no pregúntenle a Chespirito); me gradúo en Mayo, vuelvo a ver a los amigos de la Uni, disfruto de las obras teatrales auspiciadas por la Uni, al igual que algunos de los conciertos. Y eso sí, el clima de la ciudad de allá es mucho menos caluroso que el de aquí.

Al principio regresar era algo difícil, pero ya estoy más que acostumbrado. Creo que la clave para el éxito cuando emprendemos algo nuevo, y especialmente cuando no hay para dónde hacerse más que seguir adelante es este: las cosas son como son; todo pasa por una razón, hay un propósito para todo. Y claro, siempre tener en mente que, después de todo, así es la vida.

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